La alta eficiencia del modelo australiano
Con objetivos claros y una organización envidiable de toda la cadena cárnica, Australia abastece al consumo interno y a mercados externos de gran poder adquisitivo, generando riqueza para toda la comunidad.
Los grandes números de la ganadería australiana indican que tiene un rodeo nacional de 28 millones de cabezas, con 75.500 establecimientos dedicados a la actividad. Las vacas y las vaquillonas para cría suman 13 millones y se engorda a corral 1,1 millón de cabezas.
La producción de carne nacional es de 2,16 millones de toneladas por año, de las cuales se consume el 35% y se exporta el resto, principalmente hacia Japón y Corea (37%), y a Estados Unidos (23%).
¿Por qué se alcanzan niveles de producción total de carne no muy distintos de los de la Argentina con la mitad de los animales? Uno de los datos clave es el precio que reciben los ganaderos -1,7 u$s/kg vivo de novillo, 1,5 u$s/kg para la invernada y 800 dólares por una vaquillona preñada- que permite hacer las inversiones necesarias para alcanzar alta productividad. Pero eso no es todo.
Según cuenta Pedro Nazar, miembro del CREA Laprida, quien viajó recientemente a la zona ganadera de Australia "los australianos enfrentan dificultades climáticas para producir carne en zonas con pocas lluvias. Emplean vacas Aberdeen Angus de 600 kilos -cuya genética tuvo su base inicial en EE.UU.-, para producir novillos destinados principalmente a la exportación. También utilizan la raza Wagyu, de gran porte, para abastecer sobre todo al mercado japonés".
De su visita a varios establecimientos, Nazar observó que los rodeos reciben servicios muy cortos -45 a 60 días-, que dan un 93% de preñez promedio al tacto, y que los productores trabajan personalmente, con poca ayuda de empleados, debido al alto costo de los mismos.
Vale detenerse en un caso concreto. En la cabaña del matrimonio White, de 2500 hectáreas, que recibe 600 milímetros de lluvias anuales y está situada a 1300 metros sobre el nivel del mar. En esa región la producción de pasto es muy variable, con enero, junio, julio y agosto como meses críticos, sin crecimiento forrajero. En el establecimiento mantienen 180 vacas puras de pedigree y 450 vientres comerciales, a los que se les da servicio a los 15 meses, con 300 kilos. La inseminación artificial se emplea en el 70% de los animales; los toros cubren el resto.
"Producen 60-80 toros por año, para cruzar con Brahman en el Norte del territorio australiano. Las vacas comerciales generan novillos que se crían a campo y van a feed lot después del segundo invierno, de donde salen con 480-500 kilos. Todo el establecimiento es manejado por sus dueños, con un empleado que dedica sólo el 65% de su tiempo", apuntó el productor.
Nazar visitó también la cabaña de Hugh Munro, que tiene 6000 hectáreas, en las que llueve 700 milímetros por año, con las mismas limitaciones climáticas de la anterior. La carga general es de 2,5 hectáreas por vaca y la dotación incluye 700 vientres puros de pedigree de 600 kilos y 1000 vacas comerciales de 430-450 kilos, con servicio a los 15 meses, con 270-300 kilos.
Venden 200 toros por año para ser usados en el Norte, cruzados con Brahman.
El cabañero contó que está tratando de aumentar el tamaño de las vacas del rodeo general porque existe un premio del 15% por un ternero más grande. Las vaquillonas preñadas comerciales cotizan a 800 dólares y un animal para invernada de 300 kilos se vende a 1,5 dólares por kilo.
La raza Wagyu Se trata de una raza de gran porte que se utiliza principalmente para producir carne que se exportará a Japón. Inicialmente fue seleccionada para tracción, lo que le dio músculos delanteros más pesados que los de las razas británicas. Tiene poca grasa subcutánea, lo que da un buen rinde, y lípidos más digestibles por el hombre.
Los novillos de esta raza ingresan al corral con 450-500 kilos y engordan hasta los 800 kg durante 300 días. Dan carne con gran marmoreado. La alimentación está basada en cebada, avena y paja, lo que torna más importante el tiempo que el aumento diario para la obtención de resultados.
Pedro Nazar no cree que esta raza tenga un lugar inmediato en la Argentina, en función de que no exportamos a los países que demandan cortes muy grandes y con mucha grasa, como Japón.
Por otra parte, la genética Wagyu es muy cara, aun la regular. Las madres tienen mala condición materna, producen poco calostro y poca leche y no cuidan mucho al ternero en condiciones extensivas.
Recientemente se desarrollaron algunos emprendimientos con la raza en Europa -un nuevo demandante de este producto- que tiene la ventaja de una ganadería intensiva y estabulada. Chile también está probando este sistema productivo previendo la próxima apertura del mercado japonés.
El consenso como táctica La muy buena performance de la ganadería australiana sólo es fruto de mucho trabajo y consenso. "Los distintos actores tienen organizada una cadena de producción de carne de calidad, sana y nutritiva, con una serie de controles en cada eslabón", afirma Pedro Nazar.
Además, las organizaciones representativas del sector integran los directorios de todas las entidades relacionadas con la producción (investigación, comercialización, sanidad, políticas).
"Son un modelo para nuestro país. Por ejemplo, en la Argentina se podrían aumentar las exportaciones a partir del animal liviano que ya tenemos, pero viendo qué otros conviene producir", dijo Nazar.
"Tenemos que aprovechar nuestras fortalezas -alimentación a campo, fertilidad, facilidad de parto...- pero agregando mansedumbre, trazabilidad, marmoreo y buenas prácticas", añadió.
Perspectiva internacional Durante su viaje, Nazar asistió a la Conferencia Mundial de la Carne de la Oficina Permanente Internacional de la Carne. Allí, el consultor Roberto Vázquez Platero, quien estimó que para 2010 debería estar eliminada la aftosa de América del Sur, aseguró que el grado de acceso a los mercados define el precio interno de la carne. Por su parte, el consultor Phillip Seng estimó que en 2015 la exportación de carne será un 25% superior a la actual y aconsejó a los ganaderos trabajar juntos para contratar científicos que desarrollen la industria cárnica. fuente: Campo, La Nación
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