Una nueva era para la carne
La intensificación de los sistemas ganaderos argentinos es un fenómeno que llegó para quedarse. Y esto, sin dudas, es un muy buen dato para las empresas productoras de aditivos y alimentos balanceados para animales.
"Está creciendo cada vez más y existe una avalancha de requerimientos técnicos y empresarios", comentó Fernando Eluchans, presidente de Vetifarma y de la Cámara Argentina de Empresas de Nutrición Animal (Caena).
"Si bien la Argentina no tiene tradición en intensificación, hay profesionales de excelente nivel y elevada responsabilidad en la producción", añadió Eluchans en el reciente I Congreso Argentino de Nutrición Animal, realizado en Buenos Aires por Caena, que reúne a unos 110 asociados.
En el panel sobre vinculación entre biocombustibles e intensificación ganadera, el editor de Clarín Rural Héctor Huergo sostuvo que "en 2007/08, EE.UU. destinará 80 millones de toneladas de maíz al etanol y, en 2008/09, 100 millones de toneladas, para alcanzar los 115 millones de toneladas; según su programa oficial".
"El volumen, de 40 millones de toneladas base seca de DDGS (Dried Distillers Grains with Solids), supera toda la producción de harina de soja de la Argentina", añadió. Huergo agregó que, ante el aumento generalizado de los precios de los granos, no son una solución los "esquemas más baratos, como los pastoriles", sino más eficientes. "Señores: en la Argentina se acabó el pasto, porque en una hectárea de pasto, una ganadería que antes producía 300 kilos de carne por hectárea en un gramonal de la región Oeste, ahora produce 100 qq/ha de maíz gracias a la biotecnología y la siembra directa, los novillos se encierran en un feedlot, se les ofrece grano y producen unos 2.000 kilos de carne por hectárea", aseguró.
"Estamos ante una alternativa de agregación de valor que compite con el uso tradicional de los granos forrajeros; esto es inexorable, llegó para quedarse", afirmó.
En la Argentina, los WDGS (Wet Dried Distillers Grains) a gran escala son sólo cuestión de tiempo. Adecoagro tiene un proyecto integrado para 500.000 toneladas anuales de maíz para elaborar 200 millones de litros de etanol y subproductos, suficientes para 40.000 vacas estabuladas. Planea producir y exportar casi 50.000 toneladas de leche en polvo y quesos, además de procesar un millón de toneladas de estiércol para producir 37 millones de metros cúbicos de biogás y autoabastecerse de energía.
Hoy, Adecoagro tiene unas 4.500 vacas lecheras en 7 tambos pastoriles. "Pero no podemos replicar lo que hacemos hoy en lechería en un escala mayor; debe ser un esquema industrial replicable a gran escala. La clave del modelo integrado es la eficiencia del tambo estabulado", dijo Alejandro López Moriena, gerente de Producción de Adecoagro.
A fin de año, en el sur de Santa Fe, habrá un módulo de prueba para 3.000 vacas en ordeñe. "Construimos una unidad en pequeña escala para evaluar todos los detalles operativos; una vez que tengamos todo aceitado, recién podrá replicarse a gran escala", apuntó López Moriena. "Olvidemos barreras, trabajemos desde la potencialidad del suelo; no sólo nuestro modelo integrado necesita un tambo estandarizado, sino la Argentina", explicó.
Para Marcelo Schang, decano de Ciencias Agrarias de la UCA, los nuevos productos en camino plantean desafíos irresueltos. "Por ejemplo -indicó- los subproductos del etanol (como los DDGS) son muy diferentes a los del maíz: su concentración de proteína y de fibra es mayor". Un negocio que atrae
El avance de la intensificación está generando, además, el ingreso de nuevos jugadores de peso al negocio de la nutrición animal. Un ejemplo de ello es la línea Mixing, una división de Biogénesis Bagó -dedicada a la venta de aditivos a empresas elaboradoras de productos de nutrición animal-, que tiene apenas 6 meses en el mercado.
"La tendencia clara es una mayor intensificación", apuntó Hernán Pérez Monti, jefe de Producto del área de Biogénesis Bagó.
El crecimiento del sector también se observa en otros productos con algunos años ya en el mercado. Tal es el caso del Ruter, un alimento balanceado desarrollado por la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), que permite a los terneros prescindir de la leche materna a los 35 días de vida (mientras que los sistemas tradicionales de cría demandan 120 días de lactancia materna).
Cuando arrancó, por el 2002, el Ruter logró captar el 8% de los terneros nacidos en sistemas lecheros. Este año, según José Ronchetti, jefe comercial de la División de Nutrición Animal de ACA, proyectan alcanzar el 30% de los terneros nacidos en tambos. En la cría, la expectativa es cerrar el presente año con un 4% de los terneros nacidos.
Y, en una Argentina de empresas baratas en dólares que pasan fácilmente a manos internacionales, la firma de capitales nacionales Ensol es un caso atípico: este año adquirió por unos 10 millones de pesos la división local de premezclas para nutrición animal de BASF. Compraron la planta de la compañía alemana localizada en Tortuguitas, que dispone de un sistema de punta de trazabilidad y seguridad.
"Competimos con cuatro grupos internacionales y nuestra oferta en dinero no fue la más alta, pero BASF nos eligió por el crecimiento potencial de nuestro modelo de negocio", indicó Cristian Lago, gerente comercial de Ensol.
"Agregamos valor a nuestros clientes al brindar seguridad alimentaria a costos competitivos, y este es un aspecto clave en un país exportador de carnes", explicó Lago.
Fuente :Clarin
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