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   Los tambos van camino a convertirse en fábricas de leche

Es posible que sólo con tipiar su nombre alcance para la presentación. Es que hace más de 30 años que cualquier tambero de la región asocia a Ángel Barrenechea con la lechería.

Más aún cuando esa relación se construyó desde el Inta Villa María, donde trabajó 26 años, además de coordinar el proyecto lechero del Instituto a nivel provincial.

Quizá sea por eso que hoy, devenido en consultor privado, Barrenechea sigue siendo una de las voces más escuchadas en el sector. "No he tenido tiempo de extrañar al Inta", asegura el especialista, que reparte su tiempo entre la oficina, el tambo familiar en Villa Nueva y la cátedra de Producción Lechera en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional de Villa María.

Desde esos espacios "predica" sobre las variables que podría ofrecer a futuro el proceso de intensificación productiva que experimenta la lechería argentina, fenómeno que fue un denominador común en las Jornadas Lecheras Nacionales que se realizaron días atrás, organizadas por el Inta Villa María y Sema Editora.

Modelo propio. Frente al contrapunto de profundizar el sistema pastoril o abrazar el modelo estadounidense de sistema estabulado, Barrenechea parece enarbolar la bandera de una posición intermedia que decanta en una especie de modelo confinado adaptable a las condiciones locales.

Incluso, va más allá al asegurar que el punto de partida está en la escala de cada establecimiento. "Hay que tener en claro qué tipo de empresa uno tiene al frente para definir el modelo de intensificación productiva", afirmó en diálogo con La Voz del Campo.

–¿Cómo llega el sector al proceso de intensificación?

–Estamos hablando de la consecuencia de varios factores: uno es la alta demanda por un bien cada vez más escaso, que es la tierra. Eso obliga a que los sistemas tengan que ser más intensivos en el uso de la tierra. Esto viene de la mano de la presión agrícola y es a su vez consecuencia de un proceso de cambio tecnológico que fue muy acelerado. Entonces, quienes están en ganadería, si no mejoran o incrementan la productividad, quedan afuera del negocio.

–¿Cómo impacta este fenómeno en el modelo pastoril?

–Todo esto se da en un contexto complicado, porque la intensificación se produce en nuestros sistemas tradicionales pastoriles, pero llega un momento en que este modelo no alcanza. El productor empieza a confinar distintos tipo de rodeo, por ejemplo, vacas secas o el primer tercio de vacas en lactancia. En la práctica, muchos tambos confinan la recría (la ternera que sale de la guachera está en corrales hasta entrar en producción). Eso hace que estemos frente a un nuevo escenario.

–También los precios presionan.

–En efecto, si a esto le sumamos lo que pasó en el mundo con el precio de los derivados de la leche, le estamos poniendo el condimento para que esta intensificación derive en el confinamiento. Ya hay empresas lecheras que están encarando proyectos de modelos estabulados típicos de Estados Unidos. Es el caso de Adecoagro en Venado Tuerto o Enrique Piatti en su tambo de Sacanta, bajo techo y con establos cerrados, como un free stall clásico.

–¿Ese es el modelo al que debería ir la lechería nacional?

–Hay que tener en claro qué tipo de empresa uno tiene al frente. Una cosa son las empresas familiares agropecuarias, que dominan en el sector, y otra las empresas de capital. Los objetivos y la forma de medir los resultados son diferentes. Una empresa de capital evalúa el resultado de su negocio o proyecto de inversión según el porcentaje de rentabilidad (ingresos netos dividido el capital total operado). Para un productor familiar, el índice es el ingreso neto, es decir, la plata que necesita para vivir, mantenerse en el sector y crecer.

–Son escalas diferentes.

–Claro. Ha ocurrido en la Argentina que hubo productores que quisieron seguir el paso de las empresas de capital y después quedaron en el camino. Entonces, el porcentaje de rentabilidad de una empresa no tiene que ver con un emprendimiento familiar. Un ejemplo: cuando nació Cambio Rural en el Inta, el 60 por ciento de los productores estaba en crisis y la rentabilidad de las empresas era alta.

–Entonces, ¿qué modelo conviene?

–Todos los sistemas son posibles, el tema es evaluar qué pasará con el precio de la leche. Si hoy es un buen negocio en Estados Unidos, para nosotros debería ser mucho mejor; pero está la intervención del Gobierno nacional.

–¿Pero qué estrategias deberían tener en cuenta los productores?

–La intensificación tiene varias vías. Un buen dato para partir es definir si la vaca sigue yendo al alimento o si el alimento va a la vaca. En el sistema pastoril, con buen manejo, se obtienen 7.000 kilos por hectárea por año de materia seca para forraje. A grosso modo, eso equivale a 7.000 litros de leche por hectárea. Pero podemos pasar a 10 mil kilos y hasta duplicar y llegar a 15 mil kilos con riego y si las vacas están confinadas.

–¿Qué modelo de confinamiento?

–Tenemos, por ejemplo, la posibilidad de montar ensenadas rotativas para llevar el alimento al animal. Son corrales abiertos en el mismo lote de producción que van rotando para evitar sobrecarga en el potrero. Este es un camino intermedio para el productor. Hay que ser cauto con el riesgo y la inversión.

Coyuntura
–Da la impresión de que la coyuntura de precios internos choca con la intensificación.

–Si las distorsiones que tenemos a nivel oficial no existieran, eso no ocurriría. Hace tres años que la demanda mundial supera a la oferta. Fonterra lo había advertido en 2001. Si no hubiera trabas a la exportación estaríamos hablando de un crecimiento productivo de siete a 10 por ciento. De todos modos, creo que a corto y mediano plazo, un crecimiento sostenido no molesta al mercado mundial, porque nuestra producción es chica y apenas exportamos entre 20 y 30 por ciento (excedentes).

–Explíqueme por qué el techo de precios estaría determinado por el costo de producción en Estados Unidos.

–El potencial de crecimiento de Estados Unidos es muy grande. Si los precios suben a punto tal que coloquen al valor de la leche por encima de los costos marginales en ese país, la producción crecería mucho y deprimiría los precios hasta encontrar un nuevo equilibrio en torno a los costos de producción en Estados Unidos. Entonces, en lugar de ver los costos de producción de sistemas pastoriles, tenemos que ver hasta dónde podemos ser competitivos.

–Hace poco encabezó un viaje de productores a California y Wisconsin. ¿Qué números se manejan allá?

–El productor está cobrando la leche alrededor de 42 centavos de dólar o más por litro. Estaban eufóricos, porque los costos rondan los 30 centavos de dólar.

–¿Qué aprendieron?

–En resumen, que hay que tener precaución cuando uno intensifica y profundiza el confinamiento, también el manejo de efluentes cuando aumenta la carga y la alimentación. Es interesante ver cómo es la organización interna en los tambos estadounidenses y la manera en la que participan en el negocio.
Fuente:  La Voz del Interior - Córdoba
 

 
"Los tambos van camino a convertirse en fábricas de leche"

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