Estiman que la sequía mató más de medio millón de ovejas en Río Negro
La sequía de este año golpeó duramente a la provincia de Río Negro, la tercera productora de ovinos del país. Los fríos extremos del invierno, que congelaron los espejos de agua, y la falta de lluvias, sumados ahora al calor y los fuertes vientos que no permiten recuperar las pasturas, cambiaron el estado de situación de la provincia de “emergencia” a “desastre” agropecuario, con pérdidas que por el momento se estiman en $120 millones.
Si bien la sequía en la zona es cíclica, viejos productores sostienen que la magnitud de la actual no se veía desde hace unos 50 años.
Hasta ahora, los relevamientos sostienen que se perdió en promedio un 30% del stock ovino de la provincia, que se estimaba en 1,8 millón de cabezas; esto es, más de medio millón de animales, según un informe de la Unidad Ejecutora Provincial (UEP) Río Negro de la Ley Ovina, sobre datos de animales esquilados este año en comparación con los tres previos. Las zonas más afectadas son las de la meseta rionegrina, del centro al este provincial, sobre todo los departamentos de Adolfo Alsina, General Conesa, Pichi Mahuida, Avellaneda, General Roca, El Cuy, Valcheta, San Antonio Oeste, 9 de Julio, 25 de Mayo, Ñorquinco y Pilcaniyeu.
Las cosas son peores aún, porque no hay corderos para reponer: además del escaso número de nacimientos, la pocas ovejas que parieron no produjeron leche por su escasa alimentación, en un lugar donde los animales se crían básicamente a pasto natural, según le explicó a El Cronista Daniel Lavayén, secretario de Producción de la provincia, que ayer se reunió junto a una comitiva con el secretario de Agricultura de la Nación, Javier de Urquiza, por este tema.
Para Edgardo Tejeda, coordinador de la UEP Río Negro, en total “se perdieron unos 600.000 corderitos, y hay que ver si la cifra no sigue creciendo en los nuevos relevamientos”. Esto estira el problema, claramente, desde la coyuntura hasta el mediano y largo plazo.
Los más pobres, peor
El 83% de las 2.391 explotaciones ovinas de la provincias son minifundios (con menos de 1.000 animales), que crían las ovejas para lana y utilizan la carne de los animales viejos para autosubsistencia. Apenas 369 establecimientos se consideran medianos, con entre 1.001 y 6.000 cabezas, y sólo 14 superan esa cifra de animales.
Para variar, los más chicos, que son también los más pobres, son los que la están pasando peor, ya que tienen menos tecnología, capacidad de previsión y posibilidades de invertir en forraje para paliar la escasez de pasturas. “Otro problema es que el promedio de edad de esos productores es muy alto, ya que los jóvenes, durante la crisis de la lana de los ’90, emigraron hacia las ciudades buscando trabajo”, dijo Lavayén, con lo que la catástrofe pega más fuerte y deja menos posibilidades de cambios. Hoy, agregó, la prioridad es acercarle alimentos a esa gente.
Para colmo, “los buenos precios de la lana de los últimos años (u$s 4 el kilo, contra u$s 1 de la década pasada) y el buen clima hicieron que los productores más chicos recargaran los campos con animales. Muchos retuvieron animales con 8 dientes, que son los que hay que liquidar porque son los primeros que mueren”, señaló Tejeda. La ecuación menos pasto y más animales fue fatal: según el informe, las pérdidas en algunos campos más abarrotados alcanzaron el 80% del stock, mientras que en los mejor manejados rondaron el 20%.
Además, por la debilidad, los animales dieron este año de 0,60 a 1 kilo de lana menos, es decir, 20% a 25% menos que lo que dan en buenas condiciones.
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