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   El Verdadero Temor a la Biotecnología

17/12/2007

Solo en el 2006 se sembraron en 23 países más de 100 millones de hectáreas con cultivos transgénicos, es evidente su aceptación mundial, incluso en los exigentes consumidores del viejo continente.

 

Los alimentos hechos a base de cultivos genéticamente modificados que están disponibles en la actualidad, (principalmente maíz, soya y colza) han sido juzgados seguros para la alimentación, y los métodos utilizados para examinarlos han sido considerados apropiados. Estas conclusiones representan el consenso de las pruebas científicas examinadas por el International Council of Scientific Unions, ICSU (Consejo Internacional de la Ciencia) y concuerdan con las opiniones de la Organización Mundial de la Salud.

 

En Venezuela tenemos una situación muy particular, por un decreto emitido durante la cuarta república, existe una prohibición transitoria al empleo de esta tecnología hasta que se cuente con una ley nacional sobre Bioseguridad. Esta prohibición temporal, se ha convertido en permanente en la quinta república, la providencia ya tiene más de nueve años y mientras que a los productores criollos se les prohíbe el acceso a esta tecnología, constantemente siguen entrando al país barcos con soya boliviana, donde más del 80% es transgénica, maíz amarillo argentino y norteamericano transgénico, pollo brasileño producido con alimentos transgénicos, leche argentina producida por vacas suplementadas con productos transgénicos, etc. Hace falta de una vez por todas, definirse, dejar de darle largas al asunto y terminar de legislar equitativamente sobre Bioseguridad en Venezuela, si la biotecnología es “buena” tiene que serla para todos, para consumidores y productores. Y si es “mala” entonces que sea mala para todos y se siga prohibiendo la producción nacional pero también las importaciones de alimentos con orígenes transgénicos.

 

Para citar un ejemplo de las bondades de esta ciencia, existe la posibilidad mediante ingeniería genética de introducir el gen de resistencia a gusanos a cualquiera de las variedades o híbridos de maíz sembrados en nuestro país, tanto los de origen nacional como los importados. El resultado sería, los mismos maíces blancos o amarillos, con las mismas características agronómicas, pero inmunes al ataque de larvas de lepidópteros. Cualquier gusano que intente alimentarse de estos materiales mejorados sufrirá trastornos digestivos y dejará de comer. Ese gen de resistencia proviene de una bacteria muy común en la naturaleza, el “Basillus thuringiensis” que es el ingrediente activo de insecticidas los comerciales Dipel, Turilav, Turicide, etc. muy utilizados por los productores de tabaco, tomate, pimentón y demás hortalizas en Venezuela.

 

Los beneficios para los maiceros serían enormes, no solo por bajar los costos de producción, sino también por los significativos incrementos en rendimiento al permitir desarrollarse el cultivo sin un solo daño por plagas. Tan solo en maíz, cada año los agricultores venezolanos gastan más de 130.000.000.000 Bs para tratar de controlar plagas, y no siempre con buenos resultados. Se vierten en el ecosistema agrícola el equivalente a unos 2.450.000 litros de pesticidas que terminan matando por igual a plagas y fauna benéfica, creando grandes desequilibrios ecológicos. Las caídas de producción atribuibles a controles deficientes promedian más de 20% todos los años. Como resultado lógico, incrementar los rendimientos nacionales del maíz se hace cada vez más cuesta arriba gracias a nuestro atraso tecnológico.

 

Como es posible entonces que las autoridades venezolanas siga manteniendo en el congelador la Ley sobre Bioseguridad, en contra de la tendencia mundial y en contra de los beneficios probados tanto para productores como para consumidores. La explicación parece hilarante, al parecer este gobierno socialista teme por la dependencia tecnológica… Sí la dependencia tecnológica, en honor a la verdad más del 80% de la semilla modificada genéticamente es comercializada por grandes empresas transnacionales como Monsanto, Pioneer, Syngenta, etc. Pero lo que no ha considerado este gobierno es que muchos institutos estatales han realizado suficiente investigación como para generar sus propios materiales, así tenemos al EMBRAPA en Brasil, al INTA en Argentina y al CIGB en Cuba. Porque los venezolanos no pueden hacer lo mismo y avanzar en la ingeniería genética.  

 

Los planificadores gubernamentales deberían saber que los cubanos, desde el 2005 disponen de arroz, batatas, maíz y tomates transgénicos en fase de estudio que pueden llegar muy pronto al mercado y cuyas licencias supuestamente serían regaladas en países pobres para combatir el hambre. Carlos Borroto, vicedirector del Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de Cuba dijo "Espero, sueño, que en el correr de los próximos años nuestros transgénicos cumplan con todos los requisitos (de bioseguridad) y puedan ser comercializados" Entre los transgénicos cubanos más avanzados habría variedades de maíz y boniatos (batata) resistentes a los insectos; arroz inmune a los hongos, y tomates que no les afectan los virus, explicó el científico durante un Congreso Internacional de Biotecnología realizado en febrero del 2006 en La Habana. En los laboratorios cubanos crecen también papas, plátanos, papayas y hasta piñas genéticamente modificadas. Borroto, dijo que todos los transgénicos cubanos están en fase de estudio de campo y aunque ninguno salió todavía al mercado. "La filosofía en general del país es poder compartir estos resultados. Las plantas transgénicas que estamos procesando son, principalmente, para darlas gratuitamente a los agricultores", añadió.

 

Los planificadores gubernamentales deberían preguntarse si tantas aplicaciones de pesticidas al ambiente es preferible que permitir utilizar cultivos resistentes a plagas. Los planificadores gubernamentales deberían de una vez por todas autorizar utilizar esta herramienta a fin de bajar los costos de producción ya que siguen tercamente empeñados en mantener congelado el precio de las cosechas. Este gobierno socialista debería reflexionar que una medida de esta beneficiaría más al pequeño productor que a nadie. Ninguna tecnología es tan accesible, tan popular, tan socialista como la Biotecnología, no todos los agricultores pueden costearse una sembradora neumática de precisión o un equipo de nivelación a láser, pero todos, hasta el más pequeño conuquero, puede comprar una semilla mejorada genéticamente y cultivar, por ejemplo, un maíz inmune a plagas. En definitiva, deberían reflexionar que cada semillita de maíz mejorado genéticamente podría llevar una esperanza de progreso para todos los venezolanos.

 

 

Ing. Agro. Ramón Elías Bolotin

Presidente de PAI

 

 
"El Verdadero Temor a la Biotecnología"

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