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   Un proteinograma puede diagnosticar la Peritonitis Infecciosa Felina

Una de las más interesante conferencias dictadas en el marco de las Jornadas Internacional de Medicina Felina organizadas por AAMeFe a fines del año pasado fue la que dictó el Dr. Richard Ford sobre Peritonitis Infecciosa Felina (PIF). En su charla, de alto nivel y un claro tono académico, el reconocido especialista brindó varios conceptos clave para el manejo de esta patología que tan comúnmente nos encontramos los veterinarios. Sin embargo, el concepto más interesante vino por el lado del diagnóstico, y fue un consejo bastante simple: según Ford, "con un proteinograma se puede diagnosticar la PIF".

Ford comenzó su exposición comentando que la PIF es una enfermedad que desde hace 25 años fascina a los veterinarios, por su complejidad en el diagnóstico y pronóstico. Al analizar su historia, vemos que la población más susceptible son los gatitos chicos, de dos meses a dos años de edad, pero también los gatos de  más de ocho años. "¿Es más común en el macho que en la hembra? Se ha dicho muchas veces, pero esta diferencia no es tan importante, no hay predisposición de género. Lo que sí quiero que entiendan es que hay una predisposición genética para el desarrollo de la PIF. En algunas razas, como Persas o Himalayos,  se observan más casos", aseguró Ford.

Luego, pasó a explicar cómo se origina la patología. Y en este punto comentó una novedad: la PIF no es contagiosa. "Hay dos tipos de coronavirus, el I y el II. El primero es benigno, pero el segundo, el que provoca la PIF, es muy virulento. Hay un sinnúmero de gatos infectados con coronavirus, se estima que son el 80%. Pero los que tienen el tipo I son portadores no enfermos, jamás presentan signos clínicos como diarrea o inflamación intestinal. Los portadores sanos eliminan el virus a través de las heces, otros se van contagiando. Por ejemplo, los infectólogos creen que el patrón de contagio de las hembras a sus crías es por el contacto feco-oral. A medida que se va dando el contagio, también se producen mutaciones en el virus. En algunos gatos con predisposición genética, el virus muta del tipo I al II, y es en estos casos cuando se desarrolla la PIF. Cuantas más veces se transmita el virus, más mutaciones habrá. A priori, es imposible saber qué gatos están predispuestos, y por eso puede pasar que, dentro de un mismo grupo de gatos, sólo algunos desarrollen la patología. Pero entre los que la sufren, la mortalidad es del 95%. Por eso afirmamos que la PIF no es contagiosa, y debido a esta situación es que no han funcionado hasta ahora las distintas vacunas contra PIF que fueron creadas a lo largo del tiempo", aseguró Ford.

Dentro de la presentación clínica de la PIF, el especialista señaló dos formas. La primera, más conocida, es la PIF con efusión, con derrame. Es la variante que más fácil se puede diagnosticar, porque aparece un fluido abdominal que tiene una consistencia viscosa y un color amarillento opaco, que se puede extraer y analizar. Por la naturaleza del virus, ese fluido tiene un altísimo contenido de proteínas, lo que a su vez provoca una vasculitis. Las proteínas son tantas que a simple vista en el líquido se pueden observar pequeños coágulos, como si fueran de sangre. Este cuadro alcanza para diagnosticar PIF. Si tuviéramos que hacer un frotis en un porta o una tinción, se verían pocos neutrófilos y macrófagos, porque el derrame abdominal es hipocelular. Según Ford, es definitorio de una inflamación piogranulomatosa, no de un pioabdomen. "Si ustedes pueden llegar a este nivel de detalle, no hay necesidad de pruebas de laboratorio para confirmar el diagnóstico. Por otra parte, el 15% de los gatos con la forma inflamatoria desarrollan un derrame pleural", comentó.

Sin embargo, el principal problema es la otra forma en la que se presenta la PIF, y que afecta a entre el 15% y 20% de los casos. Es la variante seca, sin derrame, también conocida como no inflamatoria. Es más complicada y difícil de identificar. "Creo que nosotros, si hemos tenido una animal con esta enfermedad, ni nos dimos cuenta, es muy difícil de confirmar. La diferencia entre la forma con o sin efusión es que la última es crónica y de lenta evolución.

Es una enfermedad granulomatosa caracterizada por la formación de granulomas sólidos, que es de difícil confirmación si no hacemos cirugía de abdomen. El diagnóstico se complica porque las manifestaciones en el animal pueden confundirse con una disfunción abdominal, puede aparecer algo en los ojos y en el sistema nervioso central. Los signos clínicos varían según el sitio donde está alojada la lesión. Si la PIF compromete el SNC, el pronóstico es el peor: se mueren", aseguró Ford.

La principal presentación clínica de la PIF con compromiso neurológico es la paresia posterior. La segunda, las convulsiones. La tercera, las manifestaciones oculares, son las de mejor pronóstico. Son gatos tratables con una exéresis del ojo. Los signos son uveítis y precipitado querático (característico de la infección activa). Cualquier gato con uveítis es un diferencial importante para considerar la PIF. A medida que va cediendo la uveítis, algunos gatos formarán un coágulo de fibrina en la cámara ocular anterior. Esto confirma presencia de uveítis, no de PIF, pero es muy característico del cambio ocular que se da con la PIF.

"Hemos tenido muchos gatitos infectados que no veían bien, porque tenían desprendimiento de retina. Es muy posible ver los vasos de la retina simplemente con una iluminación dirigida. Si vemos vasitos en la retina es porque se desprendió", señaló el especialista.

Otra posibilidad, inusual, es la invaginación intestinal. Ford contó que trató un gato de dos años, que llevado al quirófano mostró múltiples granulomas en la superficie abdominal. La histología confirmó el  diagnóstico. "La cirugía abdominal exploratoria, al ver las lesiones en el tejido, nos ayudó mucho, porque no había fluido", contó.

Las lesiones más fatales de la PIF son las de los tejidos, piogranulomas en riñón, bazo, intestino. "Son suficientes para el diagnóstico, pero no son la causa de la muerte. Lo que sí provoca la muerte son las pequeñitas lesiones de infarto que se ven, la vasculitis que impide la circulación. Es muy útil poder obtener una muestra de tejido de la cavidad abdominal: puede no haber granuloma, pero si la histología confirma vasculitis, estamos ante una PIF. El mejor tejido para muestrear es un ganglio mesentérico. Después, muestra de hígado, y por último de riñón", recomendó el estadounidense.

Luego, Ford criticó a los tests de diagnóstico: "Hay muchísimas pruebas que se venden en el mercado, incluso en Argentina. Pero no son buenas. Todo animal expuesto a un coronavirus dará positivo del biotipo 1, los tests sólo confirman eso. La Elisa no es válida, no se la reconoce como prueba de diagnóstico. También hay PCR para el antígeno del coronavirus, pero no diferencia biotipo 1 y 2 del coronavirus".

Y tras esta crítica, Ford soltó el concepto más interesante y práctico de toda su conferencia: "La prueba más importante para diagnosticar la PIF seca es lo más simple que se puede pedir: proteínas totales".

¿Por qué? "Simplemente determinando si el gato tiene nivel alto de proteínas totales nos alcanza para establecer el diagnóstico. Si tiene más de 7.8 gramos por decilitro, corre riesgo de PIF. Algunos podrán decir que la proteína puede estar alta por la infección o, por ejemplo, porque el gato está deshidratado. Para establecer esta diferencia hay que observar las proteínas constitutivas: albúmina, globulina".

Ford lo explicó con un ejemplo, de un gatito de dos años con 8,8 gramos de proteínas totales. "El valor normal es 6, y la distribución debería ser 3 gr. de albúmina y 3 gr. de globulina. Pero en este caso, había una enorme diferencia entre las proteínas. La globulina estaba muy alta, pero la albúmina estaba baja, por la vasculitis que estaba sufriendo el animal. Si hubiera estado deshidratado, ambas proteínas deberían haber estado altas por igual. Esta diferencia entre albúmina baja y globulina alta es muy sugestiva de PIF. Aparentemente, el 75% de los gatos con PIF seca muestra este patrón, y también el 50% de los que sufren la forma húmeda".

¿Pero qué hacemos con el 25% de gatos con PIF seca en los que no encontramos esa diferencia entre las proteínas totales? El diagnóstico se complica aún más. En este punto, Ford recomendó ingresar a la página www.vetmed.auburne.edu, al apartado del Molecular Diagnostic Laboratory. Allí, dijo, hay información sobre un método de diagnóstico disponible en EE.UU., una transmisión reversa de la prueba de reacción de la polimerasa. Analiza específicamente el virus que se replica dentro de los macrófagos, no el virus en la sangre. El diagnóstico apunta a los ARN mensajeros que replican coronavirus en el macrófago, esto define la PIF.

Cómo tratar la patología
Según Ford, si estamos convencidos de que el gato sufre de PIF, la opción número 1 es muy barata: administrar dosis antiinflamatorias de prednisolona. El objetivo del tratamiento es reducir la vasculitis, por eso los corticoides está recomendados. La dosis es 0,5 mg/kg., dos veces por día. Y si tenemos un compromiso ocular, cualquier corticoide tópico sería adecuado.

En tanto, la abdomino-centesis se puede utilizar durante varios meses para reducir el volumen de fluido. Esos gatos llegan a vivir dos años más, y se pueden manejar a largo plazo si el dueño está de acuerdo. La calidad de vida que se logra con el tratamiento de prednisolona y la abdomino-centesis es bastante buena.

¿Por qué fracasan las diferentes vacunas desarrolladas? Porque la PIF no es contagiosa, sino que se produce por la mutación del coronavirus en los gatos con predisposición genética.


CLAVES DE LA ENFERMEDAD

• Tanto el Coronavirus Felino tipo I como el tipo II pueden causar el síndrome clínico PIF.
• Algunas razas y líneas dentro de las razas están predispuestas a la PIF. Predominan los gatos Persas, Balineses, Birmanos e Himalayos.
• El riesgo de PIF es mayor entre gatos que viven en conjunto con otros.
• La ocurrencia es mayor en cachorros. Los signos clínicos, si es que se presentan, pueden llevar varios años en desarrollarse.

Fuente: AAMeFe.

 

 

 
"Un proteinograma puede diagnosticar la Peritonitis Infecciosa Felina"

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