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   Un código de barras para cada árbol

El Jardín Botánico de Nueva York es conocido principalmente por sus exposiciones de orquídeas y sus coloridas flores, pero sus científicos están a punto de lanzar un esfuerzo global para capturar el ADN de decenas de miles de árboles en todo el planeta.

El jardín del barrio neoyorquino del Bronx celebrará esta semana una reunión en la que participantes de varios países van a sentar las bases para el proyecto de dos años que aspira a catalogar parte de la vasta biodiversidad de la Tierra.

El proyecto es conocido como TreeBOL, o código de barra de los árboles, pues las siglas BOL identifican la ambición general llamada Código de Barras de la Vida.

Los participantes recolectarán material genético de árboles en todo el mundo, igualando con esto esfuerzos similares en otros ámbitos de la vida.

Así, FishBOL (www.fishbol.org) quiere catalogar todas las especies de peces del mundo, de las que lleva a la fecha cuatro mil 785; AllLeps (www.lepbarcoding.org) quiere hacer lo propio con los lepidópteros o mariposas (hasta el momento lleva 10 mil 354 especies).

ABBI (www.barcodingbirds.org) desea registrar todas las aves y lleva dos mil 310. Y PolarBOL (www.polarbarcoding.org) enlistará especies que viven en los polos, de las que lleva 701 catalogadas.

En cada caso, se usará como código de barras un segmento de ADN, de modo parecido a como se hace en tiendas para registrar el precio de un producto. Pero con plantas y animales, se usará la información de los cuatro bloques básicos de ADN para identificar la especie.

La base de datos resultante ayudará a identificar a muchas de las especies de plantas existentes en el mundo, dónde están ubicadas y si están en peligro de extinción. Los resultados son cruciales para la conservación y protección del ambiente a medida en que crece la población y aumenta el desarrollo, dice Damon Little, curador asistente de bioinformática en el Jardín Botánico y coordinador del proyecto.

“Si no sabes lo que estás destruyendo potencialmente, ¿cómo puedes saber si es importante o no?”, dijo. “Sabemos muy poco sobre la naturaleza, aunque hemos estado estudiándola durante centenares de años”.

El proyecto es enorme. Los árboles constituyen 25 por ciento de todas las plantas, y Little estima que puede haber hasta 100 mil especies. Los participantes provienen de países como Sudáfrica, India y, por supuesto, Estados Unidos.

Para que la base de datos sea útil, la misma sección de ADN debe ser usada en todas las muestras para que puedan hacerse comparaciones entre especies. Parte del trabajo de la reunión de esta semana es determinar qué sección es usada, además de asuntos logísticos entre las más de 40 organizaciones participantes.

El jardín recibió un fondo de casi 600 mil dólares para coordinar el proyecto. Aunque la base de datos necesita por lo menos dos años de trabajo, Little espera avances en algunas áreas específicas: la flora en el noreste de Estados Unidos, y partes de Malasia, India y Sudáfrica, además de árboles en peligro.

Aunque el jardín es una institución cultural de Nueva York, los investigadores dicen que los visitantes no deben dejarse engañar por las hermosas flores: aquí se practica ciencia seria.

“Creo que el visitante promedio viene y ve el conservatorio y el espectáculo de orquídeas y se va a casa pensando que es un lugar hermoso, pero no se da cuenta de que esto es hogar de uno de los programas de investigación más activos en ciencia de las plantas en todo el mundo”, dijo James Miller, deán del jardín y vicepresidente de ciencia.

El jardín fue iniciado con una misión científica, desde que su fundador Nathaniel Britton y su esposa Elizabeth se dedicaron a investigar el mundo de las plantas, dijo Miller. A ellos les interesaba investigar la botánica del Caribe, que sigue siendo un foco del jardín.

Estos días la investigación se ha ampliado. El jardín tiene proyectos en Sudamérica, está ayudando al gobierno de Micronesia en la preservación de su hábitat y tiene un programa naciente en el sudeste de Asia.

De vuelta a casa en el Bronx, laboratorios modernos permiten a los investigadores examinar el ADN de las plantas para averiguar cómo los genes influyen sobre el desarrollo de las plantas y para examinar la relación entre especies de plantas. El jardín también aloja a una colección de más de siete millones de especímenes de plantas secas, dijo Miller.

“Es parte de la mejor y más brillante ciencia botánica practicada en cualquier parte del mundo”, dijo Thomas Lovejoy, presidente del Centro H. John Heinz III para Ciencia, Economía y el Ambiente, con sede en Washington y parte de la junta directiva del jardín.

Cómo salvar a la rana dorada

Un hongo letal y la destrucción del hábitat por el hombre amenazan con borrar del mapa en pocos años a la famosa ranita dorada, icono panameño que pertenece a la familia Atelopus y es originaria de Sudamérica.

Para evitarlo, el biólogo panameño Edgardo Griffith y su esposa estadunidense Heidi Ross, junto con colegas y veterinarios de zoológicos de Estados Unidos buscan salvar al menos en cautiverio a la rana dorada y a decenas de otras especies.

Para ello crearon desde hace dos años un experimento inédito en América Latina: el Centro de Conservación de Anfibios de El Valle, dentro del zoológico El Níspero, ubicado en el Valle del Antón, unos 110 kilómetros al poniente de la capital.

El centro tiene hasta el momento alrededor de 500 anfibios de entre 45 y 50 especies, aunque el inquilino más atractivo es la rana dorada, de las que hay 35, entre hembras y machos.

Ya lograron dos eventos de reproducción de rana dorada, uno a comienzos de abril, por lo que el centro tiene entre sus inquilinos a un grupo de renacuajos.

Pero el hongo sigue avanzando. “Quizás la rana dorada sólo podrá permanecer en el planeta estando en cautiverio”, lamentó Griffin.
   
 
Fuente: Nueva York/Deepti Hajela/AP
Publicado el: Sábado, 03 de mayo de 2008

 
"Un código de barras para cada árbol"

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