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"El mismo enfoque preventivo que los clínicos veterinarios aplican a la salud animal debe de proporcionarse al bienestar animal"


José M. Peralta con el Premio de Bienestar Animal concedido por la WVA en el Congreso Mundial de la Veterinaria de Costa Rica.José M. Peralta con el Premio de Bienestar Animal concedido por la WVA en el Congreso Mundial de la Veterinaria de Costa Rica.

José M. Peralta es catedrático de Bienestar Animal y Ética Veterinaria en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Western University of Health Sciences (Estados Unidos). Tras licenciarse en Veterinaria por la Universidad de Zaragoza se trasladó a Estados Unidos para realizar estudios de posgrado en la Universidad de Cornell. Es miembro del Comité de Bienestar Animal de la Asociación de Veterinarios de California (CVMA), miembro fundador y Diplomado del Colegio Veterinario Americano de Bienestar Animal (ACAW) y Diplomado del Colegio Veterinario Europeo de Bienestar Animal (ECAWBM).

En 2015 recibió el Premio de Bienestar Animal otorgado por la Asociación Americana de Medicina Veterinaria (AVMA) por sus contribuciones a la educación de la profesión veterinaria en temas relacionados con el bienestar animal y la promoción del papel de los veterinarios en la mejora de la calidad de vida de los animales.

Ese premio ha sido corroborado recientemente con el Premio de Bienestar Animal (Global Animal Welfare) de la Asociación Mundial de Veterinarios (WVA) por su trabajo en la protección y la promoción del bienestar animal, entregado en el marco del Congreso Mundial de la Veterinaria de Costa Rica.

¿Qué ha implicado para usted que la WVA le otorgue este galardón?

El reconocimiento y la proyección internacional que estos galardones generan siempre ayudan a dar mayor presencia al área de bienestar animal y a extender nuestra labor de difusión del conocimiento en este campo. Eso da lugar a oportunidades para exponer y diseminar nuestro trabajo y últimamente da como resultado posibles mejoras en nuestras interacciones con los animales. Desde ese punto de vista siempre son agradecidos.

El trabajo clínico veterinario ha evolucionado, y sigue haciéndolo, desde un enfoque meramente curativo al preventivo. En este nuevo escenario ¿cuál es la importancia del bienestar animal?

El mismo enfoque preventivo que los clínicos veterinarios aplican a la salud animal debe de proporcionarse igualmente al bienestar animal. Se debe de enfatizar la promoción de interacciones y cuidados que fomenten que la calidad de vida de nuestros animales sea ideal, en vez de esperar a que primero surjan situaciones que comprometan el bienestar para entonces intentar poner remedio y reparar la situación. El viejo dicho de que “más vale prevenir que curar” tiene sentido que también sea aplicado al bienestar animal.

En realidad, la salud es un componente del bienestar y tiene un impacto muy directo en la calidad de vida de los animales. Obviamente, hay otras consideraciones que también influyen en el bienestar, como los aspectos emocionales y las necesidades de comportamiento, y en estos también es igualmente importante anticipar el impacto que nuestras interacciones tienen y ajustarlas para prevenir que los problemas surjan.

Los premiados en la edición de 2019 de los Global Animal Welfare Awards que organizan la WVA y Ceva posan con sus galardones.Los premiados en la edición de 2019 de los Global Animal Welfare Awards que organizan la WVA y Ceva posan con sus galardones.

Puede resultar complicado hacer entender al propietario que la obesidad o el hecho de que un animal de compañía pase mucho tiempo desatendido solo son, en cierto modo, formas de maltrato. En su opinión ¿cuál es el papel del veterinario ante estas situaciones, tanto para prevenirlas como una vez detectadas?

Por supuesto que puede ser complicado. A nadie le gusta admitir que su comportamiento, aunque involuntario, ha dado lugar a situaciones que crean condiciones que no son ideales para los animales que tanto quieren. El veterinario puede ser considerado una primera línea de defensa en la prevención de estos problemas y en el restablecimiento y mejora de estas condiciones. Para ello es necesario que este considere que su labor fundamental es mejorar la calidad de vida de los animales. Nadie duda que en ocasiones esto pueda generar una serie de dificultades para los clínicos veterinarios que sienten una lealtad doble. Por una parte, el veterinario se debe a sus clientes ya que en esencia trabaja para ellos. Simultáneamente, tiene una obligación igualmente relevante para con sus pacientes, quienes tienen que ser los que a final de cuentas salgan directamente beneficiados de la visita al veterinario.

En este sentido se compara con frecuencia la labor del veterinario con la del pediatra, que trabaja para los padres, pero siempre tiene el interés de los niños en mente. El veterinario debe de ofrecer su ayuda para mejorar la calidad de vida de los animales y debe de trabajar para que sus clientes se conciencien de la necesidad de implementar ciertas pautas que mejoren el bienestar de los animales, incluso en casos en que eso de lugar a conversaciones complicadas.

Desde su posición de docente ¿cuál es la actitud que observa en los estudiantes en lo relativo al bienestar animal?

Los estudiantes en general llegan a la facultad de Veterinaria bien concienciados en su labor para proteger el bienestar animal. Se puede decir que año tras año llegan en general con unas ideas más claras en este sentido.  Lo que lamentablemente pasa a veces es que ese interés se va diluyendo conforme avanzan en sus estudios. Las razones por las que pasa esto, como se suele decir, son multifactoriales. Es interesante que un motivo que continuamente se sugiere cuando se investiga esta evolución tenga que ver con sus interacciones con los profesionales en las clínicas. Conforme los estudiantes avanzan en sus estudios y comienzan su entrenamiento médico, trabajan con veterinarios, tanto en la facultad como en clínicas privadas, e irónicamente en muchos de estos casos son expuestos a decisiones que no necesariamente dan prioridad al bienestar animal. Es posible que el trabajo clínico rutinario haga que los veterinarios clínicos endurezcan sus perspectivas respecto a su papel en la mejora del bienestar animal.

Otra posibilidad es que a lo largo de los años los clínicos han sido expuestos a ciertas prácticas rutinarias de efecto negativo, pero que con el transcurso del tiempo se han convertido en normales en su mente y que ya no censuran. El caso es que su papel en la defensa y mejoría del bienestar animal no es tan claro. Al exponer a sus pupilos a estas prácticas, sin criticarlas y sin recomendar alternativas que sean más benignas, hacen que los estudiantes también las empiecen a considerar normales. De esta manera los alumnos se alejan poco a poco de la preocupación por el bienestar con la que empezaron la carrera.

Obviamente, si queremos que la profesión veterinaria sea considerada relevante en la discusión sobre el bienestar de los animales es necesario que reconozcamos la necesidad de cambiar nuestra actitud y que nos convirtamos de nuevo en los defensores de los animales que queríamos ser cuando empezamos nuestros estudios profesionales. Los jóvenes lo tienen quizá más fácil, pero los que llevamos años trabajando tenemos que modelar comportamientos que queremos que los que vienen detrás desarrollen, y eso es trabajo de todos. La presencia cada vez más frecuente de asignaturas de bienestar animal en los programas académicos y de educación continuada puede ayudar, pero para que el resultado sea efectivo y permanente un cambio en la mentalidad y posiciones que los profesionales veterinarios adoptan en cuestiones de bienestar animal es igualmente necesaria e imprescindible.


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