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Red de bancos preserva miles de semillas en la Argentina


Mantener colecciones de recursos genéticos de plantas es una medida estratégica para satisfacer necesidades actuales de la población y de las futuras generaciones, opina la ingeniera Andrea Clausen, coordinadora de Proyectos de Recursos Genéticos de ese Instituto.
En Svalbard, un archipiélago de islas de Noruega, existe una bóveda global de semillas de especies vegetales de todo el mundo. Unos de los objetivos de ese depósito construido bajo la tierra fue crear un sitio seguro para la diversidad genética de especies vegetales del planeta que se encuentran amenazadas por desastre naturales y actividades humanas de diverso tipo. En la Argentina, también existe una red de bancos que conserva material genético de especies vegetales.
“Con frecuencia, diversas especies vegetales corren riesgo de desaparecer en sus ambientes naturales como resultado del avance de la frontera agrícola y de obras de infraestructura, entre otros factores”, indicó a la Agencia CyTA la ingeniera agrónoma Andrea Clausen, coordinadora de Proyectos de Recursos Genéticos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA). Y agregó: “Este contexto nos obliga a emprender rápidamente expediciones de colecta de muestras genéticas de esas especies a fin de rescatarlos y contribuir de esta forma a su conservación en condiciones adecuadas”.
Según explica Clausen, las actividades de conservación de germoplasma (recursos genéticos) se llevan a cabo en el marco de la red de Bancos de Germoplasma del INTA. “En esta red, se ha implementado la conservación de aquellos recursos genéticos de importancia para el desarrollo de una agricultura y ganadería sostenible y competitiva así como para asegurar la continua disponibilidad de germoplasma para su uso”, señaló la especialista quien destaca que además de recursos genéticos vegetales, las actuales iniciativas del INTA también incluyen la conservación de recursos genéticos animales y microbiológicos.
En lo que se refiere a la conservación de recursos fitogenéticos (vegetales), el INTA cuenta con una red de Bancos Activos y un Banco Base, que se ocupa principalmente de la conservación de semillas a bajas temperaturas que es el método más difundido de conservación. “Sus objetivos son disponer de germoplasma para su uso en el mejoramiento genético, rescatar poblaciones o especies amenazadas en sus ambientes naturales, difundir la información generada resultante de la evaluación de los materiales conservados y distribuir el material a quienes lo solicitan”, puntualiza Clausen.
Algunas instituciones u organismos que solicitan ese tipo de material son investigadores de universidades nacionales, empresas privadas, organismos públicos de otros países, centros internacionales de investigación agrícola, para nombrar algunos ejemplos. Lo utilizan en algunos casos para investigaciones básicas o para su evaluación y/o utilizaciones en programas de mejoramiento genético.

Red de bancos
La red de Bancos de Germoplasma del INTA está integrada por nueve Bancos Activos y nueve colecciones activas, y un Banco Base con sede en el Instituto de Recursos Biológicos del INTA Castelar. Los bancos activos conservan el germoplasma en el corto y mediano plazo, mientras el Banco Base conserva a largo plazo. “En el Banco de Base, se mantienen duplicados de las colecciones de los Bancos Activos y material genético de orígenes diversos para almacenamiento y/o custodia. La función de este Banco Base, es conservar un duplicado de todas las Colecciones Activas para su conservación en el largo plazo y monitorear la viabilidad de las colecciones recibidas”, explica Clausen. Y agrega: “Cuando la viabilidad haya descendido a niveles inferiores al 85 por ciento, solicita al Banco Activo correspondiente la regeneración del material, con el fin de reemplazar la entrada con reducida viabilidad por una muestra regenerada con alto poder germinativo.”
Otras actividades que se realizan en la red de Bancos de Germoplasma del INTA incluyen la obtención de germoplasma mediante la organización de expediciones de colecta y/o la introducción o el intercambio de germoplasma con instituciones nacionales e internacionales u otros organismos.

Desde cereales hasta frutas
En dichos bancos se conservan cereales, oleaginosas, especies frutales, hortícolas, aromáticas y forrajeras, por ejemplo, trigo, maíz, cebada, avena, soja, batata, poroto caña de azúcar, especies frutales (cítricos, manzanos, perales, vid, ciruelos, almendro, nogales, duraznos), olivo, quínoa, maní, girasol, sorgo y algodón, entre muchas otras especies.
“Se mantienen preferentemente las colecciones en forma de semilla sexual en ambientes de baja temperatura; cuando esto no es posible por la naturaleza del material, se mantienen las colecciones de germoplasma a campo, es decir, se plantan en un campo, o parcela y se mantiene como un cultivo. Este sistema se utiliza para mantener colecciones de árboles, por ejemplo para árboles frutales. Otra modalidad es la de conservación in vitro o sea bajo condiciones mínimas de cultivo, manteniendo los brotes de las plantas en medio de cultivo nutritivo en tubos de ensayo”, explica Clausen. Y continua: “Otro camino es el de la crioconservación, es decir, se preserva material vegetal a temperaturas muy bajas empleando nitrógeno líquido a una temperatura de -196ºC.”
En la actualidad en la Red de Bancos se conservan bajo distintas modalidades (semillas, colecciones a campo e in vitro), alrededor de 68 mil muestras. Asimismo esta red ofrece también un servicio de “custodia”, es decir, mantiene colecciones de otras instituciones bajo esta modalidad.
“Para un país, mantener las colecciones de germoplasma es una medida estratégica dado que es posible disponer de variabilidad genética de especies vegetales lo que es importante para generar nuevas variedades más productivas o adaptadas a condiciones ambientales específicas, lo que permitirá satisfacer las necesidades de una población humana que se incrementa día a día. Se trata no sólo de cubrir las necesidades actuales de alimentos sino también de tener en cuenta a futuras generaciones. Para el medio ambiente es fundamental, ya que se contribuya a la conservación de especies valiosas”, subraya Clausen. Y concluye: “Es un proyecto a largo plazo, que requiere continuidad lo que significa financiación permanente y recursos humanos destinados a estas tareas. El INTA destina recursos humanos y económicos para esta actividad, pero la misma se debe ir incrementando a fin de poder responder a las nuevas demandas tecnológicas.”

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