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“La radiografía ha sido, es y seguirá siendo en el futuro una herramienta de diagnóstico esencial en la clínica veterinaria”


Isabel García Real es profesora de radiología en la Universidad Complutense de Madrid.Isabel García Real es profesora de radiología en la Universidad Complutense de Madrid.

Isabel García Real es profesora de radiología veterinaria en la Universidad Complutense de Madrid, y el próximo mes de octubre comienza un curso de interpretación radiológica con el Colegio de Veterinarios de Madrid. En la siguiente entrevista explica la importancia de esta técnica en Veterinaria.

¿Por qué es tan importante la radiología en la clínica veterinaria?

La radiografía como técnica de diagnóstico por imagen ha sido, es y seguirá siendo en el futuro una herramienta de diagnóstico esencial en la clínica veterinaria. Aunque podríamos pensar que el uso cada vez más frecuente de las técnicas de diagnóstico por imagen avanzadas, como el TAC o la resonancia magnética, pueden llegar a sustituir a la radiografía, esto no ocurrirá en veterinaria, al igual que no ha ocurrido en medicina humana, donde la disponibilidad de este tipo de técnicas es mucho mayor.

La radiografía sigue aportando, tanto en humana como en veterinaria, una primera aproximación diagnóstica de un gran número de pacientes, así como un diagnóstico definitivo de muchas patologías. Aunque el TAC se basa también en la utilización de rayos X y la información que ofrece es mucho más detallada y precisa en comparación con la radiografía, se debe tener en cuenta que el TAC requiere sedar o anestesiar al paciente para garantizar su inmovilización, el coste económico de la prueba y del equipo son mucho mayores, y la radiación que recibe el paciente es muy superior. Estos factores hacen que, al igual que en medicina humana, la radiografía se siga utilizando de manera habitual incluso en los centros veterinarios que cuentan con la tecnología más avanzada en diagnóstico por imagen.

¿Cuál ha sido la evolución en la técnica radiológica?

Yo destacaría dos vertientes en este aspecto: la optimización de la técnica radiográfica en sí y la digitalización de la imagen. Hasta hace unos años, antes de la incorporación de la radiografía digital a la clínica veterinaria, muchos veterinarios se conformaban a menudo con radiografías de escasa calidad, ya que eran muchos los factores que podían afectar negativamente a la calidad de la imagen analógica final. El revelado manual seguía utilizándose hasta hace poco tiempo en muchas clínicas, lo que complicaba mucho la optimización de la imagen. Además, tampoco se prestaba especial atención al posicionamiento del paciente, cuando este es un factor esencial para realizar después un análisis correcto de las imágenes.

Hoy día la radiografía digital facilita enormemente la obtención de imágenes de calidad óptima. Por un lado, la digitalización permite emplear rangos de parámetros de exposición más amplios para obtener una adecuada relación de contraste de grises en la imagen, o lo que es lo mismo, no requiere tanta precisión en la selección del kilovoltaje, el miliamperaje y el tiempo para obtener una buena radiografía. Por otro lado, si la selección de los parámetros de exposición es inadecuada, en muchos casos este factor puede ser corregido a posteriori con las herramientas de posprocesado informático de la imagen digital.

Además, los veterinarios prestan cada vez más atención al posicionamiento del paciente y muchos han entendido ya que la sedación del animal facilita significativamente la realización de estudios radiológicos complejos (especialmente los estudios traumatológicos o de las diferentes partes del cráneo) o que requieran un elevado número de exposiciones en poco tiempo (p.ej. al realizar una urografía excretora). Sedar al paciente mejora el posicionamiento y, por tanto, la interpretación de la imagen final, además de constituir una medida esencial de radioprotección, reduciendo la necesidad de sujeción del paciente (y por tanto de exposición del personal a la radiación) a lo mínimo imprescindible.

¿Cuál es la base de una buena interpretación radiológica?

Para realizar una buena interpretación radiológica debemos partir, primero, de una imagen de calidad adecuada, lo que se consigue optimizando la técnica radiográfica: posicionamiento del paciente, elección de los parámetros de exposición y posprocesado informático de la imagen en el caso de ser digital. Realizar al menos dos proyecciones radiológicas ortogonales de la región anatómica a estudiar es muy importante para optimizar la información diagnóstica que ofrece el estudio.

Una vez hemos obtenido una imagen de calidad, es esencial llevar a cabo un análisis detallado y exhaustivo de la misma. Podemos “mirar y no ver”, si no prestamos atención suficiente a todos los detalles que nos ofrece la imagen. Para ello debemos observar la radiografía sin prisas y en un lugar adecuado, con escasa luz ambiente, lo que facilita a nuestros ojos la diferenciación de los distintos tonos de gris. Una evaluación rápida de la imagen a menudo conlleva errores diagnósticos por falta de apreciación de detalles poco evidentes a primera vista.

Y, por supuesto, el último pilar en el que se apoya la interpretación es en el conocimiento, primero de la anatomía radiográfica normal con sus numerosas variantes individuales y, después, de los signos radiológicos que aparecen en las diferentes patologías que afectan a nuestros pacientes. Correlacionar la imagen con el resto de datos clínicos del paciente (anamnesis, datos laboratoriales, resultados de otras pruebas diagnósticas, etc.) nos ayuda a establecer un diagnóstico radiológico definitivo o, al menos, una lista de posibles diagnósticos diferenciales del paciente.

Usted es la autora del Atlas de interpretación radiológica en pequeños animales, y próximamente comienza a impartir la 4.ª edición de un curso de interpretación radiológica en formato 100 % online. ¿Cuál es la mejor forma de enseñar esta disciplina?

Yo doy clases de radiología veterinaria en la universidad, donde impartimos las bases de esta disciplina para que el futuro profesional veterinario pueda empezar a trabajar conociendo qué son los rayos X, el equipamiento y manejo básicos, los principios de la técnica radiográfica y las bases de la interpretación por regiones anatómicas. No obstante, como en cualquier otra disciplina, se requiere estudio posterior, práctica y formación adicional para asentar y ampliar el conocimiento de la misma, mejorando así la capacidad de diagnóstico en el ejercicio profesional.

La radiografía digital no solo ha supuesto una mejora sustancial de la calidad de la imagen radiológica, sino que también ha implicado un importante avance en la docencia de esta disciplina, antes basada en el fotografiado de radiografías analógicas, con la consiguiente pérdida de calidad a la hora de presentarlas impresas en un libro o exponerlas en presentaciones con diapositivas. Poder trabajar hoy día con la imagen digital original facilita la enseñanza y, por ende, el aprendizaje por parte del alumno o el profesional en formación.

Un libro será siempre una herramienta más en la clínica, al que acceder de manera rápida ante cualquier duda puntual que se plantea en el ejercicio profesional diario, o si se quiere profundizar en un determinado tema. Cuando elaboré el Atlas de interpretación radiológica en pequeños animales, mi objetivo docente fue que tanto el alumno del Grado en veterinaria, como el profesional en ejercicio, pudieran contar con los conceptos teóricos básicos de interpretación radiológica ilustrados por al menos un ejemplo visual de cada una de las patologías más frecuentes, lo que lo convierte en un apoyo útil para el estudio o para el trabajo diario.

Los cursos de radiología para profesionales veterinarios son también una excelente herramienta para impartir docencia en esta disciplina. Actualmente la demanda de formación online es cada vez mayor en el ámbito veterinario, especialmente en el sector de la clínica de pequeños animales, en el que los amplios horarios de atención al público pueden suponer un importante factor limitante para que el profesional dedique tiempo a la formación continua.

La radiografía digital se adapta perfectamente al formato de enseñanza online, ya que no solo se mantiene la calidad original de las imágenes radiográficas en las presentaciones teóricas, sino que, además, el alumno puede realizar prácticas con casos clínicos empleando una plataforma de visualización y procesado informático de las imágenes exactamente igual a la que utilizaría en el ámbito clínico. Cuando diseñé el Curso de Interpretación Radiológica en pequeños animales (CIR) en asociación con el Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid, nuestro principal objetivo fue ofrecer un curso amplio, que incluyera desde los conceptos más básicos hasta las imágenes de las patologías más complejas y difíciles de diagnosticar. En las tres ediciones que se han impartido ya, el resultado ha sido muy satisfactorio, con comentarios muy positivos por parte de los alumnos, que coinciden en su mayoría en afirmar que han ampliado y mejorado significativamente su capacidad diagnóstica en radiología. 

¿Qué podrá aprender quien se matricule en el curso?

El curso tiene un formato 100 % online, con una duración de 29 semanas, lo que da una idea aproximada de la amplitud del mismo. Para facilitar el seguimiento, está dividido en cinco módulos. En total el alumno tiene acceso a 50 horas de presentaciones teóricas en formato vídeo, en la que el profesor explica cada diapositiva tal cual lo haría en un curso presencial. La parte práctica está constituida por un total de 120 casos prácticos, que el alumno debe evaluar primero y comparar después su diagnóstico con el presentado por los profesores. El curso completo incluye más de 3.000 imágenes explicadas por el profesor. El alumno es evaluado mediante la realización de exámenes online al finalizar cada módulo, así como por el seguimiento del material disponible en la plataforma, de manera que los que aprueban el CIR reciben un certificado oficial emitido por el Colegio Oficial de Veterinarios de Madrid.

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