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“El golpe de calor puede aparecer en minutos o en pocas horas y puede acabar con la vida de la mascota”

Isabel Luño señala los aspectos más importantes que hay que tener en cuenta con los clientes que se van de vacaciones con su mascota para evitar posibles accidentes.


Isabel Luño Muniesa, DVM, MSc, PhD. Miembro del Servicio de Etología Clínica del HVUZ. Profesora Asociada del Departamento de Patología Animal, Facultad de Veterinaria de Zaragoza. Veterinaria en EMVET, Emergencias Veterinarias de Zaragoza.Isabel Luño Muniesa, DVM, MSc, PhD. Miembro del Servicio de Etología Clínica del HVUZ. Profesora Asociada del Departamento de Patología Animal, Facultad de Veterinaria de Zaragoza. Veterinaria en EMVET, Emergencias Veterinarias de Zaragoza.

Durante el verano es frecuente que tanto propietarios como sus mascotas cambien de hábitos durante un tiempo, ¿qué recomiendas a los clientes antes de hacer cualquier viaje con su mascota?

En primer lugar, como todo cambio, debería ser lo más progresivo posible. Si el perro no está habituado al medio de transporte en el que va a viajar, lo ideal sería habituarlo de forma positiva tiempo antes de hacer el viaje. Como nuestros hábitos también van a cambiar, deberemos tener previsto cómo gestionar los paseos del perro y nuestras ausencias si van a ser más prolongadas que en nuestro domicilio habitual. De nuevo, un cambio progresivo en casa hacia las rutinas que llevaremos durante las vacaciones pueden ser una buena forma de ayudar al perro a adaptarse. Llevarnos sus enseres habituales (cama, comedero, juguetes…) al destino vacacional, para minimizar los cambios, e investigar sobre las opciones veterinarias en el lugar de destino por si las necesitamos en caso de urgencia también son buenas estrategias. Además, debemos asegurarnos de que el lugar y las circunstancias en los que vamos a estar puedan cubrir las necesidades de nuestra mascota. Por ejemplo, si nuestro destino es la playa, tendremos que saber si allí hay alguna playa habilitada para perros, si hay zonas en las que se pueda refrescar, si en el alojamiento va a haber un sitio en el que nuestra mascota pueda encontrarse a gusto y protegido de las temperaturas, etc. Si vamos a la montaña, deberemos conocer las particularidades de las rutas que queramos hacer, para saber si es posible realizarlas con perro, por ejemplo.

¿Cuáles son las urgencias más frecuentes durante esta época?

La mayoría de los casos que atendemos en Emvet en verano, además de los golpes de calor derivados de las altas temperaturas (a veces favorecidos por estar en lugares nuevos donde no disponen de zonas frescas o de sombra), son los accidentes derivados de no conocer el terreno (por ejemplo, caídas desde alturas), las picaduras de algunos animales, las dolencias musculoesqueléticas por un incremento del ejercicio físico, la ingesta de arena de playa, y los ahogamientos.

¿Existe alguna predisposición en algunas razas o individuos para sufrir este tipo de complicaciones?

En cuanto al golpe de calor, en los perros es muy frecuente porque no tienen un sistema muy eficiente para regular su temperatura. Apenas pueden eliminar calor a través de la transpiración y su principal mecanismo de regulación de calor es el intercambio gaseoso a través de la respiración. Por ello, las razas braquicéfalas, por su mayor dificultad a la hora de disipar calor mediante el jadeo, están más predispuestas a sufrir golpes de calor. Además, los individuos con obesidad, por una tasa metabólica aumentada que genera más calor, los geriátricos, por una merma en su capacidad adaptativa en general y de termorregulación en particular, y aquellos animales que sufren de problemas cardiorrespiratorios son más sensibles a estas patologías, o sobrellevan peor las consecuencias que de ellas se derivan. El resto de patologías estivales no presentan predisposiciones especiales.

¿Cuáles son los signos clínicos más importantes que todo propietario debe conocer para detectar precozmente un golpe de calor y acudir rápidamente a un centro veterinario?

El golpe de calor se define como un aumento repentino de la temperatura interna corporal por encima del valor normal (más de 40ºC). Puede aparecer en minutos o en pocas horas y es un estado muy grave que puede acabar con la vida de la mascota. Los síntomas incluyen nerviosismo, jadeo, hipertermia, hipersalivación (saliva densa), mucosas congestivas, debilidad (llegando incluso a pérdidas de conocimiento), convulsiones y, finalmente si no se corrige, shock y muerte.

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