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“Es frecuente ver animales con signos de enfermedad en un número elevado de componentes de la colonia”

Como afirma Juan Carlos Ortiz, presidente de AVEM, las colonias felinas urbanas son motivo de enfrentamientos entre vecinos y en muchos casos causan graves problemas de convivencia.


Juan Carlos Ortiz, Presidente de la Asociación Española de Veterinarios Municipales (AVEM).Juan Carlos Ortiz, Presidente de la Asociación Española de Veterinarios Municipales (AVEM).

En la primera parte de esta entrevista, Juan Carlos Ortiz, presidente de la Asociación Española de Veterinarios Municipales (AVEM), describía cómo ha afectado la pandemia a los centros de protección animal oficiales y la gestión que se hizo de los animales durante la época más dura del 2020. En la segunda parte, explicaba que no cumplir con la identificación de los animales de compañía es una de las raíces del
abandono en nuestro país. En esta última parte aborda la gestión de las colonias felinas urbanas.

Las colonias felinas que generan controversias entre la sociedad. ¿Cómo se controlan las condiciones sanitarias y de bienestar de estos animales?

Efectivamente, las colonias felinas urbanas son motivo de enfrentamientos entre vecinos y en muchos casos causan graves problemas de convivencia. En la mayoría de las ocasiones los problemas se deben a un número muy elevado de animales, descontrolados, y/o ubicados en lugares no adecuados. 

Por desgracia, lo explicado en la anterior entrevista sobre la falta de personal cualificado en materia de sanidad y bienestar animal en los ayuntamientos es aplicable para el tema de colonias felinas urbanas. Hay una corriente de entidades animalistas creciente que apoyan y defienden la instalación de colonias felinas. Algunas, las menos, son muy responsables y lo hacen muy bien generando muy pocos problemas y teniendo un control riguroso de los animales, empezando por su reproducción y su control sanitario. Pero no es lo habitual.

Hay un apoyo municipal más o menos importante, según los municipios, como respuesta a las constantes demandas de las entidades animalistas que habitualmente son las únicas interlocutoras de los ayuntamientos en este tema. Los ayuntamientos, por motivos que desconocemos, en muchas ocasiones no contrastan la información que reciben por ese único canal y ceden a sus demandas, aportando incluso importantes cantidades de dinero para la gestión y mantenimiento de dichas colonias. Desconocemos las fórmulas administrativas para dar ese dinero público (contrato de servicios, convenios, donaciones...) y los mecanismos de control por parte de los ayuntamientos para comprobar que ese dinero público se usa adecuadamente.

Por la información que tenemos el control que se realiza en los animales que componen las colonias felinas, en la mayor parte de los municipios, no pasa de la administración de algún antiparasitario de manera ocasional. Es frecuente ver animales con signos de enfermedad que afecta a un número elevado de componentes de la colonia. Principalmente enfermedades víricas felinas que provocan una alta mortalidad en las crías y una grave afectación en los adultos. En ningún caso podemos admitir este tipo de situaciones, ya que coloca a los animales
en situación de no bienestar. 

Cuando hablamos de colonias felinas urbanas hay que ser muy cuidadoso a la hora de su gestión, empezando por el principio, su ubicación, siguiendo por el número de animales que componen la colonia. Hay que establecer un número máximo en función de su ubicación atendiendo a posibles molestias al vecindario y al impacto que pueden provocar los gatos en la fauna de la zona, afectando a la biodiversidad.

¿Qué diferencias hay entre una colonia atendida y una colonia controlada?

Con frecuencia nos encontramos con documentos que indican “colonia controlada”, entendiendo como tal que se está sometiendo a un C.E.S. o C.E.R. a los individuos. Incluso podemos ver carteles puestos en el lugar donde se ubica la colonia. Desde el punto de vista veterinario, alimentar a los animales y practicar un C.E.S. o C.E.R. no podemos considerar que una colonia felina está “controlada”. Deberíamos hablar de colonia “atendida”. El calificativo de controlada deberíamos reservarlo para aquellas colonias cuyos individuos están desparasitados periódicamente, vacunados contra las principales enfermedades que afectan a los gatos y con controles periódicos sobre la presencia de posibles agentes infecciosos o parasitarios de naturaleza zoonótica en los gatos. Por desgracia esto solo se produce en contadas colonias.

Esta situación, el fomento y asentamiento de colonias felinas urbanas, está creciendo de manera exponencial y sin control. La burbuja cada vez es más grande. Tarde o temprano, como en otras intervenciones del ser humano en la naturaleza que han provocado un desequilibrio en esta, la burbuja explotará.

Por desgracia los gatos, en esta situación son los protagonistas y las víctimas de algo provocado por el ser humano. En la historia de los pueblos y ciudades de España, y de otros muchos países, siempre ha habido gatos conviviendo entre nosotros en un cierto equilibrio. No son ellos los que han provocado la ruptura de ese equilibrio, pero sí van a ser las víctimas del mismo.



Natalia Sagarra - Portal Veterinaria

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