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Remisión de casos al oftalmólogo y cirugía de cataratas


Clinio Díaz es veterinario especialista en Oftalmología. Trabaja en la Clínica Ocular Veterinaria, de Telde (Gran Canaria) (www.oftalmologiaveterinaria.com)

¿Cuándo debo remitir un caso de Oftalmología al especialista?
La respuesta a esta frecuente pregunta está, lógicamente, condicionada por cada situación en particular, puesto que en ello van a influir tanto los conocimientos del profesional veterinario en la disciplina oftalmológica, como los medios técnicos de que disponga. Sin embargo, hay una respuesta que es infalible: “Debemos remitir el caso cuando no nos encontremos cómodos y seguros con lo que tenemos entre manos”.
No obstante, dejando al margen esta premisa, se puede reseñar una serie de situaciones que, por norma, podrían suponer una indicación para la remisión de un caso oftalmológico por parte del veterinario generalista:

- Cualquier sospecha de glaucoma (edema corneal, ojo rojo, dilatación pupilar, déficit visual…).
- Pérdida de visión, aguda o crónica.
- Trauma ocular serio, como laceración corneal o escleral, hemorragia intraocular, prolapso ocular.
- Cualquier indicio de cataratas, porque examinar el cristalino antes de que la opacidad sea completa permite evaluar el fondo ocular y detectar evidencias de atrofia retinal, además de que, operando unas cataratas tempranas, se minimizan las complicaciones postquirúrgicas.
- Úlceras corneales complicadas, profundas (>50% del espesor corneal) o indolentes (> 7 días sin cicatrizar).
- Inflamación crónica, ya que tenemos posibilidad de tumor, luxación de cristalino, uveítis...
- Signos oculares constantes (blefarospasmo, epífora, cambios en el aspecto del ojo) cuando no responden a la terapia.
- Patologías que requieran técnicas quirúrgicas avanzadas de la córnea, estructuras intraoculares o reconstrucción palpebral.

¿Es necesario esperar a que el animal esté ciego para operarlo de cataratas?
ROTUNDAMENTE, NO.
En realidad, una vez que la catarata está mostrando signos de progresión, incluso si es en un solo ojo, debe realizarse la cirugía lo antes posible. Cuanto más madura es una catarata, más se endurece y más difícil es la cirugía, con lo que aumentan las posibilidades de aparecer complicaciones intraoperatorias o posquirúrgicas.
Hace años estaba extendida la práctica de esperar a que la catarata fuera suficientemente “madura” para proceder a la cirugía. Pero actualmente, con los grandes avances en las técnicas de extracción (especialmente con la facofragmentación) se considera éste un planteamiento improcedente y falto de fundamento. Una catarata inmadura y “tierna” siempre implicará menos complicaciones asociadas con una uveítis facoinducida y/o glaucoma secundario, y menos complicaciones durante o después de la cirugía.
En consecuencia, un ojo con sospecha de catarata debe ser evaluado por un oftalmólogo sin necesidad de esperar a que madure o a que aparezca también en el otro ojo y provoque ceguera.
Además, no hay que olvidar que un ojo con cataratas, al margen de los importantes problemas de visión, es un ojo enfermo que puede sufrir una serie de complicaciones, a veces graves, como inflamación, luxación de cristalino o glaucoma, que provocan dolor y que, en ocasiones, son incontrolables llegando el animal a perder el ojo. De ahí que, caso de no ser posible la cirugía, sea necesario medicar el ojo generalmente de por vida y hacer un seguimiento cercano de la evolución de las cataratas por un oftalmólogo.

La cirugía de cataratas, ¿realmente da buenos resultados en pequeños animales?
Hoy en día, las cataratas son operadas mediante extracción extracapsular (ECLE) o por facoemulsificación (FACO). Ambas técnicas intentan dejar intacta la cápsula posterior del cristalino para mantener separados los compartimentos del ojo y permitir colocar una lente intraocular.
La ECLE recurre a una incisión corneal amplia de 180º con extracción manual del núcleo y de la corteza lenticular, siendo sólo interesante en casos de cataratas muy maduras y densas.
Con la FACO se utilizan ondas ultrasónicas que rompen la catarata y la emulsifican, al tiempo que se produce la irrigación y aspiración de los fragmentos lenticulares. Todo ello con una serie de ventajas, como son: una incisión corneal más pequeña (de 2,75 a 3,2 mm), menor daño endotelial y mejor eliminación de los fragmentos corticales.
El éxito de la cirugía de cataratas es alto (especialmente con la técnica FACO) rondando el 90-95%, y se considera satisfactoria cuando el animal recupera un grado de visión suficiente como para permitirle llevar una vida digna y lo más normal posible. La visión “perfecta” es casi imposible de alcanzar, pero la vista no es el principal sentido para los perros y lo compensan con otros sentidos de capital importancia para ellos, como el olfato o el oído. Hay, por lo tanto, un 5-10% de casos en los que las complicaciones pueden impedir la recuperación de la visión. Por ello son fundamentales las revisiones frecuentes después de la cirugía para prevenirlas y detectarlas lo antes posible.
De cualquier modo, una elección adecuada del paciente acerca del momento de la intervención y un muy buen control posoperatorio son factores claves para llevarnos a una cirugía exitosa, al margen, evidentemente, de la pericia del cirujano oftalmólogo.

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