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Agresividad felina


David Marbella Fernández
Veterinario Magíster en Etología Clínica y Bienestar Animal, UCM
Las Palmas de Gran Canaria
Tel.: 654 022 992
cv.capitol@hotmail.com

La socialización es el proceso por el que los animales de compañía establecen relaciones con animales de su propia especie y de otras especies. La socialización adecuada es uno de los determinantes más importantes para el futuro comportamiento de nuestra mascota. El periodo de socialización del gato va de las dos a las ocho semanas. Durante este periodo el gatito establece muy rápidamente vínculos con su propia especie, con otras especies y con el medio que le rodea, que posiblemente se mantengan el resto de su vida.
Durante la convivencia con la madre y los hermanos de camada, el gato aprende jugando las conductas sociales propias de su especie; cuando el juego está siendo demasiado agresivo su madre se lo indica mediante un comportamiento ritual que puede parecer brusco a la vista, pero de esta manera aprende a inhibir el mordisco y controlar los arañazos.
La madre enseña a cazar a los gatitos, consigue la presa sin matarla y se la deja a sus cachorros para que desarrollen las estrategias del cazador, la sorpresa o las técnicas de ataque.
No parece haberse demostrado que la conducta de juego determine el desarrollo de la de la caza.
Los gatitos destetados antes de las cinco semanas pueden mostrar falta de inhibición en el mordisco y miedo y/o agresividad hacia otros gatos u otros animales. El no tener un periodo de socialización bueno no implica que el animal tenga problemas de agresividad en el futuro, pero es un factor de riesgo.

Tipos de agresividad felina
La agresividad felina puede estar dirigida hacia otros gatos, otros animales o hacia las personas.
Sus posibles presentaciones varían según el hábitat del gato, el número de animales que viven juntos, si están enteros o castrados, si es época de celo, de cómo fue el periodo de socialización del gatito, etc.
(Las figuras 1 y 2 muestran las posturas corporales y faciales en actitud agresiva, ofensiva y defensiva).
En ocasiones la agresividad es debida a una causa orgánica. Procesos que afectan al sistema nervioso (tumores, meningitis, intoxicaciones por enfermedad hepática: tumores, cirrosis, shunts), procesos dolorosos (artritis, problemas dentales, obstrucciones uretrales), desequilibrios endocrinos (hipertiroidismo, hipotiroidismo en el que se aprecian problemas de conducta agresiva sin ningún otro tipo de sintomatología), infecciones víricas, virus de la rabia, peritonitis infecciosa felina o virus de la inmunodeficiencia felina (FIV), pueden dar problemas de comportamiento. Se ha visto agresividad en gatos infectados con FIV antes que cualquier otro signo de enfermedad.
Influyen en la agresividad factores genéticos. Las diferencias en la personalidad podrían ser hereditarias: gatos hijos de machos dóciles tienden a ser más dóciles que gatos hijos de machos poco dóciles, aun cuando el macho no esté presente en el desarrollo del gatito.
Es fundamental hacer una exploración física exhaustiva así como una neurológica cuando estemos ante un problema de agresividad felina. En estos casos estaría recomendado un análisis sanguíneo con pruebas bioquímicas complementarias.
La agresividad felina sin causa orgánica puede presentarse como agresividad del juego, predadora, inducida por las caricias, por miedo, territorial, redirigido, entre machos. Ésta no es una clasificación cerrada y un tipo de agresividad se puede solapar con otro.
La agresividad por miedo y la territorial son más frecuentes entre gatos. La agresividad inducida por las caricias y la del juego son más frecuentes hacia las personas.
La agresividad entre machos se da exclusivamente entre gatos.


Figura 1. Posturas corporales del gato. La agresividad aumenta desde A0 a A3. El temor aumenta desde B0 a B3. A3B0 representa la postura corporal del gato más agresivo, A0B3, la del gato más temeroso. A3B3 representa al gato agresivo-defensivo.

Agresividad del juego
Tiene lugar en un contexto de juego, los objetivos suelen ser los movimientos de los pies o las manos de los propietarios El juego, aun siendo una conducta normal en gatitos y gatos jóvenes, debe estar controlado. La mayoría de los casos se dan en viviendas de un solo gato que no tiene la oportunidad de jugar con animales de su propia especie. Puede derivar en una agresividad predadora.
El tratamiento está indicado cuando el mordisco y los arañazos no están inhibidos y las lesiones son profundas, o el juego es nocturno y no deja descansar a los miembros de la familia.
El tratamiento intenta redirigir la conducta de juego a juguetes, de tipo colgante, objetos que se muevan, balanceen o salten, como cañas de pescar para gatos, y no hacia las manos de los dueños. Medidas disuasorias para inhibir al gato son el ruido producido por un silbato o una bocina, o usar una pistola de agua. Hay que recompensar al gato cuando se relaciona de manera amistosa. Se puede poner un cascabel al gato y así sabremos dónde se encuentra y anticipar un hipotético ataque.

Agresividad predadora
La predación es una conducta inherente al comportamiento felino. Responde a la naturaleza cazadora del gato, no hay señales de amenaza previa, y luego, mal encauzada, puede dar lugar a graves lesiones. Afecta a animales de ambos sexos y de cualquier edad. El gato persigue, muerde y en último extremo mata a su presa, luego el peligro es máximo cuando se dirige hacia un niño o hacia otro animal de compañía.

Agresividad inducida por las caricias
“Estoy acariciando al gato y de repente me muerde como si dijese ya está bien”, se oye con cierta frecuencia en las clínicas veterinarias. Algunos gatos muerden a sus dueños cuando están siendo acariciados. Su frecuencia es mayor de lo que se cree. Hay gatos que tienen cierto umbral de tolerancia para las caricias. Antes de la mordedura el gato envía señales: aplana las orejas y las dirige hacia atrás, sacude la cola, se encorva, también puede sisear o mover la cabeza hacia la mano de quien le está acariciando. Los niños son los que se encuentran más desprotegidos pues no suelen reconocer los signos previos al ataque antes mencionados.
El tratamiento se basa en averiguar el umbral de tolerancia de caricias del gato, empezar a acariciar por debajo de ese umbral mientras el gato no muestre signos de agresividad y recompensar, aumentando el tiempo de caricias poco a poco.

Agresividad por miedo
La agresividad por miedo aparece cuando el gato se enfrenta a un estímulo evocador de miedo sin posibilidad de huir. Ese estímulo puede ser un ruido, un castigo, la amenaza de otro gato o de una persona. La agresividad por miedo es una agresividad defensiva.
Una causa común de agresividad por miedo es la falta de socialización.
La desensibilización y el contracondicionamiento son las técnicas de modificación de conducta indicadas en el tratamiento. En casos muy extremos se puede añadir a la modificación de conducta un tratamiento farmacológico con antidepresivos tricíclicos.


Figura 2. Expresiones faciales del gato. A2B0 representa a un gato ofensivo-agresivo; A0B2 representa a un gato defensivo-agresivo.

Agresividad territorial
Este tipo de agresividad en gatos que viven en una vivienda es muy frecuente, se puede dar entre machos, y entre machos y hembras, aunque en este caso suele ser el macho el agresor. Los gatos son animales que se apegan al territorio, territorio que dividen en zonas con distinto carácter y que marcan con feromonas de manera regular. Cualquier alteración en ese territorio producirá una alteración en el gato. Los gatos que viven en libertad durante la época de celo solapan sus territorios, hecho que no ocurre cuando no están en celo. Los gatos que conviven en una vivienda comparten territorios, se toleran, pero en ocasiones la incursión de un gato en territorio ajeno puede de-sembocar en una pelea. Cuando un gato es introducido en una vivienda donde ya existe otro se puede estimular la agresividad territorial y en ocasiones el nuevo gato es el agresor.
Esta agresividad puede acentuarse cuando uno de los gatos huye estimulando el ataque del gato agresor. La agresividad territorial se puede producir en gatos que llevan años conviviendo juntos, sin razón aparente. Por cualquier motivo, una obra en la vivienda, un estímulo externo que provoque miedo en uno de los gatos, la enfermedad de uno de los animales, o incluso una visita al veterinario, puede desencadenar la agresividad territorial. Algunas teorías la denominan ansiedad de la cohabitación.
La agresividad territorial se puede dar en un grupo de tres gatos de tal manera que dos de ellos ataquen al otro gato.
La desensibilización y el contracondicionamiento son el modo adecuado de tratamiento. A veces es necesario el uso de fármacos, tanto para controlar la impulsividad del agresor, como para reducir la ansiedad del agredido.
La agresividad territorial se puede dar hacia las personas, teniendo ésta un pronóstico más favorable.

Agresividad redirigida
La agresividad redirigida es aquella que se da hacia un objeto distinto al que genera el estímulo excitador del estado agresivo. Es el caso del gato que ve a otro gato a través de la ventana y el dueño u otro animal de la casa están a su lado, o en una pelea de gatos durante la cual una persona se mete a separarlos, o cuando el animal tiene miedo y se intenta tranquilizarle con caricias. A veces esta agresividad es inducida por el miedo. Puede derivar en una agresividad territorial.
Es importante identificar el estímulo excitador e intentar eliminarlo, o impedir el acceso del gato al mismo. A veces el estímulo apareció hace horas pero el gato continúa excitado, lo que complica la identificación del estímulo original y el pronóstico. En caso de peleas de gatos es recomendable no meterse por medio ante el peligro de resultar agredido, y utilizar un método de distracción (un silbato, una pistola de agua).

Agresividad entre machos
La agresividad entre machos ocurre cuando hay una hembra en celo próxima, cuando un gato joven alcanza la madurez sexual o un gato se hace viejo y hay una disputa por el control dentro de la flexibilidad de los grupos sociales felinos. Los ataques no ocurren si un gato se retira (figura 3), pero si ocurre, el atacante saltará sobre el otro gato para morderle en la nuca, el oponente rodará sobre su espalda, no como sumisión, sino para morder al agresor y con sus patas traseras intentar lesionar su abdomen. La pelea de repente puede parar, volverán los rituales de amenaza, pelearán de nuevo o se separarán. Este tipo de agresividad es más normal en machos enteros que en castrados.
La castración es eficaz en el 90% de los casos reduciendo los paseos y las peleas entre machos adultos.



Figura 3. Posturas dominantes y sumisas en gatos. El gato dominante está a la derecha.
El gato sumiso se aleja lentamente y evita el contacto visual directo.

Tipos de agresividad felina
A la hora del pronóstico en un caso de agresividad felina hay que tener en cuenta: el tipo de agresividad, la edad del animal cuando surgió el problema, el tiempo que se lleva presentando la conducta, laintensidad del problema, la peligrosidad para las personas o para otros animales, la posibilidad de eliminar el riesgo de daño de manera inmediata y la paciencia del dueño para realizar las técnicas de modificación de conducta y no forzar los contactos con el animal cuando éste no lo desea.
El castigo físico en los trastornos de agresividad felina está contraindicado, pues puede desembocar en nuevas situaciones de agresividad como las inducidas por el miedo.


Caso clínico
Lucas y Nala eran dos gatos de siete años que vivían juntos desde que tenían un par de meses. Nala era una gata de raza Común Europea, castrada, de 5 kg, temerosa, huidiza y esquiva con las visitas. Lucas, un gato Persa, castrado, 7 kg, sociable. Los gatos vivían con dos adultos y un bebé de tres meses. Desparasitados regularmente con selamectina y vacunados anualmente. Comían pienso seco ad líbitum.
Hace cuatro meses (un mes antes de que naciese su hija) Lucas empezó a montar a Nala aunque ésta estaba castrada. Ella se defendía y él seguía montándola lo que hacia que ella se enfadase más, por lo que decidieron separarles y castrar al gato. Aun así, él siguió sus intentos de monta.
La aparición de la conducta acosadora del macho coincide con una obra en la casa, el montaje de una habitación para bebés.
La gata comenzó a evitar y a huir del macho, a lo que éste respondió persiguiéndola. Cuatro meses después de que empezase el problema, la actitud del gato era la de atacar a la gata si la veía, y la de ella era esconderse detrás de la lavadora. Hacía un mes que la gata se pasaba el día detrás de la lavadora, le habían puesto una bandeja y la comida en esa zona; si salía de allí y veía al gato orinaba y volvía a esconderse. El gato estaba en una habitación interior con acceso a un patio y al pasillo. El gato no se acercaba a la cocina, a no ser que viese a la gata salir de allí: entonces la perseguía, luego se meaba en la cocina y se iba.
El origen de la conducta agresiva del gato pudo estar en el cambio que se produjo en la vivienda, lo que desestabilizó su carácter. Un episodio de ansiedad seguido de agresividad redirigida hacia la gata. La gata desarrolló miedo, lo que acentuó los ataques del gato pasando la agresividad a ser de tipo territorial. Se les realizó una analítica sanguínea y bioquímica, al macho además se le evaluó la función tiroidea, estando los resultados dentro de los parámetros normales.
El tratamiento se basó en una reintroducción progresiva de los gatos, el uso de feromonas en el ambiente (Feliway) y un tratamiento farmacológico.
Con la reintroducción el objetivo era ir aumentando el tiempo que pasaban juntos alrededor de un estímulo agradable como era la comida.
El difusor de feromonas se colocó en la cocina, que era el lugar donde más tiempo pasaba la gata, pues ésta presentaba un alto grado de ansiedad.
Se estableció terapia farmacológica para los dos gatos. Debido al alto grado de agresividad que mostraba el gato se le prescribió un inhibidor selectivo de la recaptación de la serotonina, fluoxetina 0,5 mg/kg/día. A la gata por su estado de ansiedad, para estimular su actividad y desinhibirla se le prescribió clomipramina 0,5 mg/kg/día.
A las dos semanas de iniciada la terapia Lucas está más calmado y Nala ya sale más por la casa, está más tranquila, no se orina pero manifiesta miedo hacia el bebé.
Al mes de tratamiento Lucas ataca a Nala, y ésta se orina y esconde de nuevo.
A los tres meses de iniciado el tratamiento la dueña comunica por teléfono que va a regalar a los gatos porque la gata se sigue orinando y además no hay buena relación con su hija pequeña de seis meses.
El pronóstico en este caso era reservado por ser dos gatos adultos, la gravedad y la duración del proceso. Además, la gata había demostrado miedo hacia el bebé y la dueña tampoco se sentía segura sobre la actitud del gato hacia la niña, lo que aumentaba la peligrosidad. Realojar a los gatos parecía la opción más adecuada.


Bibliografía
Coll Galí, Victoria (2003) Etología Clínica de Perros y Gatos. Master en Etología Clínica y Bienestar Animal. Universidad Complutense de Madrid.
Houpt, Katherine Albro (1998) Domestic Animal Behavior for Veterinarians and Animal Scientists. Third Edition. Iowa State Press.
Landsberg, Gary M (1997) Manual de problemas de conducta del perro y gato. Editorial Acribia, S.A.
Leyhausen, P. 1975. Verhaltensstudien an Katzen. Berlín, Germany: Paul Parey.
Manteca Vilanova, Xavier (2003) Etología Clínica del Gato. Master en Etología Clínica y Bienestar Animal. Universidad Complutense de Madrid.
Proceedings of the 8th ESVCE meeting on veterinary behavioural medicine (2002).

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