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Introducción a la cardiología aviar


Elisabet Giraldos Gil
Clínica Exòtics
Imágenes cedidas por la autora


A pesar de los recientes avances en la detección de enfermedades cardiacas en aves, todavía existen muchos factores que dificultan su diagnóstico. Generalmente los signos clínicos de un ave cardiópata no son específicos y el examen físico del sistema cardiovascular es limitado.

Diferencias anatómicas

La estructura de los principales órganos del sistema cardiocirculatorio de las aves es similar a la de los mamíferos, aunque existen algunas características específicas.
El corazón está situado en la parte craneal de la cavidad celómica, paralelo al eje vertebral, y permanece apoyado sobre el esternón. La ausencia de diafragma hace que el ápice de este órgano se encuentre rodeado de la parte más craneal de los lóbulos hepáticos. El lado derecho del corazón tiene un aspecto cóncavo, mientras que el izquierdo es convexo. El saco pericárdico que envuelve el corazón contiene una pequeña cantidad de fluido pericárdico que es considerado normal en aves (figura 1).


Figura 1. Anatomía del corazón de un Butuo regalis. Se puede apreciar el fluido contenido en el saco pericárdico.


Al igual que en los mamíferos, el corazón está divido en cuatro cámaras. Como la resistencia del flujo sanguíneo es menor en el sistema pulmonar, la pared del ventrículo derecho es más delgada que la del izquierdo. Este último es de 2 a 3 veces más grueso, alcanza todo el ápice del corazón y el grosor de las paredes varía desde la base hasta el ápice. Los atrios tienen paredes delgadas y el derecho es de mayor tamaño que el izquierdo (figura 2). Las aves tienen una válvula muscular atrioventricular derecha que carece de cuerdas tendinosas. El resto de válvulas son membranosas (bicúspide la atrioventricular izquierda y tricúspides la aórtica y pulmonar). A la salida del corazón, la aorta ascendente gira hacia la derecha en las aves.
Para poder cubrir la alta demanda de oxígeno que se genera durante el vuelo, las aves tienen un corazón proporcionalmente mayor que un mamífero. Fisiológicamente, tienen frecuencias cardiacas y una presión sanguínea superiores y una menor resistencia periférica al flujo sanguíneo.

Examen clínico y anamnesis

Las aves que padecen alguna alteración del sistema circulatorio suelen presentar un cuadro de apatía y debilidad. Signos más específicos pueden ser la decoloración o cianosis de la piel periocular o de la cera, y la presencia de edemas en las extremidades. Otros signos como la dilatación de la cavidad celómica por la acumulación de líquido libre, la disnea o la intolerancia al ejercicio pueden acercarnos a un diagnóstico de patología cardiaca.
Si la anamnesis recoge la historia clínica de animales mayores sometidos a incorrecciones dietéticas durante años o factores ambientales estresantes (frío, humo de tabaco, etc.) podemos orientar las pruebas diagnósticas para descartar una arteriosclerosis (figura 3).
En un examen básico, la auscultación es factible y permite valorar soplos y arritmias, a pesar de las elevadas frecuencias, sin necesidad de sedación. También se puede evaluar el ritmo cardiaco mediante una sonda audio Doppler.

Exámenes diagnósticos básicos

Un hemograma completo, la bioquímica sérica y un proteinograma pueden ayudar a determinar el origen de un problema cardiaco. Asimismo, es interesante realizar un lipidograma de aquellos animales en los que se sospecha de arteriosclerosis.
La evaluación de la presión sanguínea en aves se debe realizar de forma rutinaria. Se usa un método indirecto y no invasivo para obtener de forma sencilla un valor de la presión arterial sistólica mediante una sonda Doppler y un esfingomanómetro con un manguito de tamaño adecuado. Las mediciones pueden realizarse sobre la arteria metatarsal dorsal o la cubital. Los valores normales en un ave despierta están entre 90 y 160 mm Hg (en un ave sedada, considerar un máximo de 200 mm Hg) (figura 4).

Figura 2. Corte longitudinal del corazón de una Cacatúa Galah (Eolophus roseicapillus). Se pueden apreciar las diferencias anatómicas entre las dos cámaras ventriculares.Figura 3. Corazón de un Tucán (Ramphastos toco). El estudio histopatológico confirmó un proceso de arterosclerosis en los grandes vasos.Figura 4. Valoración de la TAS en la arteria cubital de una psitácida. El manguito del esfingomanómetro se sitúa en el tercio craneal del húmero. La arteria metatarsal de las extremidades posteriores es otra posible localización para medir la presión arterial de un ave.



Radiología

La radiografía es una técnica diagnóstica muy común en medicina aviar. Se pueden valorar cambios en la forma, tamaño o posición del corazón así como incrementos de la radiodensidad de los grandes vasos (sugestivo de arteriosclerosis). También se deben evaluar los cambios secundarios que pueden tener lugar en los órganos adyacentes como un incremento de la silueta hepática, un aumento en densidad de los pulmones o el acúmulo de líquido libre en la cavidad celómica.
Se puede obtener una medida aproximada de la anchura del corazón de un ave de tamaño medio (200-500 g) a partir de una imagen radiográfica ventrodorsal. La medida de la anchura máxima del corazón debe ser aproximadamente el 36-41% de la longitud del esternón o el 51-61% de la anchura del tórax (figura 5).


Figura 5. Radiografía normal de una Guacamayo (Ara ararauna).
Esta vista ventrodorsal permite evaluar la correlación
entre el tamaño del corazón y la longitud del esternón
o la anchura del tórax en su punto máximo.

 

Electrocardiograma

 


Figura 6. Vista esquemática de un ECG normal
en un ave, que demuestra el prominente
complejo QRS que corresponde a la
despolarización ventricular.

Al igual que en mamíferos, el sistema de conducción eléctrico está formado por el nodo sinusal (SA), el nódulo atrioventricular y la red de Purkinje. El SA es el marcapasos principal del corazón, donde se genera el impulso eléctrico que se dirige hacia el nódulo atrioventricular. Allí, la presencia de un anillo atrioventricular permite una rápida despolarización ventricular. A diferencia de la despolarización subendocardial de los mamíferos, la despolarización ventricular de las aves es subpericárdica y se propaga por el miocardio hacia el endocardio. Esta peculiaridad es la que explica que el complejo QRS en el electrocardiograma aviar sea negativo (figura 6).

Equipo

El electrocardiograma permite obtener un registro gráfico de la actividad eléctrica del corazón. En medicina aviar se usa, igual que en mamíferos, un sistema de 6 derivaciones (figura 7). El equipo debe permitir el registro de frecuencias cardiacas elevadas (superiores a 250 ppm) y se recomienda usar una velocidad de papel de 100 mm/s. Los electrodos deben estar en contacto con la piel de cada una de las extremidades; se usa como material conductor el gel de ecografía, al que se puede añadir un anestésico local (gel de lidocaína) si se realiza en animales despiertos. Se recomienda el uso de pinzas atraumáticas o unidas a agujas hipodérmicas.


Figura 7. Representación de las 6 derivaciones normales en aves. Figura obtenida en Journal of Avian Medicine and Surgery 15(1):17-22, 2001.

 

Realización

El registro suele realizarse bajo sedación y en decúbito dorsal para evitar las alteraciones inducidas por el estrés. Se debe tener en cuenta que la posición del animal y los efectos del isofluorano pueden alterar el registro (están descritas las arritmias, los bloqueos atrioventriculares de segundo y tercer grado, depresión de la onda T, contracciones atriales prematuras y arrestos sinusales con el uso de isofluorano como agente anestésico). Se han realizado estudios con electrocardiógrafos portátiles en los que no es necesario conectar los electrodos sobre el animal, lo que permite evitar el estrés de la manipulación o la necesidad de sedación.

ECG normal

El electrocardiograma normal de un ave también se inicia con una onda P que corresponde a la despolarización atrial. Le sigue una depresión en el intervalo PR, que representa la repolarización atrial y es normal en palomas, algunas gallináceas y psitácidas. En cambio, en mamíferos este fenómeno se denomina onda T auricular (Ta) y suele corresponder a una hipertrofia del atrio derecho.
El segmento QRS corresponde a la contracción ventricular. La onda Q, que es la primera depleción negativa, suele ser de amplitud pequeña o ausente. La onda S es, como peculiaridad en las aves, la siguiente depleción negativa en el ECG. El segmento ST suele ser corto o ausente. Cuando está presente suele estar elevado sin implicar ninguna anomalía cardiaca. La onda T siempre es positiva en la derivación II. En amazonas y algunos yakos es un hallazgo normal encontrar las ondas T y P superpuestas (tabla 1).

 

Ecocardiografía

La ecocardiografía es un método diagnóstico importante para evaluar la función y la estructura cardiaca.
Para realizar una buena ecocardiografía en estos animales, se requiere un equipo que alcance un mínimo de 100 frames por segundo, una sonda de 7,5 MHz o superior microconvexa, con función Doppler y preferiblemente con electrocardiógrafo acoplado.
Si el estado del paciente lo permite, es recomendable someterlo a un breve ayuno (2-4 horas en psitácidas) para evitar interferencias del sistema gastrointestinal. El examen en modo B puede realizarse sin necesidad de sedación, mientras que el estudio Doppler suele ser más preciso bajo sedación o anestesia. No se realizan estudios en modo M, ya que sólo se pueden obtener vistas longitudinales.
Existen dos accesos factibles para el examen ecocardiográfico aviar. La ventana paraesternal derecha (para columbiformes y aquellas especies que tienen un espacio libre entre la última costilla y la pelvis) y la ventana ventromedial. Este último acceso requiere mantener el animal en posición vertical, mientras se sitúa el transductor en la línea media tras su esternón, orientando el haz de la sonda craneodorsalmente usando el hígado como ventana acústica (figura 8). Este acceso transhepático retroesternal permite obtener dos imágenes del eje longitudinal del corazón al rotar la sonda 90°: la vista horizontal (4 cámaras) y la vista vertical (2 cámaras) (figura 9).

Figura 8. Posición recomendada para un acceso transhepático retroesternal. No es necesario retirar plumas para acceder a este espacio, basta con aplicar un gel ecográfico atemperado.Figura 9. Vista esquemática de la ecocardiografía normal: acceso ventromedial horizontal (a) y vertical (b). 1=ventrículo izquierdo, 2=ventrículo derecho, 3=atrio izquierdo, 4=atrio derecho, 5=aorta, 6=septo interventricular, *=evaluación imposible en la vista B. Imagen cedida por Harrison GJ, Lighfoot T (eds): Clinical Avian Medicine. Palm Beach, Spinx Publishing


Se deben medir las dimensiones internas de las cámaras en sístole y diástole, el grosor de la pared del septo interventricular y el diámetro aórtico. A partir de estas medidas, se puede calcular la fracción de acortamiento (FA), que es un parámetro que representa la capacidad de contracción ventricular:
FA (%)=(DDVI-DSVI)/DDVI x 100
DDVI: diámetro diastólico del ventrículo izquierdo
DSVI: diámetro sistólico del ventrículo izquierdo
En psitácidas sanas la FA es 23,1±4,6% y en palomas es del 17 % (tabla 2).
También la relación entre la longitud y la anchura del ventrículo izquierdo permite una valoración de la contracción ventricular y corresponde a un valor constante en psitácidas (vista vertical: 0,33 en sístole y 0,40 en diástole). En psitácidas también hay una correlación entre la longitud del ventrículo izquierdo (LVI) y la longitud del esternón (LS):
LVI= 0,5+0,33 x LS
El estudio Doppler pulsado permite medir las velocidad del flujo sanguíneo a nivel de las aperturas atrioventriculares y de los grandes vasos del corazón. Se toman medidas a partir del acceso ventromedial con la vista horizontal de 4 cámaras. Existen valores de referencia para la velocidad del flujo de entrada del VI y VD y el flujo aórtico de salida. El estudio Doppler color en aves permite evaluar disfunciones valvulares, pero su uso se ve limitado ya que implica una reducción de la frecuencia de frames por segundo (tabla 3).

 


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