MI CUENTA |

Del sacrificio a la eutanasia


Elena Malmierca
Argos - argos@grupoasis.com
Imágenes archivo


Definiciones
Eutanasia: muerte sin sufrimiento físico.
Sacrificio: matanza de animales, especialmente para el consumo.
Distanasia: Tratamiento terapéutico desproporcionado que prolonga la agonía de enfermos desahuciados.
La sociedad occidental reflexiona sobre la eutanasia con frecuencia, en el caso de seres humanos, lo que no cabe duda que ha tenido también repercusión sobre la opinión y sensibilidad de las personas que conviven con mascotas.
La eutanasia se debe considerar como un acto clínico, tan importante o más que cualquier otro que llevemos a cabo como profesionales de la Veterinaria. La eutanasia no es una solución a los problemas; su finalidad es terminar con un sufrimiento irremediable cuando no existe alternativa médica.
La contradicción y el dilema surgen cuando se enfrenta el afán de un veterinario, que no es otro que el de salvaguardar el bienestar animal, y el fin último de esta acción, la de acabar con la vida del mismo. Como veterinarios, no debemos interpretar ni hacer ver a nuestros clientes la eutanasia como un fracaso, sino como el triunfo de la racionalidad, de la búsqueda de una opción para aquellos casos en los que no hay alternativa para curar o aliviar el sufrimiento de un animal. Por tanto, constituye realmente un acto clínico que se desarrolla en tres tiempos.

Primer tiempo: antes de la eutanasia
La eutanasia debe considerarse en casos de sufrimiento de animales enfermos, heridos o cuando existe deterioro de la calidad de vida por vejez u otros más complejos. Pero ¿cuál es la medida del sufrimiento? El veterinario tiene en este hecho un cometido como asesor y defensor, en parte, de los propios derechos del animal, y a la vez de referente para los propietarios a la hora de tomar una decisión.


Comunicación con el cliente
La eutanasia afecta a tres sujetos directamente. En mayor medida, sin duda, al propio animal y en segundo término al propietario y al veterinario que la lleva a cabo. Es el propietario quien debe tomar la última decisión y el profesional quien la llevará a cabo y aconsejará sobre su conveniencia. Sin embargo, la repercusión de este acto clínico llega más allá; como al propio colectivo veterinario y sus pautas deontológicas, legislación, laboratorios y sociedad en general.
Más de la mitad de las muertes que se producen en la clínica veterinaria son resultado de eutanasias. Por ello, cada caso debe ser considerado único y valorado con suma atención. Hemos de tener siempre en cuenta que muchos propietarios llegan a tener una relación muy estrecha con sus mascotas, hasta el punto de considerarlos y tratarlos como otro ser humano, por lo que su pérdida provocará un sufrimiento similar al que provocaría la muerte de un miembro de la familia.
Entre los profesionales existe el dilema de saber cuál es el momento ideal para abordar el tema con el dueño. Algunos optan por comentarlo cuando el animal ya está próximo a la muerte, mientras que otros prefieren adelantarse a los acontecimientos y hablarlo con ellos cuando se ha diagnosticado una enfermedad terminal, aun cuando en ese momento el final o los síntomas no sean tan inminentes. Ninguna de estas opciones es buena ni mala. Lo correcto es individualizar cada caso y analizar la relación que tenemos con el cliente y la propia vinculación del mismo con su mascota. En cualquier caso, a medida que se acerque el momento final es recomendable comentar con el propietario los signos de deterioro que podrán aparecer en el animal y administrar terapia paliativa para asegurar su bienestar. Esta medida aliviará la ansiedad de los propietarios al comprender y asumir la situación y las consecuencias que sobrevendrán en caso de negarse o posponer indefinidamente la decisión de practicar una eutanasia y ofrecer un final digno a su animal de compañía.

Actitudes más valoradas por los propietarios ante la eutanasia
• Realizar un diagnóstico pormenorizado y una correcta explicación del mismo y de su pronóstico
• Atención cálida y amistosa por parte del personal de la clínica
• Reconocer a dueño y mascota y dirigirse a ellos por su nombre
• Demostrar respeto y rigor profesional
• Asesoramiento profesional
• Apoyar la decisión del dueño y tranquilizarlo
• Hacer todo lo posible para que el animal se encuentre relajado y cómodo
• Explicar todo el proceso, anticipándose a los acontecimientos
• Ser amable y compasivo pero a la vez seguro y sin excesos emocionales
• Prestar apoyo al cliente en todo el proceso
• Permitir que el cliente se tome su tiempo en cada momento de la eutanasia
• Mantener la discreción durante el procedimiento
• Interesarse por el cliente días posteriores a la eutanasia
• No producir estrés, manipulación excesiva y asegurar que el animal fallezca plácidamente.
La decisión
Conociendo el punto de partida, que no es el mismo en todos los casos, muchas veces podremos mejorar las condiciones para tomar una decisión. Es probable que nos enfrentemos a enfermedades incurables o tratamientos difíciles, y aun en estas condiciones, no es fácil decidirse por la eutanasia. Por descorazonadora que pueda parecer, en ciertas circunstancias la eutanasia es frecuentemente la consideración más bondadosa.
Siempre se debe realizar una cuidada evaluación médica que tenga en cuenta:
• Examen físico
• Historial clínico
• Diagnóstico preciso
• Pruebas confirmatorias
• Pronóstico
• Evaluación de posibles tratamientos (curativos o paliativos)
• Costes y disposición del propietario.
La negación u omisión de la eutanasia como alternativa final puede complicar la situación y provocar enfado y decepción en el cliente que espera que el tratamiento o nuestra intervención sane o alivie a su mascota.
Está claro que, aunque la decisión final es la del dueño, la opinión del profesional veterinario tendrá enorme influencia, por lo que es responsabilidad suya realizar un cuidadoso análisis del equilibrio entre el bienestar del animal y las expectativas o deseos del propietario (sin olvidar los aspectos o repercusiones económicas, tratando este último tema con suma delicadeza). Es una decisión que no se debe tomar apresuradamente (salvo en casos urgentes) y debemos evitar que el cliente se sienta presionado o sin libertad para decidir.

Puntos clave en el primer tiempo
1. Emplear el tiempo, situación y lugar adecuados para hablar con el cliente. No podemos tener esta conversación en la recepción. Es importante sentarse con el propietario a hablar prestando la máxima atención. Profesional y propietario deben concederse el tiempo necesario para tomar la decisión correcta y evitar culpas o reproches posteriores, sobre todo si la opción se hace de forma apresurada o bajo tensión emocional.
2. Empatizar con el propietario, reconocer lo doloroso y duro de la situación, siendo cautelosos en nuestra opinión hasta valorar la del cliente.
3. Dejar tiempo suficiente a cada persona para que analice la situación y tome la decisión.
4 Asegurarse de que es realmente el deseo del cliente y, entonces, apoyar su decisión porque es lo más conveniente para su mascota.
5. Explicar el procedimiento y dar opciones al dueño:
• Presencia o no del propietario
• Lugar
• Quién debe hacerlo
• Cuándo
6.Explicar los pasos del acto paso a paso.

Segundo tiempo: procedimiento de eutanasia
Los clientes necesitan sinceridad y una actitud amable en estas circunstancias.
Es el momento de atender y mostrar comprensión con las diferentes actitudes. La condición de un buen profesional, en estas circunstancias, debe ser de apoyo, comprensión y respeto: ser franco, abierto y empatizar con las emociones y opiniones de los clientes en estos momentos son comportamientos clave para ganarse la confianza y la asunción del hecho. Por supuesto esto no debe suponer una exageración en las formas y expresiones. El veterinario y su equipo deben evitar parecer indecisos, distantes o demasiado emocionales.


Consecuencias de los errores en la aplicación de la eutanasia
• Falta de confianza en el procedimiento médico.
• Ocultamiento de información o engaño.
• Mala atención de algún miembro o todo el personal de la clínica (en este punto también se incluye el trato indiferente o insensible).
• Demoras en la atención, lo que puede constituir una causa de que el animal sufra más de lo deseable.
• Sensación o percepción de haber sido presionados o convencidos para optar por la eutanasia sin argumentos para decidirlo.
• Manejo del animal descuidado, doloroso o brusco.
• Trato posterior del cuerpo poco cuidadoso y respetuoso. Se lo entregaron sucio, a al vista, etc.
• Los veterinarios o auxiliares se mostraron rudos, fríos o insensibles en el momento previo, durante o después de la eutanasia.
Actitudes a evitar
Una de las críticas más habituales en propietarios que han sufrido este trance sobre el trato recibido en los establecimientos veterinarios es que el ambiente en la clínica no era el adecuado: ruidos, risas, actitudes de desinterés e incluso falta de implicación en el personal de la misma. Por ello, no es descabellado establecer un protocolo o normas de atención al cliente estrictas para este acto y que sean conocidas y que sean respetadas por todo el personal de la clínica:
1. Actuar con amabilidad, cercanía y discreción.
2. Hablar y dirigirse a propietario y mascota con sensibilidad y empleando el nombre (tanto del animal como de su propietario).
3. Permitirle u ofrecerle al cliente un momento de privacidad con su mascota, sobre todo si este desenlace ha sido inesperado.
4. Evitar la demora en el procedimiento una vez tomada la decisión.
5. Si el protocolo de la clínica establece la firma de un consentimiento por escrito, el auxiliar o recepcionista debe realizar esta tarea de forma sensible y haciendo ver que es un mero trámite al que está obligado el establecimiento y que se muestra comprensivo y anticipa disculpas por atender a este aspecto burocrático en dicho momento.
6. Evitar ruidos, indiscreciones, risas, realizar otra tarea al mismo tiempo, etc.
Si el propietarios opta por no estar presente, es preferible que la despedida sea previa y debemos asegurarnos de que abandona nuestro centro convencido de que el procedimiento no será doloroso y de que alguien (auxiliar de veterinaria, amigo personal u otra persona de su confianza) permanecerá y reconfortará al animal hasta el final.

Información
Es conveniente explicar detenidamente todo el procedimiento paso a paso y preparar a los propietarios que decidan asistir a la eutanasia frente a los posibles efectos de los fármacos:
• Los ojos del paciente permanecerán abiertos.
• Habrá una posible relajación de esfínteres, por lo que intestino y vejiga pueden evacuar su contenido.
• Puede existir contracción muscular.
• Emisión de suspiros, pequeños estertores o sonidos.

Puntos de toma de decisiones
El tener una respuesta clara y firme a estas cuestiones nos dará las claves para la toma de decisiones y las argumentaciones en la comunicación con el cliente.
• ¿Qué criterios establecemos para considerar que un animal es un paciente terminal?
• ¿Asume el propietario la responsabilidad y el posible sentimiento de arrepentimiento tras la muerte del animal?
• ¿Piensa el propietario que se ha hecho todo lo posible por salvar la vida o el bienestar de su mascota?
• ¿Ha perdido el animal sus condiciones de bienestar mínimas?
• ¿Hay otra posibilidad para el animal (física, técnica o económica)?
• ¿Hay un problema de agresividad?
• ¿Se ha realizado un estudio médico pormenorizado dentro de las posibilidades y limitaciones técnicas y económicas?
Puntos clave en el segundo tiempo
1. Crear ambiente y espacio adecuados. Si es una eutanasia programada, por ejemplo, puede ser buena opción realizarla fuera del horario de consulta. De esta manera el propietario no tendrá que enfrentarse a otros propietarios con mascotas sanas y viceversa.
2. No debe haber ninguna interrupción durante la eutanasia (ni del personal ni de llamadas externas o internas, de otros pacientes, etc.).
3. Reforzar la decisión del dueño y mantener una aptitud positiva y de dominio técnico y emocional de la situación.
4. Explicar pormenorizadamente cada cosa que vamos a hacer.
5. Oponerse a que el dueño sujete el animal directamente, aduciendo que es mejor para su mascota que le acaricie, hable y se sitúe frente a él para que le vea.
6. Mostrarse dulce con la mascota y con el propietario, utilizando ambos nombres y un tono relajado en todo momento.

Aspectos técnicos
Igual que es útil tener un protocolo de atención en el procedimiento de eutanasia, también lo será en los aspectos técnicos para evitar situaciones desagradables.
No debemos escatimar en los fármacos empleados para la eutanasia de un animal pues, aunque parezca que es absurdo invertir en productos más caros para este tipo de procedimiento médico terminal, se trata de proporcionar al animal una muerte dulce; a sus propietarios, una imagen de control profesional del momento; y para nosotros mismos, la salvaguarda ante posibles situaciones que generen estrés profesional y enfado del cliente o desagrado propio o ajeno a cambio de un pequeño ahorro.
Por lo tanto, se optará por emplear sustancias que lleven a una rápida pérdida de consciencia y sensibilidad mediante procedimientos que provoquen la mínima ansiedad en el animal.

Tercer tiempo: después de la muerte
En este momento, el propietario no reparará en este tema pues, en la mayoría de lo casos, su estado emocional se lo impedirá. Es responsabilidad nuestra sugerirle -en ese momento o previamente- las alternativas que tiene, procedimientos y coste.
Han de ser los profesionales quienes reconforten al propietario y le guíen en sus decisiones, sin tratar de influir sino apoyar o averiguar cuáles son sus deseos.
Es el momento de ofrecerle con delicadeza si desea o no quedarse con algún recuerdo del animal (collar, cartilla, mechón de pelo, etc.) y qué desea hacer con el cuerpo. Si no lo hemos hecho previamente, démosle opciones adecuadas y apoyemos su decisión.
En todo momento debemos acompañarle (bien nosotros, bien un auxiliar y hacerle partícipe de que compartimos su dolor).


Si se opta por sugerir una necropsia para conocer la causa de la muerte o porque el propio dueño la solicita, debemos explicar su utilidad, los datos y muestras que se van a tomar e insistir en que se hará con el máximo respeto por el animal. Por otra parte, si se va a entregar el cuerpo tras la misma, hacerlo en las mejores condiciones (proceder a coserlo y limpiarlo). Si el dueño decide llevarse al animal, y la legislación local lo permite, debemos entregarlo también en las mejores condiciones. Limpio, envuelto en una manta y cubierto por completo; o emplear alguna caja o ataúd de cartón de diseño discreto. Hemos de advertir al dueño de los signos post mórtem si no lo va a enterrar de inmediato y de la legislación sobre enterramientos de su comunidad autónoma.
Pasados unos días podemos enviar una tarjeta de pésame de parte del centro y de todo el personal del mismo donde se recuerde al animal con cariño y se muestren al propietario/s nuestras condolencias. También podemos llamar al dueño, pasadas dos o tres semanas interesándonos por él.
Si todo va bien, los lazos con el cliente y su confianza en nosotros se reforzarán extraordinariamente.

Normativa para la eutanasia de animales de compañía. Un buen ejemplo
La Comunidad Autónoma de Cataluña ha sido pionera en el establecimiento de una normativa que regule los métodos de eutanasia en los animales de compañía estableciendo quién, cuando y cómo debe realizarse este procedimiento. El 3 de agosto de 2000 se publicó el Decreto 254/2000 de 24 de julio por el que se establecen los métodos de eutanasia para los animales de compañía que se han de sacrificar.
En su desarrollo expone en primer lugar que la eutanasia ha de realizarse siempre bajo el control y la responsabilidad de un veterinario y que se han de emplear siempre métodos que impliquen el menor sufrimiento para el animal y que provoquen una pérdida de consciencia inmediata. Así mismo, el procedimiento debe llevarse a cabo en dependencias en condiciones higiénico-sanitarias correctas y en un ambiente que no favorezca el estrés en los animales.
El Decreto justifica su establecimiento en función de la necesidad de unificar criterios y métodos, así como someter a una regulación este procedimiento asegurando que se realiza ocasionando el mínimo dolor, temor y angustia para el animal. En consecuencia y de acuerdo con el dictamen de la Comisión Jurídica asesora y a propuesta del consejero de Medio Ambiente y de acuerdo con el Gobierno de Cataluña establece siete artículos en los que desarrollará el contenido del Decreto.

Métodos de eutanasia aceptados
El Decreto define la eutanasia como un acto por el que es provocada la muerte de una manera plácida, sin dolor, temor ni ansiedad.
• Con el fin de evitar padecimiento físico o psíquico, la eutanasia no podrá realizarse sin la previa sedación profunda o anestesia general y mediante los productos y vías señaladas a las dosis establecidas bajo criterio facultativo: fentobarbital sódico (IV), tiopental sódico (IV), embutramida/ioduro de mebezonio/tetracaína (IV), secobarbital/dibucaína (IV).
• En el caso de animales de compañía neonatos o en aquéllos en los que su estado de deshidratación, hipovolemia o shock dificulten el uso de la vía endovenosa, se aceptará la administración -previa anestesia general- de pentobarbital sódico o tiopental sódico vía intraperitoneal o intracardiaca.
• A continuación se citan los productos y vías de administración de los sedantes autorizados para administrar previos a la eutanasia en las dosis establecidas por el profesional veterinario: xilazina (IM o SC), medetomidina (IM o SC), tiletamina-zolacepam (IM o IV), fenotiacina (IM, SC u oral), propionil-promazina (IM, SC o IV), clorhidrato de ketamina (IM, SC o IV).
• Quedan prohibidas las batidas de animales de compañía asilvestrados y sólo se autorizará al abatimiento en el caso de que no se pueda proceder a la inmovilización a distancia y existan riesgos de daños a las personas o al medio en general.
• En su artículo 4 cita los métodos de eutanasia totalmente prohibidos, entre los que se encuentran, por ejemplo, el empleo de sustancias como estricnina, hidrato de cloral, bloqueantes musculares, sulfato magnésico o métodos tan cruentos como decapitación, estrangulación o asfixia.
• Se considerará y se confirmará la muerte del animal cuando se produzca el cese de la respiración, latido cardiaco y funciones neurológicas centrales.
• En los artículos 6 y 7 establece mecanismos y organismos precisos de inspección, vigilancia y control para el cumplimiento del decreto así, como el régimen sancionador.


Bibliografía
  • Eutanasia en los animales de compañía. Mary F. Stewart
  • Veterinarios y el final de la vida. Comisión ética de AVEPA
  • DOGC. Num.3197- 3/08/2000. Decreto 254/2000 de 24 de julio pel qual s’estableixen els métodes d’eutanasia per als animals de companyia que s’han de sacrificar
  • Aspectos técnicos de la eutanasia. David Guillén Labat. Foro Empresas Fatro. Argos 103
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