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Algunas reflexiones para mejorar la lucha frente a los flebótomos

Control de los vectores de la leishmaniosis canina


Javier Lucientes y Juan Antonio Castillo
Departamento de Patología Animal. Facultad de Veterinaria de Zaragoza
Imágenes cedidas por los autores

El reciente caso del foco de leishmaniosis enzoótica de Fuenlabrada, en la provincia de Madrid, con más de 265 personas afectadas en tres años, nos ha sorprendido de forma brusca mostrando una realidad que parecía lejana porque asociábamos los brotes en humana con países tropicales o del tercer mundo. En estos últimos años nos hemos acostumbrado a convivir con esta enfermedad parasitaria –de las más graves que afectan a nuestras mascotas y que compartimos con ellas, y hemos visto cómo las autoridades sanitarias no le están dando la importancia que tiene pues, por ejemplo, en muchas comunidades autónomas ni siquiera está contemplada como enfermedad de declaración obligatoria.

Es por todos sabido que se trata de una enfermedad de transmisión vectorial, que el responsable de que exista es un pequeño
díptero de la subfamilia Phlebotominae al que llamamos flebotomo. Si la leishmaniosis es autóctona en una localidad es porque este insecto está presente en esa zona. No puede haber transmisión de esta enfermedad sin su presencia. Como los flebotmos son animales invertebrados, su actividad está condicionada por la temperatura, que es el principal factor que limita, no sólo su presencia, sino también su abundancia y periodo de actividad. Por ello, deducimos la importancia que está teniendo el cambio climático en la diseminación de la leishmaniosis en algunas regiones de España.

Hábitats de los flebotomos

En España hay citadas cuatro especies de flebotomos que pueden actuar como vectores de la leishmaniosis canina zoonótica: Phlebotomus perniciosus, Phlebotomus longicuspisi, Phlebotomus ariasi y Phlebotomus langeroni (ver mapas de distribución de las diferentes especies).

  • Phlebotomus perniciosus es la más abundante: se encuentra repartida prácticamente por toda la península Ibérica puesto que se trata de una especie muy adaptada a todos los hábitats y la encontramos desde las zonas más áridas de nuestro país a las de montaña; también está presente en todas las islas del archipiélago balear. Únicamente falta en la Cornisa Cantábrica y en las Islas Canarias.
  • Phlebotomus longicuspis es una especie muy poco abundante y con una localización limitada a la parte sureste de España. Es un vector comprobado de leishmaniosis en Marruecos. Hay autores que creen que se trata de una variante de Phlebotomus perniciosus con la que se hibrida, ya que se encuentran ejemplares machos intermedios.
  • Otra especie que actúa como vector probado de la leishmaniosis en España es Phlebotomus ariasi. Tiene una distribución no tan extensa, por lo que es menos abundante y parece que prefiere hábitats con más humedad y temperaturas menos extremas.
  • Phlebotomus langeroni es una especie de origen africano que en nuestro país tienen una localización muy restringida a ambientes muy áridos del Valle del Ebro, de Castilla La Mancha y Madrid. Siempre se ha capturado en ambientes naturales y nunca en construcciones humanas, por lo que su interés puede ser muy limitado a posibles focos silvestres de la enfermedad.

                           

Distribución de Phlebotomus perniciosus.Distribución de Phlebotomus ariasi.
Distribución de Phlebotomus longicuspis.Distribución de Phlebotomus langeroni.

A pesar de que sus hábitats larvarios no son acuáticos, no conocemos con detalle sus lugares preferidos de cría. Sí sabemos que le gusta criar en madrigueras, cuadras, leñeras, alcantarillas...; parece que lo único que necesitan es abundante materia orgánica, sobre todo vegetal, y un cierto grado de humedad para desarrollar su ciclo. Esta humedad es proporcinada por las lluvias o, si están en zonas urbanizadas, por el riego de jardines, por ejemplo.

El desconocimiento que tenemos de sus hábitats de cría nos lleva a plantear únicamente una lucha frente a los adultos, a diferencia de otras especies de insectos vectores como los mosquitos o las moscas negras, frente a los que se actúa principalmente sobre las larvas, que son más fáciles de detectar y de controlar. También tenemos muchas limitaciones en el control sobre los flebotomos adultos, pues gracias a su capacidad de volar pueden desplazarse por una amplia zona, de manera que es difícil actuar de una forma generalizada sobre ellos. Por ello, es importante fomentar acciones localizadas de los propietarios de los perros.

Control ambiental

Los flebotomos son atraídos por los animales vertebrados –especialmente las hembras, que necesitan chupar sangre–, así que nuestros sistemas de lucha están en estos momentos orientados sobre todo a actuaciones realizadas en el ambiente donde viven los animales de los que se alimentan. Debido a la dispersión de sus habitats de cría, los machos también acuden a donde se encuentran los animales, pero sólo para fecundar a las hembras antes, después o incluso durante el tiempo en que estas realizan la toma de sangre. Así, podemos actuar sobre el conjunto de la población.

Los flebotomos se concentran en las perreras, no sólo porque allí resulta muy fácil localizar a un animal sobre el que alimentarse, sino porque estos sitios proporcionan protección para ocultarse durante el día, además de para hacer la digestión de la sangre o incluso, en muchos casos, criar. Unas perreras en condiciones nos ayudarán a controlar más eficazmente estos vectores.

Paredes

Debemos evitar que las paredes tengan huecos y grietas donde estos vectores puedan ocultarse durante el día: deberían ser lisas para que estén más expuestas a los tratamientos locales con insecticidas. Así se evitaría también que hubiera lugares de cría de garrapatas. Se deberían tratar las paredes periódicamente con productos insecticidas del tipo de los piretroides (alfacypermetrina, deltametrina, etc.) o, mejor aún, con pinturas con insecticidas como, por ejemplo, las que cuentan con tecnología Inesfly y que van liberando de forma lenta pero paulatina los insecticidas durante más de un año. Además de pintar el interior se deberían tratar las paredes exteriores también con insecticida puesto que, cuando van volando, los flebotomos se suelen posar en ellas antes de entrar dentro de los cubículos o de las habitaciones.

Suelo

Igualmente, el suelo no tendría que ser de tierra. Un suelo de cemento o de otro material que pueda limpiarse fácilmente evitará que se acumulen humedad y materia orgánica, que podrían favorecer la cría de los flebotomos y de las pulgas.

Fototropismo positivo

También nos podemos ayudar de algunas peculiaridades de la biología de estos insectos que están bien documentadas como, por ejemplo, que son atraídos por la luz, es decir, tienen fototropismo positivo. Dentro de las perreras y/o en las inmediaciones de donde pernocten los animales se pueden colocar trampas de luz ultravioleta como atrayente, con electrocutores eléctricos o simplemente con papel adhesivo para capturarlos, y así limitar las poblaciones de estos vectores.

Limpieza

Por otro lado, es imprescindible la limpieza. Hemos dicho que las larvas se alimentan de materia orgánica, por lo que tenemos que evitar la acumulación de basuras en las inmediaciones de las perreras, sobre todo orgánicas, incluidos los restos vegetales, donde pueden criar. Y tenemos que eliminar las ratas, puesto que sus madrigueras sirven de lugar de cría de los flebotomos y también pueden actuar como reservorio de Leishmania (se han encontrado ratas infectadas por el parásito).

Las telas de araña que se forman a veces dentro de las perreras no están, la mayoría de las veces, producidas por arañas que puedan capturar insectos. Muchas de ellas, además, al llenarse de polvo pierden su capacidad de pegar, lo que impide además que los flebotomos tengan acceso a las paredes. Por ello es conveniente limpiar de polvo los techos y las paredes si hacemos tratamientos con insecticidas.

Prevención en el animal

Otro aspecto importante es prevenir que las hembras de flebotomo piquen a los perros tanto para evitar que puedan transmitir la leishmaniosis como para impedir que ingieran sangre de un animal parasitado. Proteger a los animales con algún tipo de repelente es una práctica obligatoria si queremos evitar que se infecten.

Al no existir transmisión vertical, los flebotomos no pueden transmitir la enfermedad hasta que hayan picado a un perro infectado y, en consecuencia, el periodo de máximo riesgo es a partir del verano, cuando el flebotomo ya ha tenido tiempo de picar varias veces y el parásito, de multiplicarse. Por eso conviene aplicar las medidas preventivas sobre el perro hasta que se acabe la actividad de los flebotomos, momento que depende de la climatología y de la región de España de que se trate.

Los perros que llevan collares insecticidas o son tratados con pipetas u otros productos repelentes son escasamente atacados por los flebotomos. En zonas de riesgo debería ser una práctica habitual proteger a los perros para evitar que sean picados y, de esa manera, infectados. Los perros con leishmaniosis, incluso en el periodo de tratamiento o después aunque estén clínicamente curados, deberían ser tratados con repelentes en la época de riesgo, bien sea para evitar una reinfección o simplemente para evitar que sean diseminadores del parásito, ya que algunos animales pueden quedar como reservorios y ser infectivos para los flebotomos que les pican.

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