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Intoxicación por liliáceas en gatos, ¿más frecuente de lo que pensamos?

Caso clínico


Flor Dessal Marino
DVM, GP Cert SAS, GP Cert Neuro
Gattos Centro Clínico Felino
www.gattos.net
Imágenes cedidas por la autora

Las plantas de los géneros Liliaceae y Hemerocallis han mostrado ser altamente peligrosas por su toxicidad. Estas variedades ornamentales se incluyen en prácticamente todos los arreglos florales y ramos de flores, además de venderse como bulbos para adornar jardines, por lo que su presencia en los hogares de nuestro país es común. Los gatitos jóvenes suelen presentarse como grupo de mayor riesgo ya que en general son más curiosos e inspeccionan cualquier objeto nuevo que aparece en la casa.



Cuadro 1. Especies potencialmente mortales para el gato.
Easter (Lilium longiflorum)
Tiger (Lilium catesbaei)
Day (Hemerocallis l.)
Asiatic
Stargazer
Lirio de los valles (Convallaria majalis)
Peace (Spathiphyllum)

Al contrario de lo que ocurre con otras plantas, todas sus partes producen toxicidad: tallo, hojas, flores, pistilos, raíces, polen e incluso la savia y la humedad que puedan desprender, por lo que debemos considerarlas altamente peligrosas.

Los gatos que sufren intoxicación suelen morder las flores, aunque muchos pueden contaminarse simplemente al lamer su propio pelo en el que ha caído polen de la planta.

Fisiopatogenia

Estas plantas producen daño renal y, en menor medida, pancreático, aunque el mecanismo por el cual actúan sobre estos órganos aún se desconoce. Un estudio (Rumbeiha et al., 2004) determinó que es la porción acuosa de la planta y no la orgánica la responsable de la toxicidad, por lo que las flores secas no supondrían ningún peligro para el gato.

A nivel estructural el tóxico produce necrosis aguda de los túbulos contorneados proximales en el riñón (figura 1), y degeneración de las células acinares pancreáticas. Se trata por tanto de daños muy severos y desgraciadamente irreversibles en muchos casos.



Figura 1. Detalle anatómico del riñón (izq.) y del páncreas felino.

En el cuadro 1 aparecen las especies potencialmente tóxicas para los gatos.

Signos clínicos

Los signos clínicos no son específicos y serían compatibles con los de fallo renal agudo y/o pancreatitis: depresión, vómitos, letargia, dolor abdominal (figura 2), polidipsia, poliuria y anorexia. Los signos aparecen de forma aguda, aunque generalmente no hiperaguda, desarrollándose a las 24-48 horas desde el contacto con la planta. Si no se controlan los signos de forma temprana evoluciona y, en los casos graves, podemos ver un cuadro de SIRS (síndrome de respuesta inflamatoria sistémica): fiebre o hipotermia, taquipnea, respiración superficial, oliguria/anuria o hipotensión.



Figura 2. Gato con expresión facial de dolor.

Diagnóstico

No existe ninguna prueba específica que nos confirme una intoxicación por liliáceas, por lo que la clave diagnóstica es evidentemente conocer si el gato ha podido tener contacto con la planta. Es importante recordar que, aunque la planta esté intacta (no haya evidencias de que el gato haya podido morder alguna de sus partes), el polen también puede desencadenar el cuadro.



Figura 3. Tira de orina con marcada proteinuria.

En el análisis de orina podremos observar en algunos casos la aparición de glucosuria y/o proteinuria (figura 3).

En el análisis de sangre veremos aumento en los niveles de creatinina, urea y creatinin kinasa (CK). A medida que pasan las horas puede aparecer disminución del hematocrito. Es recomendable colocar un catéter intravenoso para obtener de él la muestra de sangre y mantenerlo permeable para poder administrar fluidos una vez que tengamos los resultados.

En la mayoría de los casos obtendremos un valor de fPLI (feline pancreatic lipase) compatible con pancreatitis.

La imagen ecográfica de los riñones puede ser compatible con glomerulonefritis (imagen ligeramente hiperecogénica con engrosamiento de la cortical) o incluso aparecer una pequeña cantidad de líquido libre perirrenal, aunque en muchos casos la imagen y tamaño de los riñones no presentan alteraciones. De la misma forma, el páncreas puede presentar aumento de tamaño y/o de ecogenicidad (figura 4), pero no en todos los casos.

Si hay pancreatitis grave, esta puede generar la aparición de derrame pleural, con la consiguiente alteración de la imagen radiográfica.



Figura 4. Imagen ecográfica en corte longitudinal de un páncreas con parénquima marcadamente hiperecogénico.

En el cuadro 2 podemos ver la lista de pruebas diagnósticas necesarias para un diagnóstico correcto.



Cuadro 2. Lista de pruebas diagnósticas necesarias para un diagnóstico correcto.
Análisis de sangre: hematología completa, creatinina, urea, glucosa, albúmina, globulinas, proteínas totales, creatinin kinasa, fósforo, calcio e iones
Ecografía abdominal
Toma de tensión arterial
fPLI (enzima pancreática específica felina)
Análisis de orina
Radiografía de tórax

Tratamiento

El tratamiento de esta intoxicación debe ir encaminado, en una primera fase, a intentar minimizar la absorción del tóxico.

Por desgracia, cuando el paciente llega a nuestro centro suelen haber pasado ya varias horas desde la ingestión y esta primera fase no es tan efectiva como nos gustaría, aunque debe permanecer en nuestro protocolo. Debemos provocar el vómito para que el animal expulse los restos de la planta que se encuentren en el estómago. Para ello podemos administrar una dosis intramuscular (IM) o subcutánea (SC) de dexmedetomidina (0,005 mg/kg). Los fármacos que habitualmente se utilizan en la especie canina (ipecacuana, apomorfina) pueden resultar contraproducentes en el gato.

Tras la administración de la dexmedetomidina, hayamos o no conseguido que el paciente vomite, podemos añadir una dosis de midazolam intramuscular (0,3 mg/kg) para conseguir una sedación que nos permita manejarlo. A continuación, debemos introducir una sonda hasta el estómago (podemos utilizar un tubo de esofagostomía) y realizar 2 o 3 lavados con suero salino fisiológico (volumen de suero por lavado 20 ml/kg aproximadamente). Sin retirar la sonda introduciremos una dosis de carbón activado para intentar neutralizar los posibles restos del tóxico. El carbón activado suele presentarse en cápsulas (de dosis variable, las más comunes contienen 200 mg); la dosis para el gato es de 1-5 mg/kg. El carbón activado debe administrarse con un catártico, como el sorbitol o la metoclopramida. El segundo fármaco suele estar disponible en todos los centros veterinarios por lo que resulta más útil. La dosis adecuada a su peso (0,2 mg/kg) debe ser mezclada, en su forma inyectable, con el carbón activado.

Mientras realizamos las maniobras para reducir la absorción del tóxico es probable que ya tengamos los resultados del análisis de sangre, por lo que podremos calcular qué tipo de fluidoterapia necesita nuestro paciente y a qué volumen, teniendo en cuenta el porcentaje de deshidratación y que se encuentra en fallo renal agudo. Si no contamos con equipo de bioquímica en la clínica, la mejor opción es iniciar la fluidoterapia lo antes posible con cristaloides, en concreto Ringer Lactato.

Como medicación debemos administrar ranitidina (2,5 mg/kg), antieméticos como maropitant (1 mg/kg) y analgésicos. En estos casos recomendamos el uso de buprenorfina (0,018 mg/kg), cada 12 o incluso cada 8 horas si es necesario.

La duración del tratamiento y la fluidoterapia vendrá determinada por la evolución del paciente, tanto de sus signos clínicos como de sus parámetros sanguíneos.

Resulta necesario repetir el análisis de sangre completo al menos cada 24 horas. Estos pacientes precisan monitorización constante, en la que debemos incluir temperatura corporal (Tª), frecuencia respiratoria (FR), frecuencia cardíaca (FC) y tensión arterial (TA). Estos parámetros deben medirse cada media hora, o incluso cada 10 minutos si alguno de ellos es anormal (rangos normales en el gato: Tª 37,5-39 °C, FR hasta 30 rpm, FC 120-200 lpm, TA 100-150 mmHg). Nuestro personal auxiliar debe conocer los parámetros normales para la especie y llevar un control exhaustivo de la evolución del paciente. Deben informarnos de cualquier cambio en su estado para poder realizar las pruebas diagnósticas o los cambios necesarios en su tratamiento, como una nueva radiografía de tórax o incluir dispositivos para aumentar su temperatura corporal.

Pronóstico

El pronóstico de estos pacientes varía en función de distintos factores, como la cantidad de tóxico ingerida, el tiempo transcurrido desde la ingestión hasta el inicio del tratamiento, si el animal ha vomitado tras la ingestión, el diagnóstico y tratamiento o la afectación del páncreas. También varía mucho según la fuente consultada; así, en un artículo (Bennett & Reineke, 2013) la supervivencia es prácticamente del 100 %, mientras que en otros se reduce a un 25 % de los pacientes.

En la experiencia de la autora, los gatos que han ingerido de forma activa parte de la planta tienen un pronóstico por lo general reservado/malo, y es algo de lo que debemos informar a los dueños.

Como vemos, la intoxicación por liliáceas en los gatos es un cuadro muy grave, pero a la vez evitable si se difunde la información necesaria. Recomendamos que en nuestros centros veterinarios existan hojas informativas alertando del peligro de estas y otras sustancias tóxicas.

Bibliografía disponible en www.argos.grupoasis.com/bibliografias/liliaceas162.doc

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