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Conductas compulsivas

Las conductas compulsivas se realizan de forma repetitiva, invariable y sin función aparente


Daniel Ferreiro[1], Tomás Camps[2], Marta Amat[2]
1. Servicio de Etología Veterinaria del Hospital Veterinario Guadiamar
2. Departamento de Etología del Hospital Veterinario de la UAB

Las conductas compulsivas son aquellas conductas anormales que se realizan de forma repetitiva, invariable y sin función aparente [1]. Mason establece una clasificación funcional y divide las conductas compulsivas en dos grandes grupos: aquellas que aparecen como una estrategia comportamental para hacer frente a unas condiciones ambientales adversas y aquellas que son resultado de cambios patológicos a nivel neural y de un funcionamiento anormal del cerebro (enfermedad) [8].

Estas conductas de carácter compulsivo proceden de otros patrones de comportamiento (acicalamiento, locomoción, alimentación, caza, agresividad) pero se manifiestan de forma exagerada, fuera de contexto e interfieren con la vida normal del animal [2].

Este trastorno comparte similitudes con los trastornos obsesivos compulsivos de medicina humana, como la respuesta a determinados tratamientos, pero dado que en medicina veterinaria no se puede afirmar que existe un componente obsesivo [1], en este artículo se utilizará el término conducta compulsiva.

Manifestación clínica de las conductas compulsivas

Durante la manifestación de las conductas compulsivas, el animal puede llegar a causarse lesiones y automutilaciones, lo que podría empeorar el problema y servir como agente cronificador.

Existen varios comportamientos observados en los perros y en los gatos que comparten estas características, y que podrían clasificarse como conductas compulsivas [3]:

  • El síndrome de hiperestesia felina es un comportamiento complejo. El animal tiene una conducta frenética, con carreras súbitas y espasmos de la musculatura cutánea dorsal. Puede o no mostrarse agresivo y el estímulo desencadenante suele ser el contacto físico o las caricias [1].
  • La alopecia psicógena forma parte de un grupo de enfermedades que afectan a la piel causadas por una conducta de acicalamiento excesivo (las dermatosis psicógenas), que no pueden justificarse por la presencia de lesiones pruriginosas. La forma de acicalamiento que normalmente está alterada es de tipo oral, y suele afectar sobre todo al tercio posterior del abdomen y a la cara medial de las extremidades posteriores [1].

Las conductas compulsivas pueden aparecer por primera vez a cualquier edad, y son igual de frecuentes en machos y en hembras [1]. Se ha observado cierta predisposición racial (tabla 2), lo que puede indicar cierto componente genético que contribuya en la aparición de este trastorno [1,2].

Hay que tener en cuenta que estas conductas han de cumplir las características antes citadas para considerarse conductas compulsivas, es decir, el animal tiene que realizarlas repetida e invariablemente y sin ninguna función aparente.

Causas

Debemos considerar que las conductas compulsivas son un signo, no un diagnóstico, por lo que pueden tener diversas causas.

En primer lugar, tendremos en cuenta que todas las conductas compulsivas comentadas pueden tener una causa orgánica [8], lo que nos obliga a descartar esta posibilidad antes de asumir un diagnóstico etológico. Existe una gran variedad de causas orgánicas que pueden dar lugar a conductas compulsivas: causas intracraneales como tumores o hidrocefalia, fracturas de la cola, problemas dermatológicos cuando la conducta es de tipo “acicalamiento”, epilepsia psicomotora, encefalopatía hepática o intoxicación por plomo son algunas de las causas más frecuentes.

No obstante, las conductas compulsivas se asocian a menudo a factores ambientales y a situaciones que generan ansiedad o estrés, como por ejemplo:

  • Conflicto: hace referencia a una situación en la que un animal tiene dos motivaciones muy intensas a la vez totalmente incompatibles una con otra. Algunos animales en estas situaciones terminan por realizar una conducta que no está relacionada con ninguna de las motivaciones principales, y que aparece totalmente fuera de contexto como, por ejemplo, conductas de acicalamiento. Estas son las conductas de desplazamiento o también llamadas conductas en vacío y, según algunos autores, si aparecen muy frecuentemente durante mucho tiempo pueden dar lugar a conductas compulsivas.
  • Frustración reiterada o crónica: se refiere a situaciones en las que el animal no puede realizar una conducta por la que tiene una alta motivación. Esto puede ocurrir en situaciones de aislamiento prolongado y mantenimiento en ambientes pobres en estímulos. Existen evidencias de que ciertos comportamientos como la coprofagia, el acicalamiento excesivo y otras conductas estereotipadas son típicamente expresadas bajo condiciones de baja estimulación mental (por ejemplo los animales encerrados en caniles durante mucho tiempo o que permanecen solos en el jardín 24 horas al día). Las condiciones de vida de los refugios caninos pueden considerarse análogas a las de animales salvajes viviendo en cautiverio. En este sentido, se ha observado una alta incidencia de coprofagia y acicalamiento excesivo en perros de refugio albergados en condiciones de aislamiento social y espacios reducidos. En relación al aislamiento social, existen estudios que demuestran una mayor incidencia de circling o coprofagia en animales albergados solos que en los animales alojados en grupo [7].

También existen otras situaciones de estrés crónico que parecen favorecer la aparición de estas conductas compulsivas. Algunos casos de dermatitis acral por lamido (DAL) parecen ser secundarios a ansiedad por separación. Por otro lado, el castigo inconsistente por parte del propietario da lugar a una situación de falta de previsibilidad y control sobre el ambiente para el animal que puede favorecer que aparezcan conductas compulsivas. De esta forma, el conflicto, la frustración, la ansiedad o el estrés crónico pueden servir como detonante de una conducta compulsiva. Es decir, siempre que aparece el estímulo que provoca estas situaciones se dan las conductas compulsivas. Pero puede ocurrir, si la situación persiste y no se soluciona, que tras un largo periodo realizando esta conducta con alta frecuencia no sea necesario que aparezca el estímulo detonante para la manifestación de la conducta compulsiva (emancipación). Y que ésta se manifieste sin relación alguna con el contexto original que la provocó. Las conductas compulsivas de tipo locomotor responden a este patrón, y el animal presenta una excitación aparente. Pero en las de tipo oral, el animal parece estar relajado y aparecen en contextos donde resulta muy difícil encontrar el detonante ambiental (si lo hubiera) [3].

Resulta importante mencionar que las conductas compulsivas suelen estar reforzadas involuntariamente por el propietario. Si el propietario sólo presta atención al perro cuando realiza esta conducta, aunque sea con el objetivo claro de interrumpirla, la conducta puede tender a repetirse por las consecuencias obtenidas por la misma [1,3].

Diagnóstico

El diagnóstico de las conductas compulsivas se basa en la observación de la conducta, una anamnesis etológica profunda y en la exclusión de una causa orgánica [3].

La anamnesis debe recoger una historia detallada de los hábitos de vida del animal, información sobre cómo se inició el problema y cómo ha evolucionado, descripción de los contextos en los que el comportamiento se realizaba inicialmente y los contextos en los que se realiza ahora, descripción de otros aspectos como momento del día, presencia de personas o el comportamiento previo a la manifestación de la conducta compulsiva, una descripción del comportamiento en sí (a ser posible acompañada de una grabación en vídeo), la reacción de los propietarios ante la conducta, la facilidad o dificultad para interrumpir la conducta y el comportamiento del animal tras la conducta compulsiva [3].

Atendiendo a la clasificación de Mason, no podremos establecer un diagnóstico etológico para una conducta compulsiva sin descartar una causa orgánica que pueda justificar un mal funcionamiento del cerebro [8].

Para excluir causa orgánica será necesario, al menos, un examen físico general, un examen neurológico, una hematología y bioquímica y un urianálisis [1,3]. En los casos de DAL, lamido de los flancos o alopecia psicógena, es imprescindible realizar un protocolo dermatológico completo. En otros casos, como los perros que cazan moscas imaginarias, puede ser necesaria la realización de pruebas oftalmológicas [1]. Las conductas compulsivas son muy heterogéneas y las causas más frecuentes son problemas neurológicos, dermatológicos, metabólicos e infecciosos, por lo que las pruebas diagnósticas pueden variar en función de cada caso individual.

Tratamiento de las conductas compulsivas sin causa orgánica

Las conductas compulsivas tienen un pronóstico reservado y el plan de tratamiento no siempre consigue el éxito esperado. Aunque en un estudio de Overall en la mayoría de los casos se conseguía una reducción considerable de la conducta tanto en intensidad como en frecuencia, lo que puede hacer más viable la vida del animal, y ser menos para el propietario [4]. No obstante, si la conducta compulsiva está emancipada, es decir, aparece con independencia del estímulo que originalmente la provocaba, el pronóstico es malo.

El plan de tratamiento consiste en:

  • Terapia farmacológica.
  • Modificación del ambiente (eliminar fuente de conflicto/estrés/frustración, aumento de la estimulación mental, rutinas de paseos, ejercicio, alimentación, obediencia).
  • Corrección del manejo del propietario (evitar castigo, refuerzo involuntario, manejo) [1,3,4].

Terapia farmacológica

La clomipramina es el fármaco de elección para el tratamiento de las conductas compulsivas. En perros, se recomienda una dosis de 2-3 mg/kg cada 12 horas, y en gatos, de 0,5-1 mg/kg una vez al día [3]. Sin embargo, algunos autores recomiendan una introducción progresiva para evitar alteraciones gastrointestinales, de esta forma empiezan a 1 mg/kg cada 12 horas durante 14 días, seguidos de otros 14 días a 2 mg/kg cada 12 horas, y por último se pasa a 3 mg/kg cada 12 horas durante un mes, para un tratamiento mínimo de 2 meses [4]. Además, se recomienda que la retirada del fármaco sea progresiva, eliminando no más de un 25 % de la dosis por semana hasta la retirada total [1,3].

No obstante, en la literatura existen referencias a tratamientos con otros psicofármacos como la fluoxetina, la sertralina o la paroxetina [3,4].

Cabe mencionar que están apareciendo nuevas opciones de tratamiento, como la memantina, un antagonista de los receptores NMDA. Aunque es un tratamiento muy caro, parece ser una opción muy efectiva en la reducción de las conductas compulsivas. Se puede administrar sola o en combinación con fluoxetina o clomipramina, por lo que representa una opción para tener en cuenta en aquellos animales resistentes al tratamiento con inhibidores de la recaptación de la serotonina [9,10].

Tratamiento etológico

  • Modificación del ambiente: eliminar fuente de conflicto/estrés/frustración, aumentar la estimulación mental, establecer rutinas de paseos, ejercicio, alimentación, obediencia.
  • Corrección del manejo del propietario: evitar castigo, refuerzo involuntario, manejo.

En primer lugar, resulta imprescindible eliminar la fuente de estrés/ansiedad, conflicto o frustración. En algunos casos resulta muy difícil conocer el detonante ambiental. En otros casos, se puede identificar el desencadenante y para eliminarlo han de tratarse primero otros problemas de comportamiento, como por ejemplo DAL en ansiedad por separación. Existe la posibilidad de que sea imposible eliminar el estímulo desencadenante de la conductas compulsivas; por este motivo, debemos advertir a los propietarios de la dificultad del tratamiento en esta situación, e indicarles que el cambio de domicilio/propietario puede ser una solución razonable.

Cuando una conducta compulsiva está establecida, cualquier situación estresante puede perpetuarla. Por lo tanto, está indicado tratar de reducir el estrés ambiental todo lo que sea posible. Dado que el castigo, per se, es impredecible y estresante, está contraindicado aplicarlo en los animales afectados [3]. Nuestro objetivo va a ser dar al animal la máxima previsibilidad y control sobre el ambiente. Instruiremos a los propietarios para que interaccionen con el animal de forma consistente y estructurada. Es recomendable establecer un régimen regular de paseos, de alimentación, de rotación de juguetes para aportar estructura a la rutina diaria del animal. Una actividad que requiera ejercicio físico como puede ser el frisbee dog o el agility, o cualquier actividad de entrenamiento en obediencia orientada al juego pueden ser beneficiosas para el animal [5]. En gatos se recomienda incluir dentro del protocolo de enriquecimiento ambiental momentos de juego concentrados a la misma hora del día, con juguetes de tipo plumeros, cañas de pescar o incluso jugar a lanzar y traer [3].

También se puede introducir un programa de contracondicionamiento, también llamado de sustitución de respuesta. Si los propietarios se deciden por utilizar esta herramienta es necesario avisarles de la importancia de realizar este trabajo de forma consistente para que el tratamiento sea eficaz. Es muy importante que el animal nunca tenga la oportunidad de manifestar la conducta compulsiva. En perros, se les enseña con refuerzo positivo a realizar una conducta incompatible, es decir, que no puede realizar a la vez que la conducta compulsiva. Cada vez que el perro muestre algún signo de que va a realizar la conducta compulsiva, se interrumpirá indirectamente y se le pedirá la nueva conducta alternativa [3,5]. Es muy importante que la interrupción se haga de forma indirecta, es decir, con estímulos ajenos al propietario (por ejemplo, un ruido desde lejos) antes de pedir la orden. Es imprescindible que la distracción del animal sea efectiva; si no es el caso, pedir la nueva conducta puede que no sólo sea inefectivo, sino que agrave el problema sirviendo de refuerzo involuntario [3].

Recordemos que este último podría ser la causa de algunas conductas compulsivas y eliminarlo es primordial en el tratamiento [1,3]. Debemos tener en cuenta que los perros con conductas compulsivas son más persistentes que los demás. En un estudio se sometió a perros con y sin conductas compulsivas a un programa de extinción de una conducta (tocar con la nariz) previamente entrenada y reforzada durante 40 ensayos. Se observó que el número medio de respuestas dadas por los perros con conductas compulsivas durante la fase de extinción era casi el doble que el número medio de respuestas que daban los animales del grupo control [6].

Conclusión

Las causas de las conductas compulsivas se pueden dividir en dos grandes grupos:

  • Orgánicas (problemas neurológicos, dermatológicos, infecciosos o metabólicos).
  • No orgánicas (conflicto, frustración, ansiedad o ansiedad mantenido en el tiempo).

Es muy importante llegar a un diagnóstico definitivo para poder implementar el plan de tratamiento adecuado.

Se trata de un problema de comportamiento con pronóstico reservado, aunque con un tratamiento adecuado en la mayoría de los casos debería reducirse considerablemente el problema en frecuencia e intensidad.

Bibliografía

1. X. Manteca (2003) Etología Clínica Veterinaria del perro y del gato. Ed. Multimédica Ediciones Veterinarias.
2. R. E. Mentzel (2006) Trastorno obsesivo compulsivo en caninos y felinos. II Jornadas Latinoamericana de Etología Clínica. Asociación Veterinaria Latinoamericana de Zoopsiquiatría.
3. A. Luescher (2000) Compulsive Behavior in Companion Animals. Recent Advances in Companion Animal Behavior Problems. International Veterinary Information Service (www.ivis.org).
4. K. Overall, A. Dunham (2002) Clinical features and outcome in dogs and cats with obsessive-compulsive disorder: 126 cases (1989-2000). J Am Vet Med Assoc.
5. Steven R Lindsay (2005) Handbook of Applied Dog Behaviour and Training. Vol. 3. Ed. Blackwell Publishing.
6. Alexandra Protopopova, Nathaniel J. Hall, Clive D.L. Wynne (2014) Association between increased behavioral persistence and stereotypy in the pet dog. Behavioural Processes 106 (77–81).
7. Gabriela Barrera, Adriana Jakovcevic, Mariana Bentosela. (2008) Calidad de vida en perros alojados en refugios: intervenciones para mejorar su bienestar. Suma Psicológica, Vol. 15 N° 2 Septiembre de 2008, 337-354.
8. G. Mason, J. Rushen (2006) Stereotypic animal behaviour Fundamentals and Applications to Welfare.
9. Schneider BM, Dodman N.H, Maranda L. (2009) Use of memantine in treatment of canine compulsive disorders. Journal of Veterinary Behavior 4, 118-126.
10. Overall, K (2013) Manual of Clinical Behavioral Medicine for Dogs and Cats. Elsevier.

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