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¿Qué profesión es esta que amamos tanto pero que jamás aconsejaríamos a nuestros hijos o hijas ejercer?


El día 24 de marzo en Sabadell (Barcelona), tuve el placer de ser invitada como moderadora a una mesa redonda organizada por Esquerra Republicana de Catalunya. Ante todo, quise que me informaran del objetivo de dicha mesa redonda y de qué podía aportar yo a dicho encuentro. En seguida me sentí atraída por la idea, con la finalidad de no perder ni una sola oportunidad que se nos ofreciera a los veterinarios para plantear nuestra situación actual, que afecta a todo el colectivo y, con él, a toda la sociedad.

Uno de los invitados a la mesa redonda fue Joan Capdevila, veterinario vocacional, hijo de veterinario y en la actualidad político (y, creo yo, por poco tiempo…). He tenido el placer de conocer en él a una persona entregada, luchadora, que lleva en sus venas pasión por lo que hace, pasión por lo que a todos nos une aquí. Una vocación que va más allá de la profesión y que es para muchos nuestro modus vivendi. Una vocación que va con nuestra personalidad y que tan poco, a veces, nos aporta. Una vocación que tantas veces nos frustra cuando volvemos de congresos que nos alejan de nuestras familias y nos vuelven más pobres de bolsillo y más ricos en ciencia.

Necesitamos que la sociedad reconozca nuestra labor

Que somos buenos, ya lo sabemos. Ahora falta que sea la sociedad española la que nos tenga en cuenta. Sobre nuestras espaldas recae toda la responsabilidad de crear una imagen del veterinario como profesional a respetar y considerar, sea en cual sea el sector en el que trabaje.

Joan lo ha dejado todo de forma temporal para luchar por cosas que nos deberían hacer “salir” de nuestras clínicas, de nuestros ambientes rurales o no, de nuestro funcionariado o ámbito privado: que salga más caro ir al veterinario a visitar al perro (21 %) que a un espectáculo en el cual se da muerte a un animal (10 %), debería de hacer que nos replanteásemos muchas cosas en profundidad y a muchos niveles…

Y tampoco nos hemos levantado para decir basta. Tampoco.

Nos quejamos de los colegios que no nos representan, nos quejamos de la injusticia fiscal que sufren nuestros clientes que pagan este 21 % por visitar a sus mascotas y de muchas otras cosas. Nos quejamos.

Nos vamos formando y equipando más y más científica y tecnológicamente hablando, pero nuestra imagen sigue siendo la que es.

Nuestra función socio-sanitaria sigue gravada al 21 % en la clínica de pequeños animales, con el agravante de estar pagando un impuesto indirecto al vendernos productos al 10 % y obligarnos a facturar el 21 %. Si mal no calculo, creo que nos están “sustrayendo” un 11 % de nuestros beneficios.

Y claro… continuaremos diciendo que “no sirve de nada todo lo que hagamos”… Pero, ¿es que hacemos algo? Como decía una compañera: “¿Qué profesión es esta que amamos tanto pero que jamás aconsejaríamos a nuestros hijos o hijas ejercer?”.

Para los que me habéis pedido información al respecto, nuestro compañero Capdevila presentó el 4 de octubre del año pasado una PNL, y… ¿Qué es esto? Una Proposición no de Ley para bajar nuestro IVA con el voto en contra de un partido político y la abstención de otro. Todos los otros partidos políticos votaron a favor.

Una PNL es una Proposición no de Ley, una instancia al gobierno para que hagan… hagan alguna cosa. No es una ley, no tiene poder ejecutivo, no tienen que responder siquiera. Ahora, con la discusión de los Presupuestos Generales del Estado, se va a presentar una enmienda para hacerles memoria.

“¡Vaya con los veterinarios! ¿Otra vez aquí?”… Pues se tienen que hartar de nosotros señores y señoras.

En muchas ocasiones, invertimos tiempo y dinero en nuestro trabajo sin ningún reconocimiento

La otra invitada fue Maria Pifarré, miembro del Colegio de Veterinarios de Barcelona, miembro del Consejo de Colegios Veterinarios de Cataluña, creadora del Comité de Veterinarios para la Protección Animal y experta en el Archivo de Identificación de Animales de Compañía.

María no perdió la ocasión de contestar de la forma inteligente y aguda que la caracteriza, a las intervenciones del público como: “Los veterinarios tenéis que obligar a microchipar y no dejar salir de vuestras clínicas animales no identificados”. ¡Ay! Que poco se conoce la realidad de nuestro día a día… A la sociedad se le olvida o desconoce por completo por qué se nos ha ocurrido dedicarnos a este trabajo y los sacrificios que supone.

Hablo por y para todos los veterinarios de todos los sectores y rincones de España.

La dedicación, el nivel de exigencia que tenemos con nosotros mismos, el compromiso con el bienestar animal, hace que muchas veces invirtamos tiempo y dinero de forma desinteresada y sin ningún reconocimiento.

Todos tenemos algún animal al que no vinieron a buscar o no quisieron por alguna patología… Pero en este país esto se puede hacer, porque nuestro testimonio o denuncia no sirve para nada y quien nos tiene que escuchar no está por la labor.

Somos la garantía sanitaria que hace de barrera entre las patologías animales y las personas.

Además podemos detectar malos tratos en los animales y alertar así de posibles malos tratos hacia personas, documentación más que contrastada en Estados Unidos. Estudios realizados por especialistas españoles han ayudado al FBI a establecer una directa relación entre maltratadores de animales y maltratadores en el ámbito familiar-social muy peligrosos y violentos.

Aquí, los veterinarios otra vez infravalorados e infrautilizados.

El papel de la defensa de los derechos de los animales es abanderado de multitud de entidades animalistas a las cuales admiro y respeto enormemente. El objetivo es común para todos. Multitud de voluntarios con su modus vivendi particular, que les permite vivir y dedicar su tiempo a libre a esta honrosa causa. Nosotros, los veterinarios, que hemos cometido el “gran error” de pensar que aparte de amar a los animales podríamos vivir de ello, somos tachados de oportunistas, inhumanos, usureros… Es que, señores y señoras, somos científicos apasionados pero tenemos familias.

Aquí, los veterinarios otra vez malentendidos.

El momento de decir BASTA

Una administración que no nos tiene en cuenta, unas leyes que no se hacen cumplir, un colectivo que no se hace escuchar y, lo más grave, que no se quiere así mismo, que deja en la palestra a un pequeño grupo que intenta representarnos a todos.

Campañas low cost permitidas, que a la larga salen más caras y que empobrecen nuestro prestigio y esfuerzo científico cultivado desde hace años, nos llevan a un mercado… mejor, a un “mercadillo” que amenaza con llevar a la veterinaria a sus más antiguos orígenes: a técnicas con una praxis que no sería aceptada en la actual veterinaria, técnicas que fueron la cuna necesaria que emprendieron nuestros ancestros a los cuales les debemos mucho, pero que actualmente están a años luz de lo que muchos de vosotros podéis ofrecer a la profesión.

Por favor, como dijo un buen profesor de histología: “Señores, hay momentos y lugares”.

Pues ahora, señores y señoras, es el momento y nos debería servir cualquier lugar de España para que nuestro colectivo diga BASTA.

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