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Cómo mejorar la digestibilidad del alimento y regular el consumo en aves

3º Ciclo de Conferencias Técnicas en Avicultura del INTA


El grupo de avicultura de la Estación Experimental Agropecuaria del INTA de Concepción del Uruguay, en el marco del 3º Ciclo de Conferencias Técnicas en Avicultura, desarrolló el módulo Nutrición avícola II, en el que Pedro Deluchi disertó sobre los aspectos del uso de enzimas en dietas para aves y sobre la gestión del consumo y su relación con la productividad avícola.

A la hora de considerar el uso de aditivos que faciliten la digestión del alimento, se debe tener en cuenta la escasa longitud del tracto gastrointestinal del ave y la rápida velocidad del paso del alimento a través del mismo. La digestión del almidón, de la proteína y los lípidos del alimento se realiza a través de enzimas específicas del ave en el tracto gastrointestinal.

Las enzimas pueden utilizarse para mejorar la digestibilidad del alimento, ya que actúan sobre los componentes menos digestibles, permitiendo el acceso a las enzimas gástricas para su mejor asimilación por el organismo.

La adición de enzimas al alimento aumenta la disponibilidad del almidón, de las proteínas y el fósforo e hidroliza los carbohidratos viscosos y el material fibroso, complementando la acción de las enzimas producidas por el propio animal.

Las enzimas de degradación utilizadas para la complementación que hidrolizan un sustrato específico que el animal no puede digerir, o lo hacen parcialmente y lo reducen a partículas aprovechables, entre otras, son: fitasas, glucanasas, celulasas, galactosidasas, xilanasas, amilasas y proteasas.

Además, existe una gran variedad de enzimas específicas para cada fracción de alimento. Por ejemplo, las amilasas tienen acción sobre el almidón y otros azúcares; las xilanasas sobre componentes estructurales como celulosas, hemicelulosas y ligninas; las proteasas sobre la fracción proteica. Las fitasas por su parte, efectúan la liberación del ácido fítico presente en los vegetales, permitiendo un mejor aprovechamiento del mismo y permitiendo disminuir las fuentes de fósforo de la dieta (ya sean de origen animal o de origen inorgánico). Por otro lado, el agregado de enzimas al alimento disminuye el impacto de la variabilidad de la calidad de las materias primas. Por ejemplo, a través del uso de proteasas específicas pueden destruirse factores inhibidores de tripsina y diversificar el riesgo con un menor impacto económico y disminuir el uso de materias primas potencialmente riesgosas.

Desde el punto de vista de la salud intestinal, la adición de enzimas influye indirectamente sobre el número de microorganismos en el tracto digestivo al mejorar la digestibilidad de nutrientes y reducir la cantidad del sustrato disponible para comunidades microbianas en el tracto digestivo posterior.

El uso de enzimas endógenas puede mejorar la calidad de la cama de pollo, al reducir el volumen fecal y la excreción de nitrógeno y fósforo. En general, el uso de enzimas permite la reducción del coste de la alimentación y de los costes operativos, ya que permite disminuir el impacto de la variabilidad de los ingredientes, considerarse como una alternativa adicional en el control de la salud intestinal y reducir el impacto ambiental.

Respecto al consumo voluntario de alimento, Deluchi explicó que es la cantidad de alimento ingerido por un animal o grupo de animales durante un periodo de tiempo en el que tienen libre acceso al mismo.

Para regularlo se deben considerar los factores que dan inicio al consumo y la duración y la intensidad del mismo. De manera general se puede decir que los signos que permiten la regulación del consumo se integran en el hipotálamo. Para que haya saciedad es necesario que el alimento ingerido llegue al intestino delgado. Los metabolitos que actúan de señales viajan vía sanguínea, no existiendo un metabolismo específico, sino que se trata de una señalización compleja integrada por nutrientes, hormonas y reguladores del metabolismo transmitida por neurotransmisores al cerebro, es decir a los centros de la saciedad y del apetito. Los estímulos periféricos que actúan sobre la regulación del consumo pueden ser de naturaleza física o química, resultando el consumo de alimento producto de la digestibilidad del alimento y, en gran parte en el caso de las aves, de la energía de la dieta.

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