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Los centros de inseminación porcina tienen un amplio margen de mejora

La disminución del número de verracos y la transferencia de una genética mejor compensarían el mayor coste inicial


El pasado jueves 9 de mayo se celebró en Zaragoza el VII Encuentro Técnico Internacional Magapor, bajo el título “Transferencia productiva del CIA a las explotaciones de reproductoras”. El congreso, celebrado por primera vez en 2006, se ha convertido en una cita tradicional de especialistas en inseminación artificial porcina no sólo de España, sino de otros países como Canadá, Japón, Ucrania, etc. En esta ocasión más de 150 asistentes pudieron escuchar a destacados expertos, como Jennifer Patterson y George Foxcroft, de la Universidad de Alberta (Canadá); Marcello Marchesi, de Grupo Martini (Italia); María Victoria Falceto, de la Universidad de Zaragoza (España); Andrey Pavlov, de Miratorg Company (Rusia); Pedro Ivo de Quadros Filho, de Bretanha (Brasil), Jimmy Hargrove, de Murphy Brown LLC (Estados Unidos); y, por supuesto, los integrantes del equipo técnico de Magapor: Juan Luis Úbeda, Raquel Ausejo y Yahya Dahmani, así como Sergio Barrabés, director del departamento internacional.

La Dra. Patterson presentó un proyecto de mejora del efecto de la inseminación artificial porcina, realizado en un centro de inseminación propio de una explotación. El proyecto constaba de tres etapas: en la primera se evaluó la fertilidad de los verracos, para lo cual se prepararon las dosis individualmente (no en pool como suele hacerse) con una concentración menor (2.000 millones de espermatozoides en lugar de 3.000). De esta forma, se eliminaron los machos con peores índices de fertilidad y de menor valor genético (aunque estos parámetros no están correlacionados) y se incrementó la productividad por verraco en un 60%, y se implementaron evaluaciones individuales.

En la segunda fase, se evaluó el uso de inseminación artificial poscervical para optimizar la difusión del material genético de alta calidad de los machos de élite. Los resultados de este ensayo mostraron que la implementación de esta técnica mejoró la productividad general en la explotación y, como en el CIA quedaron los verracos de mayor valor genético, también los cerdos producidos fueron de mayor valor comercial.

Por último, se ensayó la inseminación única, con la ayuda de Ovugel, un producto que permite inducir la ovulación de las cerdas. Dado que el número de dosis a utilizar disminuyó, este protocolo permitió reducir aún más el número de verracos del centro.

La exposición de la Dra. Patterson despertó un gran interés entre los asistentes, que quisieron saber la rentabilidad y la replicabilidad del ensayo. Patterson afirmó que si bien estas mejoras implican costes adicionales, se ven compensados por la disminución del número de verracos en el CIA y la transferencia de una genética mejor a sus descendientes.

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