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Falta conciencia pública sobre las consecuencias de la pérdida de la biodiversidad


“La ciencia desconoce todavía la inmensa mayoría de los insectos y otros invertebrados, así como casi la totalidad de las bacterias y otros microorganismos”, dice el doctor Edward Wilson.
La Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó al 2010 como el año Internacional de la Diversidad Biológica con el fin de atraer más la atención internacional sobre la pérdida continua de la biodiversidad.
Edward O. Wilson, un entomólogo especializado en el estudio de las hormigas, que es profesor en la Universidad de Harvard, es conocido como uno de los teóricos que más ha contribuido a la formulación del concepto de “biodiversidad”. Desde 1985, año en que publicó “La crisis de la diversidad biológica”, artículo que sentó precedentes en la materia, Wilson “no ha cejado en su empeño de alertar a los políticos y al público sobre los peligros que entraña la pérdida de biodiversidad de nuestro planeta”, revela un texto difundido por la UNESCO.
De acuerdo con Wilson no es una empresa fácil de lograr “ya que el público tiene un escaso conocimiento sobre el tema. Por eso, la extinción de las especies le parece algo distante y ajeno, en particular si se produce en lugares remotos del mundo.”
Sin embargo el profesor de Harvard reconoce que en estos últimos tiempos se ha cobrado más conciencia del problema que plantea la pérdida de la biodiversidad. “Albergo la esperanza de que en un momento dado se produzca un viraje decisivo, a partir del cual los medios de información lo pongan sistemáticamente en primer plano –al igual de lo que ocurre con el cambio climático– y los dirigentes políticos lo mencionen en sus discursos. Para esto, lo que tenemos que hacer es seguir manteniendo la presión y no cabe duda de que el Año Internacional de la Diversidad Biológica nos va a ayudar en este sentido.”

Causas y consecuencias
Algunas de las causas de la extinción de las especies destacadas por Wilson son la destrucción de los hábitats, las especies invasivas, la contaminación, la superpoblación humana y la explotación excesiva de los recursos de caza y pesca. “Entre estos cinco factores, el cambio climático habría que clasificarlo como una destrucción de hábitats de proporciones mayúsculas.”, subraya.
Entre las consecuencias más importantes de la aceleración sin precedentes de la extinción de las especies en los últimos decenios, el experto menciona la pérdida de muchas de las “enciclopedias genéticas” de la vida que han tardado millones de años en constituirse. “Otra consecuencia es la pérdida o el deterioro de ecosistemas, debido a la desestabilización causada por la desaparición de eslabones en las cadenas alimentarias. También pueden citarse la pérdida de posibilidades en ámbitos como la medicina, las biotecnologías y la agricultura, y por último, aunque no por ello menos importante, la pérdida definitiva de una parte considerable del patrimonio natural del mundo o de los países”, señala. Y continua: “Cada una de las consecuencias que acabo de mencionar es, de por sí sola, una tragedia, con el agravante de que todas ellas se están produciendo a un mismo tiempo.”
Para Wilson no es demasiado tarde para frenar la extinción de las especies y de los ecosistemas que éstas forman, y por lo tanto todavía se está a tiempo de poner un término a la pérdida de biodiversidad. “No cabe duda de que ya no será posible salvar algunas especies, pero si se emprende ahora una acción a escala mundial se minimizaría al máximo la pérdida final. La ciencia y la tecnología van a desempeñar un papel decisivo en esto. Aunque los vertebrados, los corales y las plantas se conocen bastante bien y constituyen la base de la práctica actual en materia de conservación, la ciencia desconoce todavía la inmensa mayoría de los insectos y otros invertebrados, así como prácticamente la totalidad de las bacterias y otros microorganismos”, explica Wilson. Y agrega: “Estas últimas ‘criaturas minúsculas que gobiernan el mundo’ son de una importancia esencial para la supervivencia de los seres vivos más grandes, incluidos nosotros los humanos. Si queremos preservar la vida en este pequeño planeta en el que vivimos, es preciso adoptar una iniciativa importante con vistas a explorarlo mejor.”
También es necesario conocer mucho más a fondo los ciclos de la vida y las relaciones ecológicas de las especies conocidas y desconocidas, afirma en la entrevista difundida por la UNESCO. Y concluye: “Para llevar a cabo esta tarea, la ciencia tiene que nutrirse directamente de las innovaciones en materia de conservación y de las tecnologías de vanguardia en múltiples ámbitos”.

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