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Los perros son buenos modelos genéticos de algunas enfermedades humanas

El genoma canino es más accesible para su estudio que el de las personas


El Border Collie Solo toma una doble dosis de alprazolam para calmar sus nervios durante las festividades del 4 de julio en Estados Unidos. Este medicamento se une a los antidepresivos, fluoxetina o amitriptilina, que el animal de 11 años toma durante todo el año. Los coches de bomberos, así como cualquier sonido explosivo le ponen muy nervioso y busca desesperadamente un lugar donde esconderse. Si hay otro perro cerca, le puede atacar. "Es lo que se llama ansiedad redirigida" dice Melanie Chang, la propietaria de Solo y además, bióloga evolucionista en la University of Oregon en Eugene. Como investigadora en la University of California, San Francisco, Chang ayudó a recoger cientos de muestras de ADN de Border Collie como parte de un proyecto que estudiaba los genes implicados en la fobia a los ruidos. Ella estima que al menos un 50% de los collies la sufren, estando el 10% de ellos gravemente afectados, incluso a veces se autolesionan o lesionan a otros como respuesta a los ruidos fuertes. Steven Hamilton, un psiquiatra de la University of California, San Francisco, que lidera el proyecto dice que ve paralelismos entre el pánico del perro y la ansiedad humana. Y los mismos fármacos actúan en casi la misma proporción de casos para personas y animales. "Es fácil ver similitudes", dice. En la actualidad se han puesto en marcha un creciente número de proyectos como el de Hamilton para ayudar a los perros afectados y para desentrañar las raíces de la enfermedad neuropsiquiátrica en personas.

En este artículo publicado por la revista Nature se analiza la importancia de los perros como modelos genéticos para estudiar enfermedades humanas.

Modelos naturales de los desórdenes psiquiátricos
La caza de genes que causan problemas psiquiátricos en personas ha sido "un gran trabajo con resultados escasos", dice Jonathan Flint, genético en el Wellcome Trust Centre for Human Genetics en Oxford, Reino Unido. Esto se debe en parte a que los genomas humanos son complejos y que estos desórdenes son difíciles de diagnosticar correctamente. Pero tras 200 años de cría selectiva, se ha conseguido que los perros tengan un grupo de conductas específicas de la raza y sus genomas hacen que sea relativamente fácil localizar los genes responsables. "Son los únicos modelos naturales de los desórdenes psiquiátricos y animales perfectos para el mapeo y clonaje genético" dice Guoping Feng, del Massachusetts Institute of Technology en Cambridge, que también colabora con los investigadores. Los Border Collies se criaron para cuidar a los rebaños y para escuchar las llamadas de sus propietarios desde grandes distancias. Este es el motivo por el que algunos piensan que el oído de esta raza se ha vuelto tan sensible que los ruidos fuertes abruman a algunos animales, lo que les provoca algo parecido a la ansiedad en personas. El origen de otros rasgos es menos claro. Los Doberman por ejemplo, se criaron para ser fieles guardianes pero a veces tienen fijaciones y comportamientos odsesivo-compulsivos. Y los Dálmatas, criados por su velocidad y resistencia tienden a ser agresivos.

Si ciertas condiciones caninas surgieron por casualidad o son un resultado no intencionado de la selección hacia un rasgo específico es fuente de especulación. No obstante, los problemas de comportamiento son frecuentes. Nicholas Dodman, un etólogo de Tufts University en North Grafton, Massachusetts, estima que, como mínimo un 40% de los 77,5 millones de perros que hay en el Reino Unido tienen algún tipo de desorden conductual. Por desgracia muchos perros con estos problemas son eutanasiados debido a su temperamento. Los investigadores tienen buenas razones para creer que los perros revelarán sus secretos génicos más fácilmente que los humanos. Un estudio de este año, por ejemplo, mostró que las variedades en seis localizaciones del genoma canino pueden explicar el 80% de la variación en el tamaño corporal. En los seres humanos, por contra, son 294.831 variantes comunes, consideradas simultáneamente, las que explican sólo el 45% de las diferencias de altura.

La narcolepsia
Pero si la genética de la altura es tan diferente en perros y humanos uno puede preguntarse por qué la genética de la ansiedad, conmpulsión o agresión es tan similar. Patrick Sullivan, de la University of North Carolina en Chapel Hill, afirma que "la conducta que parece similar en humanos y otras especies puede tener una arquitectura genética completamente diferente", lo que quiere decir que el mismo rasgo puede deberse a diferentes genes o a diferentes partes del cerebro. Los que proponen los estudios en perros sugieren, no obstante, que los genes caninos pueden desvelar los caminos envueltos en las enfermedades humanas, y eso debe ser suficiente. Al menos una afortunada historia muestra que los estudios en perros pueden proporcionar respuestas a las personas. Durante décadas los investigadores han buscado infructuosamente en el ADN de los narcolépticos los genes responsables de este desorden, sin embargo estaban implicados muchos genes, los factores ambientales eran inconsistentes y no aparecía ningún mecanismo claro. No obstante el Doberman es por lo general susceptible a la narcolepsia y pudo proporcionar la clave. En 1989, Mignot empezó a utilizar las clásicas técnicas genéticas para criar Dobermans narcolépticos y trazar el patrón hereditario del desorden. Le llevó 10 años encontrar una de las mutaciones que causaban la enfermedad, en un gen denominado receptor hipocretina, que regula la captación por parte del cerebro del neurotransmisor hipocretina, también conocido como orexina. Mignot no encontró la misma mutación en el correspondiente gen humano pero sí cambios en la ruta de la hipocretina. "Empezamos a medir hipocretina en el líquido cerebroespinal. En los narcolépticos no había. Era sorprendente", dice Mignot. Los investigadores están buscando las mutaciones en los genes humanos que llevan a la ausencia de hipocretin y a la narcolepsia, y las empresas farmacéuticas se han fijado en la hipocretina como un posible líder en la búsqueda de tratamientos para el insomnio.

Elaine Ostrander, del National Human Genome Research Institute en Bethesda, Maryland, cree en que los perros tienen mucho que ofrecer a la salud humana, algo más que el placer de un cálido pelaje y una nariz húmeda y fría. "Durante 10.000 años, los perros han sido los mejores amigos del hombre. En el paso de cazadores a recolectores, cuando nos convertimos en agricultores, ellos estaban. Ahora, en la era de los genes, el perro sirve de nuevo al hombre ayudándonos a identificar genes" afirma.

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