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Las heces de gato outdoor pueden crear un problema de salud pública 

Los principales grupos de riesgo son las embarazadas, bebés y personas con inmunodeficiencias 


Son unas de las mascotas más comunes en todo el mundo y sus fotos se han convertido en un auténtico boom en internet, pero tanta pasión por los gatitos podría convertirse en un problema para la salud pública, tal y como señala un estudio publicado en Trends in Parasitology.

Según este trabajo, Toxoplasma gondii, un protozoo parasitario causante de la toxoplasmosis, se estaría extendiendo debido al aumento del número de gatos, sus huéspedes definitivos. En Estados Unidos, estos felinos depositan cerca de 1,2 millones de toneladas en heces al año. Los excrementos van cargados de ooquistes del protozoo –esporas muy resistentes que portan al parásito hasta que encuentra un huésped– y son un foco de infecciones para los seres humanos.

“Se considera que un 1 % de los gatos está infectado y produce ooquistes en todo momento. El problema es que estas esporas pueden vivir durante años y acumularse en números muy altos”, explica E. Fuller Torrey, uno de los autores del estudio.

El dato más preocupante es el daño que este protozoo puede hacer a los fetos de las embarazadas, que en los casos más extremos pueden sufrir retraso mental, sordera o daño retinal. Además, la alta resistencia y larga vida de los ooquistes les permite sobrevivir en casi cualquier entorno hasta encontrar un huésped. 

Controlar la población de gatos

“Es un problema consecuencia del creciente número de gatos que producen millones de ooquistes de T. gondii, que se mantienen vivos durante años y se acumulan en zonas de juego de niños o en jardines”, indica Torrey.

El estudio, realizado por el Centro Médico de la Universidad Johns Hopkins, apunta hacia la necesidad de controlar la población de gatos, sobre todo los callejeros. Los datos indican que los jardines y barrios de las ciudades podrían contener entre 3 y 400 ooquistes por cada 900 cm2, una cifra que puede ser mayor en los puntos donde los gatos acostumbran a depositar sus excrementos.

El gato es el único animal en el que este protozoo puede completar su ciclo sexual, por lo que es el principal portador. El felino suele adquirir este parasito al alimentarse de pájaros, ratones u otros pequeños mamíferos. Después, esparce las esporas mediante las heces, infectando el entorno. Cucarachas y moscas pueden transportarlas desde los excrementos y llevarla a la comida.

En los seres humanos, los principales grupos de riesgo son las embarazadas, bebés y personas con inmunodeficiencias. Aun así, cualquier persona puede contagiarse directamente por el contacto, ingestión o inhalación directa de la espora.

Según los investigadores, un gato que permanece dentro de casa no es preocupante, pero si realiza ‘escapadas’ los investigadores recomiendan tener cuidado con las bolsas de basura, cubrir la caja de arena donde defecan y llevar guantes cuando se trabaje en el jardín, ya que se ha calculado que la suciedad bajo las uñas puede albergar unos 100 ooquistes de T. gondii.

Pese a todos estos datos, Torrey y R. Yolkey, coautores del estudio, señalan que salvo en el caso de embarazadas, no existe necesidad de hacer análisis por si se porta el parásito. El 15 % de los humanos crea anticuerpos contra el protozoo, y las pruebas pueden dar positivo pero poco tiempo después indicar lo contrario.

“La producción de una vacuna está en proceso, pero nunca se le había prestado mucha atención a este tema con anterioridad porque no se consideraba un problema”, indica el investigador.

*E. Fuller Torrey and Robert H. Yolken, "Toxoplasma oocysts as a public health problem". Trends in Parasitology, julio 2013. 

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