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Eliminar una cerda coja supone unas pérdidas de casi 200 euros

Se eliminan demasiadas cerdas jóvenes en las granjas, sólo el 30% llegan al sexto parto


La empresa especializada en alimentación animal Zinpro está organizando una serie de jornadas en varias ciudades españolas y el miércoles 26 de mayo tuvo lugar la correspondiente a Zaragoza. El salón de actos de la Facultad de Veterinaria de la ciudad albergó a numerosos asistentes que tuvieron la oportunidad de profundizar en los graves problemas que producen las lesiones de pezuña en la cerdas.
Francisco Fernández, de Zinpro, y la profesora de la Facultad zaragozana María Victoria Falceto, fueron los encargados de abrir la jornada. Acto seguido intervino el especialista John Deen, que es profesor del Departamento de Medicina Veterinaria de Poblaciones en la Universidad de Minnesota (Estados Unidos) y doctor en Veterinaria por la Universidad de Guelph (Canadá).

Menos del 10% de las eliminaciones de cerdas son positivas para la granja
Este dato fue señalado por el profesor John Deen durante su disertación. La mayoría de los desviejes, más del 90% en la mayor parte de las explotaciones porcinas, se hacen siguiendo criterios inadecuados o como consecuencia de patologías, como las cojeras, que pueden evitarse.
Deen comenzó su conferencia explicando que en muchas granjas el número de cerdas jóvenes que se eliminan es demasiado alto: sólo un 30% de las madres llegan al sexto parto, y apenas un 50% pasa del cuarto, cuando se sabe que hasta que no ha parido de 3 a 4 veces una cerda no ha “pagado” los costes que ha generado desde su nacimiento.
La tasa de reposición anual no es un dato bueno para saber si una granja está funcionando adecuadamente: es mucho mejor registrar la tasa de retención al segundo o tercer parto, el cociente entre eliminaciones voluntarias e involuntarias, o las curvas de desgaste de las cerdas por parto. Pero lejos de esto, muchas veces se eliminan cerdas siguiendo criterios poco claros y, habitualmente, la reposición viene condicionada por el objetivo de producción (lechones destetados por cerda y año) y la disponibilidad de reemplazos.
Utilizar como reflejo de la producción de una granja el número de lechones destetados por cerda presente y año arroja un dato bastante engañoso. El parámetro que se debería utilizar es el de número de lechones destetados por plaza de maternidad y por año. Cuando se acelera la reposición y se eliminan cerdas jóvenes se aumenta el número de lechones por cerda presente, pero así estamos disminuyendo la producción total de la granja porque no optimizamos la utilización de las plazas de maternidad disponibles.

Eliminar una cerda coja asegura el éxito del reemplazo mucho más que a una poco productiva
Cuando eliminamos una cerda, “nos la jugamos”, explicó Deen. Es decir, no sabemos si la nueva madre que introduzcamos va a ser mejor o peor que la que estamos enviando al matadero.
Al sacrificar cerdas que, por ejemplo, han retornado a celo dos veces consecutivas, lo cual es una práctica muy habitual, la probabilidad de que la nueva madre sea mejor que la que quitamos es de sólo 1,2 a 1. Probabilidades inferiores a 1,3 a 1 deberían desanimarnos a la hora de eliminar a una cerda. Sin embargo, si la nueva nulípara sustituye a un animal con problemas de cojeras la probabilidad de éxito se dispara hasta 4 a 1... ¿qué cerdas deberíamos eliminar preferentemente?

Las cojeras son un problema muy grave, infradiagnosticado y mal tratado
Está claro que una cerda con lesiones podales va a ser poco productiva. Deen evidenció el dolor que siente uno de estos animales, que tiene que caminar literalmente sobre sus uñas, cuando éstas tienen alguna lesión, por leve que sea.
De hecho, comentó estudios que señalan que una cerda con problemas podales aplastan más lechones que las sanas. Según las escalas de puntuación de las lesiones en las pezuñas, por cada punto más de gravedad de lesión las hembras llegan a aplastar, de media, un 8% más de lechones.
Recordó a los asistentes que el tratamiento de las cojeras ha evolucionado muy poco y que se basa fundamentalmente en la eliminación de las hembras cojas. Hizo hincapié en que es la prevención la mejor arma para controlar este problema.
Deen mostró datos de varios estudios llevados a cabo por su equipo en los que añadiendo minerales orgánicos a la dieta de las hembras se conseguía una salud del casco superior a cuando se trata de minerales inorgánicos y esto se reflejaba en incrementos en la producción de los animales: tanto el número de nacidos vivos (11,07 contra 10,44) como el peso de la camada al nacimiento (algo más de un 5% mayor) favorecieron significativamente a los grupos experimentales complementados con minerales orgánicos en el pienso. Recalcó la importancia de evitar las cojeras indicando que eliminar una cerda coja cuesta casi 200 euros al ganadero, y eso en España porque los animales se pueden enviar a matadero y se percibe un ingreso por el precio de la carne; pero la tendencia es a que esté prohibido llevar cerdas cojas al matadero, como ya ocurre en Dinamarca, por lo que las pérdidas en ese caso serían mucho mayores.
Por otra parte, fruto de otro estudio llevado a cabo en Minnesota, ofreció el dato de que, por plaza de maternidad, se consiguen 4,3 lechones más en 300 días (duración de la monitorización del estudio de campo) con cerdas sanas que con cerdas cojas.

¿De qué más se habló durante la jornada?
Mark Wilson, investigador en el área de Fisiología Reproductiva Porcina de Zinpro.
Mark Wilson, de Zinpro, explicó en detalle el impacto que tienen las cojeras sobre la respuesta reproductiva. Según explicó Wilson, las causas más comunes de lesiones en las pezuñas son tipos de suelo o alojamientos inadecuados, mal manejo, predisposición genética de las cerdas, edad de las mismas, golpes y traumas, y enfermedades que afecten al casco.
También intervinieron Sarel van Amstel, profesor de Veterinaria en la Universidad de Tennessee, miembro de Feet First y especialista en problemas de pezuña en porcino y también en vacuno, y el doctor Christof Rapp, investigador del área de porcino de Zinpro-Europa.
La jornada terminó con una sesión práctica en la sala de necropsias de la Facultad, en la que los asistentes pudieron observar el elevado porcentaje de lesiones que llegan al matadero en una muestra de patas obtenida al azar y ver “en directo” los problemas más habituales.

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