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Etología y bienestar animal son las bases para un cebo de terneros armónico


Francisco J. González
Consultor en sanidad y manejo animal

Todos podemos hacernos una idea de lo que es el bienestar animal, aunque probablemente muy poco objetiva; por un lado se puede caer en el antropomorfismo (“si yo fuera gallina…” ¡pero no lo somos!), por otro se puede pecar de economicista (bienestar es aquello que permite que los animales produzcan bien).

Hay medidas objetivas que relacionan ciertas condiciones del medio con el estrés que padece un animal sometido a las mismas (cortisol, proteínas de fase aguda, etc.) y se sabe que el ganado sometido a circunstancias de manejo adversas tiene más propensión a padecer enfermedades y produce menos.

Sin embargo, no tenemos la capacidad de determinar los sentimientos de un animal ni podemos medirlos, no hay forma de objetivar el grado de bienestar animal pero sí podemos cerciorarnos de que el ambiente proporcionado cumpla con unos requisitos que previsiblemente satisfagan las necesidades requeridas para que éste se dé.

En la Unión Europea se han elaborado unas normas de seguimiento, basadas en las “cinco libertades” propuestas por la Convención Europea para la Protección de los Animales de Granja.

Desde este momento entendemos que la Etología (estudio de la conducta animal) tiene un papel esencial en el bienestar animal: sirve para juzgar si un animal o colectivo está sujeto a circunstancias que alteran su equilibrio (una conducta impropia es señal de que algo falla en el medio, ya sea la alimentación, la densidad de población, la temperatura, la calidad del manejo, etc.).

Pero hay más, para asegurarnos de que un manejo y unas instalaciones permiten el bienestar de los animales a ellos sometidos es necesario que comprendamos la conducta propia del ganado para adecuarnos a la misma y evitar estrés y sufrimiento innecesarios. Por otro lado, comprender los mecanismos conductuales de una especie permite manejarla mejor, con menos trabajo, más productividad y menor riesgo.

A priori, uno de los ambientes que podrían pensarse más estresantes para el vacuno es el de los cebaderos, instalaciones en el punto de mira de diversas asociaciones que pretenden velar por el bienestar animal. Lejos de esta imagen preconcebida, los cebaderos que conocemos hoy en día son perfectamente compatibles con los requerimientos de bienestar animal, como lo atestigua el control de la conducta desplegada por su población, la sanidad y la productividad de los mismos.

¿Qué aporta la Etología?

Controlar que la conducta del colectivo es normal es la medida más importante para evaluar el bienestar de una explotación. La conducta individual es un indicador efectivo de su salud, que permite la detección y el tratamiento temprano de enfermedades. Aplicar los conocimientos de la conducta de los terneros a las instalaciones y manejos relacionados con el cebo permite trabajar en un ambiente menos estresante para el ganado y el productor, de manera más eficiente y más segura.

En un cebadero se pueden cubrir de manera muy satisfactoria las necesidades de los terneros, incluso comparando con las condiciones “naturales” de los animales en pasto y evitar muchas de las catástrofes “naturales” a las que pueden estar abocados en la naturaleza, como parásitos, sequías, hambrunas, etc. La aplicación de los conocimientos que tenemos sobre el comportamiento animal al diseño y el manejo en el cebadero facilitan conseguir estos objetivos de bienestar animal al tiempo que mejoran la sanidad y las condiciones de trabajo en los mismos.

¿Asegura el cebadero las cinco libertades?

  1. Libres de hambre y sed.
  2. Libres de incomodidades.
  3. Libres de dolor, maltrato y enfermedad.
  4. Libres de expresar su comportamiento normal.
  5. Libres de miedo y distrés.

Aunque se da por supuesto que en un cebadero no puede faltar la comida ni el agua, el bienestar animal y la economía del cebadero imponen condicionantes en cuanto a su calidad y disponibilidad.

Los terneros son animales gregarios que tienden a comer a la vez, por tanto es importante que el espacio de comedero facilite que el número de animales que puedan acceder al pienso al mismo tiempo sea elevado, para evitar situaciones de competencia y estrés. Si no, los animales más pequeños o tímidos tenderán a dejar que los otros compañeros se alimenten antes y ellos comerán menos cantidad y más apresuradamente, lo que da lugar a un menor desarrollo y a posibles problemas digestivos (los nuevos sistemas de alimentación individual, regulados por ordenador y con protección del ternero en el comedero pueden ser una alternativa tecnológica muy interesante). La longitud ideal de un comedero tradicional estaría entre 12 y 15 cm/cabeza.

En cuanto al agua, ésta debe ser limpia y estar separada del comedero, para evitar que caiga pienso, cuya fermentación dará lugar a rechazos y a un consumo reducido, lo que reducirá la ingesta de alimentos y retardará el crecimiento. El bebedero debe ser fácil de limpiar y se comprobará diariamente su funcionamiento. El número y la longitud de los bebederos, así como el caudal de agua permitirán que los terneros puedan satisfacer sus necesidades, incluso en los peores momentos del verano, cuando sus requerimientos son muy elevados (hasta más de 100 litros/día en animales a fin de cebo en verano). El agua es importante incluso en el caso de los terneros mamones: el líquido que beben con la leche o su sustitutivo no cubre la necesidad de líquidos del animal, por lo que es importante que tengan libre acceso al agua desde las dos semanas de edad, por lo menos.

Ante las inclemencias del tiempo, los animales en libertad pueden buscar refugio; en un cebadero, es nuestra responsabilidad darles un cobijo suficiente. Los cebaderos deben proporcionar un suelo firme, no deslizante ni abrasivo, con buen drenaje; protección de los vientos dominantes y de la lluvia y del sol directos, de forma tal que todos los animales puedan estar echados en la zona protegida.

Las balas de paja enriquecen el ambiente del corral y ayudan a controlar la agresividad.

El espacio habilitado para cada animal debe ser suficiente para que puedan permanecer tumbados todos los terneros, (un mínimo de 1,8 m2/cabeza a fin de cebo); sin embargo, espacios más amplios permiten disminuir la tensión social y reducen las conductas de acoso o monta y otras expresiones de agresividad.

El maltrato animal no sólo es inaceptable desde el punto de vista ético, es también un importante factor de estrés y agresividad que se traduce en mayor sensibilidad a las enfermedades, un manejo más dificultoso y lento y en un mayor riesgo físico para los operarios. Los terneros tienen buena memoria, especialmente cuando son sometidos a situaciones estresantes o dolorosas; desde ese momento tenderán a evitar las situaciones o personas asociadas a esa experiencia, por lo que el manejo de animales que han sido maltratados o han sufrido miedo en una fase anterior va a ser complicado el resto del tiempo que pasen en el cebadero.

El diseño de las instalaciones evitará elementos que puedan dañar los terneros. El suelo tiene especial importancia, principalmente si se trata de rejillas o pavimentos de cemento (bordes cortantes, superficie deslizante o demasiado abrasiva). Así mismo, las puertas pueden ser un elemento peligroso, si tienen salientes donde los terneros se pueden golpear o cortar, en especial si se manejan bruscamente; el ancho de las mismas permitirá que pasen los animales sin dificultad y deben carecer de elementos que sobresalgan. Los pasillos a los que dan estas puertas deben facilitar que el ganado pase sin golpearse y tener una anchura suficiente para permitir un progreso cómodo de los terneros sin que puedan volverse. La salud del ganado es un factor primordial para su bienestar y para el de la cartera del propietario. Controlar los terneros diariamente permite identificar signos precoces de enfermedad y establecer un tratamiento apropiado lo antes posible.

Precisamente, la conducta del ternero es uno de los primeros elementos de alerta temprana de los que disponemos para sospechar que alguno está enfermo: la apatía, falta de reactividad a los estímulos del medio, la falta de apetito (ijares vacíos), apartarse del grupo, junto a las paredes, con la cabeza gacha, son todas señales de que algo no va bien y que ese ternero requiere nuestra atención.

En el manejo del ternero enfermo es importante tener en cuenta la conducta gregaria de estos animales: un ternero aislado sufre más estrés y miedo que en compañía, por lo que conviene no separar al ternero del grupo o mantenerlo junto a otros compañeros en el lazareto y aplicar los tratamientos en el mínimo número de veces posible.

El comportamiento normal del ternero incorpora pautas de alimentación, interacción con otros animales, movimiento, juego, etc. Los terneros no pueden ser criados separados unos de otros, al menos desde que cumplen las ocho semanas de vida ni deben estar permanentemente trabados.

Se ha comprobado el efecto beneficioso de añadir elementos enriquecedores al ambiente para que los terneros jueguen, especialmente en el momento de la llegada al cebadero (por ejemplo rollos de paja para que los exploren y los deshagan) o estimularles para que realicen un ejercicio suave.

Hay comportamientos deletéreos que indican que algo va mal en la habitabilidad del cebadero (como los terneros acosadores, que montan a otros más débiles). Estas conductas pueden deberse a falta de espacio, competitividad exacerbada por insuficiente acceso a comederos, bebederos o zonas de reposo o a un ambiente carente de estímulos.

El miedo y distrés en un cebadero son señales importantes de alerta, por ejemplo: operarios que manejan a los animales con una brusquedad innecesaria, posiblemente por escasez de tiempo para la carga de trabajo que tienen que realizar. Es importante, y responsabilidad del propietario, formar correctamente a sus operarios en el manejo adecuado de los animales a su cargo y enfatizar la importancia que tiene realizar las tareas sin prisas ni atosigar excesivamente al ganado, ya que se termina ganando tiempo para esa tarea en concreto y para todas las demás en el futuro.

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