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Del pelaje del ganado de Lidia


La capacidad de termorregulación del bovino, que depende de la interacción entre factores anatómicos y fisiológicos, se ve influenciada por las propiedades de la piel y el pelo. El color de la capa condiciona la absorción de radiaciones, y es muy alta en animales de capa negra y menor en los de capa blanca. Del mismo modo, las diferentes tonalidades de los colores generan diferencias importantes en este fenómeno. Por otra parte, la longitud del pelo también es una variable a considerar en la capacidad termorreguladora del bovino.

La denominación utilizada para identificar el color del pelaje se refiere tanto a la tonalidad fundamental del pelo como a sus variantes en intensidad, a las mezclas de estos y a todas aquellas particularidades que contribuyan a su diferenciación, teniendo en cuenta la ubicación de estas últimas en el cuerpo del vacuno.

A lo largo de la vida el pelaje del ganado puede sufrir variaciones en su coloración por causas como la edad, la alimentación y la ingesta de determinadas sustancias químicas. En lo que concierne a la densidad de la capa influyen en su crecimiento la raza, la estación del año y el manejo que esta trae consigo.

Capas en la raza de Lidia

Dentro de las características que identifican la mayoría de las razas de ganado bovino está el color del pelaje de sus ejemplares. En la raza de Lidia el caso es muy particular, ya que sus individuos son de diversas pintas en su pelaje. Los colores básicos en el ganado de la raza de  Lidia son el negro, el rojo y el blanco, y se presentan en capas monocromáticas y/o en capas compuestas por dos o tres de estos colores, ligados uniformemente o en manchas.

De acuerdo al prototipo racial de la raza bovina de Lidia, se presentan diez grupos de pelajes diferentes, con predominio de las pintas negras. Las más frecuentes son las cárdenas, coloradas, castañas, tostadas, jaboneras y berrendas y en menor frecuencia se presentan capas ensabanadas, sardas y salineras.

En el grupo de capas negras existen tres variedades:

  • Zaino, el pelo es negro mate y no se presentan de otro color.
  • Mulato, al pelaje negro se le entremezclan pelos rubios, hasta dotarlo de un tinte terroso o desteñido, con semejanza al que tienen los mulos.
  • Azabache, el pelo de color negro tiene un brillo acharolado, aterciopelado e irisaciones azuladas.

En las pintas cárdenas, ejemplares cuya capa está formada por la mezcla de pelos blancos y negros dando una tonalidad grisácea, existen variedades claras y oscuras. Al igual que en las castañas, sardas y salineras.

Castañas son reses con un pelaje formado por pelos rojos y negros, descritas con el pelo color de cáscara de la castaña madura o color tabaco, con los cabos y extremos (oreja, cola y patas) negros.

Jaboneros son los que tienen el color del pelo blanco sucio y amarillento, color crema con intensidades diferentes, como café con leche.

Los berrendos poseen una capa que se caracteriza porque sobre un fondo blanco existen manchas de diferentes colores y magnitudes. Dependiendo del color de las manchas se les denomina berrendo en negro, en colorado, en castaño, en jabonero, en sardo, en salinero o en cárdeno.

Sardos son los ejemplares con una mezcla de pelos rojos, blancos y negros o pequeñas manchas irregulares de estos.

En los animales salineros la capa está formada por pelos rojos, colorados y blancos que forman un jaspeado preferentemente en los cuartos traseros, pero sin formar manchas de un solo color.

En la identificación se tienen en cuenta discontinuidades en los pelajes básicos del animal, conocidos como particularidades o accidentales. Pueden ser generales, que aparecen en cualquier parte de la superficie corporal de la res, o especiales, limitadas a una zona determinada como cabeza, cuello, tronco, extremidades y cola:

  • Son particularidades generales el alunarado, aparejado, burraco, carbonero, entrepelado, chorreado, lavado, mosqueado nevado y salpicado.
  • Algunas particularidades de la cabeza y del cuello son capirote, capuchino, careto, estrellado, lucero, ojalado, bocinegro, bociblanco, ojo de perdiz y gargantillo.
  • Dentro de las accidentales en el tronco hay denominaciones como bragado, cinchado, jirón, listón, lombardo y meano.
  • Las que corresponden a las extremidades son el botinero, calcetero y calzón, y las que se ubican en la cola coliblanco, rabicano y rebarbo.

Los encastes determinan la aparición de determinados colores

La frecuencia de aparición de determinados colores en el pelaje de los toros de Lidia se describe como ligada a las castas de origen. Así, encontramos que para las diferentes castas se señalan colores más frecuentes en sus ejemplares, como es el caso de:

  • En la casta Vazqueña gran variedad de pelajes jaboneros cárdenos, colorados, castaños, ensabanados, berrendos, negros y sardos.
  • Para la casta Jijona muchos ejemplares de pelo colorado, de ahí que toros de este pelaje se denominan jijones.
  • La casta Cabrera se liga con la presencia asidua de negros, cárdenos colorados y jaboneros.
  • En la casta Navarra el pelaje más común va hacia los de color castaño, retinto, colorado y negro.
  • La capa negra, cárdena y colorados melocotón se señalan para la casta Vista Hermosa.
  • En la casta Morucha los negros listón y bragados.

En Encastes Taurinos, Jesús González describe el encaste Murube, con una modalidad de descripción muy didáctica: “predomina negro zaino y negro mulato, y excepcionalmente pueden darse castaños o tostados. Con particularidades como bragado (mancha blanca en el vientre y zona de la bragada), meano (mancha blanca en áreas del prepucio), listón (franja estrecha a lo largo de la espina dorsal con un color distinto al resto de la capa) y más raramente chorreado (bandas verticales que caen desde la espina dorsal a los planos ventrales y pueden ser más claros o más oscuros que el color base).

La Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense lleva a cabo estudios genéticos utilizando muestras de pelo del ganado de Lidia que permiten identificar el encaste de origen a través del ADN. Su importancia radica en orientar el manejo de las ganaderías, por ejemplo para ganaderos que poseen mezcladas varias líneas y quieran potenciar una sobre las otras, así como en realizar apareamientos evitando en lo posible la endogamia. De esta forma se coopera con la comunidad taurina en la conservación de determinadas líneas genéticas o encastes, de vital importancia en el futuro de este tipo de explotación ya que el universo de esta población animal es muy reducido y se corre el riesgo de la desaparición de determinados encastes.

Un caso excepcional

Los pelajes son de importancia para identificar los cornúpetas. Más: en algunos ejemplares se tornan emblemáticos para reconocerlos y recordarlos. Un ejemplo es el toro blanco lidiado en Madrid por Antoñete, el 15 de mayo de 1966, de la ganadería de Osborne.

La corrida quedó expuesta en la Venta del Batán y, en aquella ocasión, un ejemplar creó gran expectación por su lámina; los asistentes lo denominaron el toro blanco, y así quedó para la historia. Así lo refieren cuando lo citan participantes de una tertulia o cronistas, motivados por la histórica faena que le hizo Antoñete y que, por cierto, lo llevó a rencontrarse con la senda del triunfo.

Atrevido, realmente era ensabanado, alunarado, caricárdeno, coletero, rabicano y botinero, de hechuras netamente Vazqueñas.

Influencia de la capa en la apreciación visual del trapío

Por otra parte, la capa influye en la conceptuación del trapío, por las preferencias de quien hace el juzgamiento. Los animales con pintas de aparición esporádica como cárdenas o coloradas o los toros berrendos o jaboneros dan imagen de mayor presencia. Así mismo, ocurre cuando los semovientes en cuestión tienen las coloraciones consideradas como las más características de la raza, como es el caso de negros, sean zainos, mulatos o azabaches.

Finalmente, como referencia se citan datos de unas notas publicadas por la Peña Taurina Peñaflorense, de Zaragoza (España), tituladas También el toro lleva capa, donde se coloca una estimación de la presencia en el rebaño de Lidia de las distintas capas, con la siguiente distribución: negras 77,5%, coloradas 13,2%, cárdenas 6,9%, jaboneras 1,1%, berrendas 1,0 % y ensabanadas y salineras 0,3%.

Bibliografía

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Sánchez, A. Es importante el color del pelaje?. Asociación de Médicos Veterinarios Especialistas en Bovinos. Laguna- México. 2010.
González, X. Antoñete, Atrevido y Las Ventas. Burladero.com México.2006.
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