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Incendios forestales, cambio climático y ganadería


Jabier Ruiz-Mirazo
Dr. Ingeniero de Montes - Consultor especializado en ganadería extensiva y gestión forestal
Imágenes cedidas por el autor

Los impactos medioambientales de los distintos sistemas de producción ganadera son múltiples y se registran a varias escalas, por lo que realizar una evaluación integral de los mismos resulta muy complejo.

Incendios forestales

La intensificación e industrialización de los sistemas de producción ganadera de las últimas décadas ha conllevado la pérdida de buena parte del aprovechamiento de los pastos naturales que antes se realizaba en nuestros montes. En ellos se han ido abandonando también otros usos, como la extracción de leñas y, en muchos casos, incluso de madera. Este proceso se ha traducido en la expansión de muchas zonas de matorral y bosque denso, que suelen ser muy vulnerables a los incendios.

Así, fruto del desarrollo socioeconómico, el número de incendios forestales y su impacto territorial crecieron notablemente en los países del sur de Europa en la segunda mitad del siglo pasado. Si bien los dispositivos de extinción de incendios resultan muy útiles, los expertos consideran igualmente importante mejorar y ampliar los programas de prevención existentes. Una de las acciones más frecuentes para ello es la creación de áreas cortafuegos, que son zonas estratégicamente situadas en los montes y con menor cantidad de biomasa que su entorno, en las que la continuidad de la vegetación y otros combustibles forestales se interrumpe localmente para dificultar la propagación del fuego.

Estas áreas de baja combustibilidad deben ser mantenidas regularmente para contrarrestar el desarrollo natural de la vegetación y esta labor puede realizarse mediante pastoreo con ganado doméstico. De hecho, este manejo silvopastoral se ha aplicado en el sudeste francés desde hace 25 años (Thavaud, 2006), e incluso ha recibido financiación europea a través de una medida agroambiental de la PAC, ya que es un excelente ejemplo de actividad agraria que protege el medio ambiente.

En España también se han creado varios programas gubernamentales en este sentido durante los últimos quince años (Ruiz Mirazo, 2011). Habitualmente, han sido los propios servicios de prevención de incendios de las distintas comunidades autónomas quienes han buscado la colaboración de los ganaderos, lo que resulta revelador de la importancia que los gestores forestales españoles otorgan actualmente a mantener una cierta actividad ganadera en los montes: ahora que los sistemas de producción en extensivo y el pastoreo asociado han disminuido, se multiplican los esfuerzos por contrarrestar esta tendencia y mejorar la protección y conservación de los montes.

El primero de los programas españoles se inició en 1996 en la Comunitat Valenciana, donde se ofreció un pago anual de 22 €/ha a los ganaderos que concentraran su ganado durante un mínimo de 130 días al año en áreas cortafuegos. La carga ganadera mínima debía ser de una vaca, tres cabras o cinco ovejas por hectárea y, en caso de necesitar vallados o aportar agua, la prima se incrementaba (DOCV, 2009). Bajo este sistema, 3.680 ha de áreas cortafuegos fueron pastoreadas en 2009 con la colaboración de 62 ganaderos de la Comunitat Valenciana. El programa de Aragón comenzó en 2008 y, a diferencia del anterior, sólo ofrece remuneración en especie, que suele ser la instalación o arreglo de infraestructuras ganaderas. En 2010, el gobierno autonómico estableció acuerdos con 42 ganaderos, lo que permitió mantener alrededor de 2.100 ha de áreas cortafuegos con ganado.

Por su parte, el programa conocido como Red de Áreas Pasto-Cortafuegos de Andalucía (RAPCA) se creó formalmente en el año 2005, con el acompañamiento científico-técnico del CSIC. La remuneración a los ganaderos comenzó en el año 2007, y actualmente se sitúa entre los 42 y 90 € por hectárea y año, en proporción a la dificultad que presenta el terreno a pastorear. Estimaciones realizadas en Andalucía han mostrado que el pastoreo es una opción notablemente más barata que otros tratamientos alternativos como los desbroces manuales (Varela-Redondo et al., 2008). En cualquier caso, el trabajo de los ganaderos se evalúa anualmente y, de no cumplir los objetivos marcados, el pago puede reducirse e incluso anularse. Los datos correspondientes al año 2011 indican que la RAPCA alcanza ya las 6.680 ha y los 222 ganaderos colaboradores, lo que la convierte en el mayor de los programas existentes en nuestra geografía.

Cambio climático

De acuerdo con datos de 2004 (IPCC, 2007), el sector agrario es responsable directo del 13,5% de las emisiones antropogénicas de gases de efecto invernadero (GEI). Estos gases proceden principalmente de la ganadería, por la fermentación ruminal productora de metano y las emisiones de óxido nitroso derivadas del manejo de los purines (LEAD y FAO, 2006). Pero además, una parte de las emisiones atribuidas a la deforestación, la industria, el transporte o el suministro energético también está ligada a un modelo globalizado de producción agrícola, procesado, envasado y distribución de alimentos.

La ganadería intensiva es una pieza más de este sistema alimentario globalizado, y consume enormes cantidades de alimentos (piensos, forrajes y concentrados) producidos por la agricultura industrial. Aunque estos sistemas hayan sido económicamente exitosos, no dejan de estar pobremente integrados con la agricultura local y regional, además de ser muy costosos en términos de energía y otros recursos no renovables, por lo que contribuyen notablemente al cambio climático (Grain, 2009).

Para ilustrar estas consideraciones globales con un ejemplo concreto, a continuación se resume brevemente un estudio realizado por Carpintero y Naredo (2006), quienes analizaron las consecuencias sobre el consumo de energía que ha tenido la industrialización de la agricultura y la ganadería en España. Estos autores calcularon el balance energético de los sistemas agrarios como la ratio entre los productos obtenidos (cereales, carne o leche) y los insumos (fertilizantes, trabajo o maquinaria), ambos medidos en términos de energía. El estudio se iniciaba en 1950, un momento en que la agricultura y ganadería españolas eran prácticamente de circuito cerrado (casi todos los subproductos eran reutilizados), por lo que su eficiencia energética alcanzaba en esos momentos un valor de 6,1. Es decir, por cada caloría invertida como insumo se obtenían 6,1 calorías en productos.

Al final del periodo analizado, en el año 2000, la producción agraria en el conjunto de España se había industrializado y dependía ya en gran medida de los insumos externos, por lo que su eficiencia energética se había reducido a 1,3. Buena parte de esta pérdida de eficiencia se atribuye a la proliferación de explotaciones ganaderas intensivas, que tienen una tasa de conversión energética muy baja. De hecho, en Galicia, una región con mucha producción lechera, se calculó que la eficiencia energética había caído desde 1,5 a 0,3 entre 1955 y 1975. En este tipo de casos en que la eficiencia cae por debajo de la unidad, la agricultura y la ganadería se convierten, paradójicamente, en consumidores netos de energía.

La búsqueda de la sostenibilidad ambiental

Al observar desde un punto de vista físico estos costes ambientales a los que ha contribuido la intensificación de la ganadería, podríamos afirmar que estamos permitiéndonos el lujo de despreciar nuestra producción primaria: la energía capturada en los cultivos, pastizales y bosques de nuestro territorio. En lugar de transformarla en comida a través de la capacidad del ganado rumiante, la energía de estos pastos infrautilizados se acumula en forma de biomasa hasta que, como sucede con creciente frecuencia, arde en un gran incendio. Entretanto, utilizamos una gran cantidad de energía fósil y otros recursos no renovables, además del territorio de otros países, para surtir nuestras mesas con comida que contiene una alta proporción de productos animales que contribuyen al cambio climático global.

En este escenario descrito para España, que podría ser generalizado a otros países de la Europa mediterránea, la búsqueda de la sostenibilidad ambiental de los sistemas de producción ganaderos pasa necesariamente por la recuperación del uso de los pastos y productos agrícolas locales y regionales para alimentación animal. Siempre que se mantenga una productividad suficiente en las explotaciones, esta extensificación puede constituir una estrategia efectiva para la mitigación del cambio climático, al tiempo que el pastoreo, bien gestionado, puede contribuir a la protección y conservación de los montes.

Bibliografía

Carpintero Ó. y Naredo J.M., 2006. Sobre la evolución de los balances energéticos de la agricultura española, 1950-2000. Revista Historia Agraria, 40: 531-554.

DOCV, 2009. Orden de 11 de mayo de 2009, de la Conselleria de Medio Ambiente, Agua, Urbanismo y Vivienda. Diari oficial de la Comunitat Valenciana, 6018 / 21.05.2009.

Grain, 2009. Small scale sustainable farmers are cooling down the earth. Barcelona: Grain. 24 pp. http://www.grain.org/o_files/Sustainable-farmers2.pdf
IPCC, 2007. Climate Change 2007: synthesis report. Geneva, Switzerland. 52 pp. http://www.ipcc.ch/publications_and_data/ar4/syr/en/contents.html.

LEAD y FAO, 2006. Livestock's long shadow: environmental issues and options. Rome, Italy: FAO. 390 pp. http://www.fao.org/docrep/010/a0701e/a0701e00.htm
Ruiz Mirazo J., 2011. Las áreas pasto-cortafuegos: un sistema silvopastoral para la prevención de incendios forestales. Tesis doctoral. Universidad de Granada. http://hdl.handle.net/10261/35848
Thavaud P. (editor), 2006. Dispositif agroenvironnemental appliqué à la prévention des incendies de forêt en région méditerranéenne. Résultats de 20 ans de réalisations et propositions pour l´avenir. Laudun, France: Éditions La Cardère - l´Éphémère. 52 pp. http://www.ofme.org/documents/textesdfci/rcc11.pdf
Varela-Redondo E., Calatrava-Requena J., Ruiz-Mirazo J., Jiménez-Piano R. y González-Rebollar J.L., 2008. El pastoreo en la prevención de incendios forestales: análisis comparado de costes evitados frente a medios mecánicos de desbroce de la vegetación. Revista Pequeños Rumiantes, 9: 12-20. http://www.seoc.eu/pr.php?pr=27

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