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Agresividad entre perros que no viven juntos

Miguel Ángel Signes nos explica las particularidades de esta conducta


Miguel Ángel Signes Llopis. Experto en problemas de comportamiento, modificación de conducta, Asesor y Terapeuta canino certificado por AEPE en el Curso Máster de Etología Canina Avanzada. Curso de Etología Clínica y Bienestar Animal impartido en la UEX. Técnico en Terapia Asistida con Animales por la Fundación Bocalán. Técnico en terapia asistida con perros por CTAC (www.ctac.cat). Autor de varios artículos científico-técnicos de Etología Clínica Canina y de Terapia Asistida con Animales. Colaborador de Portal de Veterinaria Argos y de la revista Especies.

En este artículo quiero explicar desde el punto de vista de la Etología clínica qué es la agresividad entre perros que no viven juntos, su diagnóstico, diagnóstico diferencial, pronóstico y tratamiento.

Hay cuatro diagnósticos: intrasexual, por miedo, territorial y por protección de recurso (ver "Diagnóstico").

Madre protegiendo un recurso frente a uno de sus cachorros; ésta le gruñe y el cachorro se va. (Foto: M.A. Signes)
Aprendizaje de la agresividad
Sabemos que la agresividad en el perro doméstico no es hereditaria, a excepción dada del carácter miedo. Este carácter es el responsable de una agresividad muy peligrosa, cuando el perro “cree o entiende” que su supervivencia está en peligro.

La agresividad es una respuesta que cualquier ser vivo ofrece en situaciones que suponen una amenaza (o que son percibidas como tal) o ataque como consecuencia de un estímulo que lo desencadena (en este caso, otro perro o perra).

La conducta agresiva es una conducta de adaptación que, directa o indirectamente, beneficia al individuo. El acto agresivo en el perro doméstico es un comportamiento que la selección natural ha premiado y, por lo tanto, que ha evolucionando en pro de su supervivencia y reproducción. La agresividad no sólo se basa en morder, sino también cuando el perro gruñe o enseña los dientes.

Hay que tener presente que los perros -y todas las especies- cuando toman decisiones lo hacen a tenor de una relación de costes/beneficios. Si los costes son mayores que los beneficios, ese comportamiento no se llevará a cabo; si, por el contrario, los beneficios son mayores que los costes, esa conducta si se llevará a cabo... Los perros siempre están aprendiendo.

En los cuatro tipos de agresividad en los que nos encontramos, los perros están aprendiendo en esas ocasiones mediante el condicionamiento de evitación y escape, ya que en todas las situaciones en que se acerca otro perro son tomadas como aversivas (condicionamiento de escape con la aplicación de refuerzo negativo). Mediante la evitación, el animal aprende que puede interrumpir el estímulo aversivo y comienza a responder antes de que se presente el mismo, aprendiendo que las conductas agresivas son conductas de evitación muy efectivas. En este caso, aparte de establecerse rápidamente el condicionamiento de evitación, también se hace muy resistente a la extinción.

Por lo anterior, no es de extrañar, que de ahí aparezca la posterior apariencia de la llamada agresión “impredecible” y “no provocada”.

Castigo de la agresividad
El castigo está contraindicado en el tratamiento de estos problemas, ya que por muy aversivo que sea, siempre lo será más el estímulo que desencadena la conducta agresiva en el animal.

Hay que tener presente que las conductas tensas o impredecibles, como el castigo, pueden exacerbar el problema intensificando los comportamientos agresivos. Es más, castigar al animal en presencia de otro perro puede reforzar la conducta agresiva –no suprimiéndola, sino intensificándola- por la asociación del animal con la experiencia aversiva (condicionamiento de escape y evitación).



Diagnóstico
Según Manteca (2003): “Como en cualquier otro problema de comportamiento, resulta necesario, en primer lugar, descartar posibles problemas orgánicos y realizar, por lo tanto, una exploración general y un examen neurológico de los animales. Además, es recomendable determinar los niveles plasmáticos de T4 y TSH para confirmar o descartar un posible problema de hipotiroidismo, pudiendo éste actuar como factor agravante de la agresividad”.

También la agresividad por miedo se puede confundir con la agresividad territorial y viceversa. Para llegar a un buen diagnóstico hay que ver los contextos en los que aparece, los perros a los que va dirigida y la postura del animal.
  • La agresividad intrasexual se da frecuentemente en machos adultos, que ya han alcanzado la madurez sexual, y hacia otros machos adultos, ya que es una conducta sexualmente dimórfica, adoptando el animal una postura de agresividad.
    Suele darse cuando los perros van atados con la correa ya que los mismos se ven incapacitados para tener una interacción más libre. También es más visible en razas pequeñas sobre todo hacia las grandes y esto es debido a las comunicaciones de intención. Este tipo de comunicación es deshonesta -el perro puede "ir de farol", te voy a atacar y voy a resistir mucho, cuando en realidad el perro no piensa resistir tanto-. Las señales deshonestas suelen utilizarlas normalmente los individuos menos fuertes e inseguros, ycomo han sido exitosas en el Canis familiaris han evolucionado: sólo lo que está en los genes produce adaptación.
  • La agresividad por miedo se da indistintamente en machos y hembras de cualquier edad a causa de que el carácter miedo tiene una heredabilidad del 40-50%. También puede venir por una mala socialización o experiencia traumática que haya tenido el animal. La postura es de agresividad defensiva, aunque a veces no está tan clara, se dirige hacia algunos perros en concreto (de un tamaño, de un color...) o hacia todos, y puede ir acompañada de ladridos intensos.
    Además, estos perros suelen evitar el contacto, retrocediendo, y pueden atacar en última instancia aunque no estén acorralados.
  • La agresividad territorial puede ser más frecuente en machos, aunque se da en los dos sexos y es normalmente cuando otro perro intenta entrar o se acerca a su territorio. También se puede dar el caso de que un perro intente acercarse en la calle, ya que hay perros que llevan consigo su territorio, que sería una zona específica vigilada por el animal. La postura del animal es ofensiva. Un agravante de esta agresividad se puede comprobar en perros que viven permanentemente confinados en un lugar o si están siempre atados.
    Hay que tener presente que el territorio es muy valioso para el animal ya que en el mismo se lleva a cabo el acceso a fuentes de recurso, se evita la depredación y se extienden sus genes.
  • La agresividad por protección de recurso se suele dar cuando el perro protege a toda costa la comida, juguetes e incluso a la persona que es considerada como su propietario. La agresividad normalmente va dirigida hacia animales de ambos sexos y así como de diferentes edades: cachorros, jóvenes, adultos o geriátricos.
    También podemos ver este tipo de agresividad en madres hacia sus cachorros, una vez destetados, protegiendo la comida o juguetes, aunque esto ya entraría dentro de la educación de la prole.

(Foto: PV Argos)
Tratamiento
En la agresividad intrasexual el tratamiento consiste en la castración del animal, además de unas sesiones de adiestramiento para ejercer un mayor control del perro durante el paseo. Según Mertens (2002): “Castrar a los machos se dice que reduce o resuelve la agresión hacia otros perros fuera del hogar en un 50-60% de los animales (Neilson et al., 1997)”, pero si hay un aprendizaje de la conducta pueden continuar las agresiones.

El tratamiento de estos cuatro tipos de agresividad se basa en reducir el estímulo que induce las conductas agresivas hasta tal punto que el animal no reaccione. Esto se consigue con el contracondicionamiento: buscamos que el perro efectúe una conducta durante el acercamiento de otro perro que sea incompatible con una respuesta de agresividad, disminuyendo por tanto ésta.

Esto se consigue mediante un programa de adiestramiento consistente en la desensibilización sistemática.

En el tratamiento es imprescindible el adiestramiento del perro a obediencia básica para poder tener un control absoluto del animal, de lo contrario fracasaremos.

Una vez tengamos al perro adiestrado en obediencia, debe exponerse al animal a las situaciones que desencadenan la agresividad. El propietario debe interrumpir los primeros síntomas de agresividad mediante una orden de bloqueo -comando "NO"- o respuesta incompatible -por ejemplo, la orden de "sentado"- y, una vez se haya interrumpido el comportamiento, inmediatamente hay que recompensar con comida, caricias o juego las respuestas no agresivas.

En el caso de la agresividad territorial, hay que empezar desde las zonas periféricas, donde la agresividad es menos intensa, hasta llegar al núcleo del territorio , zona en la que es más intensa.

En los ejercicios de modificación de conducta el perro deberá ir atado y llevará un bozal. También se puede utilizar un Halty.

Sería bueno estimular al perro tanto física como mentalmente. La estimulación física del animal mediante la realización de ejercicio aumenta los niveles de serotonina en sangre y lo relaja, a la vez que le permite desarrollar su conducta exploratoria, lo que le equilibra física y mentalmente. Para la estimulación mental del animal se pueden utilizar juguetes interactivos para que esté entretenido: los kongs u otros específicos, como los puzles de Nina Ottosson.

También sería muy importante llevar a cabo con el perro la inhibición de la mordida, para que así desarrolle una “boca blanda” y se eviten lesiones graves.

Pronóstico
El pronóstico depende de varios factores, pero los generales para todos los tipos de agresividad son los siguientes:
  • La edad que tenga el animal. No es lo mismo que le pase a un cachorro o perro joven que a un perro que ya es adulto, que ya ha llegado a la fase de madurez sexual, es decir, ya ha fijado los patrones de comportamiento.
  • La experiencia y aprendizaje que ha tenido el animal en este tipo de agresividad. Cuanto más aprendizaje y experiencia, peor pronóstico.
  • La duración del problema. Cuanto más tiempo, peor pronóstico.
  • La actitud del propietario en lo referente a la habilidad y la predisposición para trabajar con el perro.
  • Si el perro ha sido adiestrado en obediencia básica, tiene mejor pronóstico.
Aparte de lo anterior, en la agresividad por miedo el pronóstico es variable y también depende de estos factores:
  • Si es por la falta de contacto con otros perros durante el periodo sensible de socialización, tiene peor pronóstico.
  • Si es por una causa traumática, tiene mejor pronóstico.
  • La respuesta de animal al miedo. Hay que tener presente que tanto el miedo como el estrés dificultan el aprendizaje. Cuanto más intensa sea la respuesta peor pronóstico.
En la agresividad por protección de recurso, también es variable el pronóstico y depende del valor que tenga para el animal el recurso. Por ejemplo, si se trata de la comida puede que sea difícil de corregir.




Bibliografía

Horwitz, D. Mills, D. Heat, S. (2006): Manual de Comportamiento en Pequeños Animales. Ediciones S de la Edición Española.

Manteca, J. (2003): Etología Clínica Veterinaria del Perro y del Gato. Multimédica Ediciones Veterinarias. 3ª Edición.

O`Heare, J. (2007): Agresividad Canina. Kns Ediciones de la versión en castellano (3ª Edición Inglesa).

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