MI CUENTA |

Cistoadenoma canino en una perra Teckel castrada de 13 años


Almudena Redondo García
Ángel Martín Buján
Centro Veterinario La Vaguada
Imágenes cedidas por los autores

El cistoadenoma es un tumor benigno que tiene su origen en restos embrionarios. Se presenta como una lesión quística uni o multinodular y puede alcanzar grandes dimensiones. Su tratamiento de elección es quirúrgico, siempre que se trate de lesiones unilaterales y/o sin metástasis.

Los tumores renales caninos descritos con más frecuencia son nefroblastomas, adenocarcinomas y hemangiosarcomas; en felinos, son los linfomas (tabla 1).

La mayoría de los quistes no causan problemas pero, normalmente, se descubren cuando el paciente es sometido a estudios por otros problemas.

El quiste renal, tanto simple como compuesto (con varias cámaras o paredes), se trata de un hallazgo que puede presentarse dentro del riñón o en la superficie de éste y puede ser uni o bilateral.

Los quistes, habitualmente, son redondeados, con contenido líquido. Los simples suelen ser asintomáticos pero, a veces, producen dolor en el costado y el animal presenta fiebre, infección y/o hematuria y, en raras ocasiones, hipertensión arterial.


Figura 1. Radiografia latero-lateral de
abdomen con acumulación de gas intraluminal
y silueta renal aumentada.

Caso clínico

Acudió a consulta una perra castrada Teckel de pelo corto de 13 años, aquejada de un síndrome gastroentérico agudo. No presentaba antecedentes de enfermedad relevantes, ni alergias a medicamentos y estaba correctamente vacunada y desparasitada.

Durante la exploración clínica se apreció una epigastralgia moderada, temperatura 37,7 °C; mucosas sonrosadas; tiempo de relleno capilar < 2 s; 120 pulsaciones por minuto y 25 respiraciones por minuto.

Se realizó una radiografía latero-lateral de abdomen y no se encontraron signos radiológicos relevantes referentes al cuadro clínico presentado, tan solo los inespecíficos indiferenciados como son la acumulación de gas intraluminal y el aumento del tamaño de la silueta renal (figura 1).

Se decidió realizar una ultrasonografía abdominal en la cual se puso de manifiesto un quiste exofítico de 4 x 3 cm de diámetro mayor en el polo craneal del riñón izquierdo; resto de abdomen sin alteraciones relevantes a nivel ecográfico (figura 2).

Se derivó al laboratorio una muestra de sangre para pruebas sanguíneas y bioquímicas, en las cuales se puso de manifiesto la ausencia de alteraciones analíticas orgánicas susceptibles de causar los síntomas presentados por el paciente en el momento de la consulta (tabla 2).

Como el motivo de la consulta era digestivo, se instauró un tratamiento inicial sintomático para el proceso digestivo agudo y se les comentó a los propietarios el hallazgo clínico fortuito de un quiste renal simple.

Una vez superado el proceso inicial, se citó al paciente para revisión ecográfica con el objeto de practicarle una punción aspirativa con aguja fina (PAAF).

El resultado de la prueba reveló que se trataba de un cistoadenoma renal canino. Este tipo de tumores tiene capacidad de metástasis local y a distancia y los órganos de mayor afinidad son las glándulas adrenales y el hígado así como la aorta. Suelen ser asintomáticos hasta que, debido al tamaño o al lugar de metástasis, causan signos clínicos derivados. Éstos pueden ir desde enfermedad renal, pasando por hipertensión arterial, y llega incluso a causar alteraciones endocrinas (hiperadrenocorticismo).

El tratamiento de elección sería una nefrectomía radical pero, en este caso, los propietarios no aceptaron y se optó por el tratamiento conservador y el seguimiento ecográfico.

Durante los cinco meses transcurridos desde el diagnóstico de la enfermedad, se le han hecho ecografías de control y analíticas sanguíneas y, aunque el quiste no se ha modificado, sí se aprecian alteraciones ecográficas en los linfonódulos regionales y alteraciones comportamentales que pueden sugerir una nefasta evolución de la enfermedad. Así mismo, el inicio de la aparición de alteraciones analíticas sugiere la existencia de una insuficiencia renal crónica asociada a la lesión quística (figuras 3 y 4).


Figura 2. Lesión quística en el riñon izquierdo.

Figura 3. Lesion renal quística localizada en el polo craneal del riñón izquierdo de 2,44 cm de diámetro mayor.

Figura 4. Lesión quística renal cinco meses después del diagnóstico. Se aprecia una masa perirrenal compatible con metástasis local.


Discusión

El uso cada vez más habitual de la ultrasonografía abdominal como prueba exploratoria de rutina hace que lesiones renales quísticas aparezcan con mayor frecuencia en estadios asintomáticos de la enfermedad. De este modo, al tratarse de un diagnóstico precoz, es posible minimizar tanto el impacto de la enfermedad renal como las lesiones orgánicas adyacentes derivadas del tamaño de las lesiones quísticas y de la posible diseminación de la enfermedad.

Bibliografía disponible en www.argos.grupoasis.com/bibliografias/cistoadenomacanino118.doc

Mas noticias

Actualidad Animales de compañia

08 Julio 2020

08/07/2020

2019: un gran año para el sector de medicamentos, cuya tendencia positiva se ve amenazada por el impacto de la COVID-19

Empresas Rumiantes

07 Julio 2020

07/07/2020

Zoetis aborda la hoja de ruta para el programa genético en Holstein en un WebSeminar bonificado

Actualidad Animales de compañia

07 Julio 2020

07/07/2020

La lista de medicamentos esenciales para perros y gatos de la WSAVA consolida su importancia

Actualidad Actualidad Veterinaria

07 Julio 2020

07/07/2020

Los veterinarios demandan la creación de una red rápida de comunicación y gestión integral de alertas sanitarias

Productos Animales de compañia

07 Julio 2020

07/07/2020

Boehringer Ingelheim presenta el nuevo envase de 18 comprimidos de NexGard

Noticias de interés

EVENTOS