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Manejo de las heridas en urgencias


Yolanda M. Medina B., Manuel Sánchez Palacín
Servicio de Cirugía de Sinergía Veterinaria
Imágenes cedidas por los autores

Durante el ejercicio de nuestra profesión son numerosos los casos que acuden a nuestra consulta como urgencias sin serlo realmente, del mismo modo que pacientes que sí lo son aparecen cuando ya no podemos hacer nada por ellos porque sus propietarios “no creían que fuera importante”.

Sin embargo, hay ocasiones en las que a pesar de no resultar evidente cuál es el problema, la rapidez de nuestra actuación es fundamental para preservar la vida del animal, como ocurre en el siguiente caso.

Examen clínico

Osirix, un gato Sagrado de Birmania, anaranjado, macho castrado de 8 años de edad (figura 1) acudió a la consulta tras haber estado perdido durante dos días con heridas por mordedura en la extremidad anterior derecha en el antebrazo y axila, decaimiento y ligera disnea espiratoria. La temperatura del animal era de 38,3 ºC, el color de las mucosas era normal y presentaba dolor a la palpación del tórax y extremidad anterior derecha, no así en las otras extremidades ni en el abdomen.

Se colocó un catéter endovenoso para administrar metilprednisolona, buprenorfina, fluidoterapia de mantenimiento con Ringer Lactato. Igualmente se administró por vía intramuscular amoxicilina/ac. clavulánico.

Se realizaron radiografías torácicas en posición ventrodorsal y laterolateral (figura 2) en las cuales se apreció una fractura entre las dos últimas esternebras, en el parénquima pulmonar, sin embargo, no se vio ninguna lesión importante y no se apreció ni pneumo ni hemotórax.

Figura 2. Fractura esternal.

Así mismo se tomó muestra de sangre y se realizó una analítica en la cual se vio neutrofilia/linfopenia marcada y elevación de los niveles de urea y transaminasas. El resto de los parámetros eran normales.

Al comprobar que el animal no orinaba se comenzó a administrar furosemida a baja dosis, la cual provocó una micción muy concentrada al cabo de dos horas.

Como no se apreció ninguna otra fractura en el paciente, se procedió al rasurado, limpieza y desinfección de las heridas inciso-contusas y se añadió heparina a la medicación.

Se hospitalizó al animal para poder controlar su evolución a la espera de poder intervenir la fractura esternal cuando su estado fuera más estable.

Tras 24 horas se sustituyó el corticoide por un AINE y se añadió al tratamiento ranitidina.

Evaluación anestésica

Al cabo de 72 horas se realizó una consulta anestésica a fin de valorar si su estado le permitiría soportar la cirugía torácica. El equipo de anestesistas apreció que no existían muestras de dolor agudo y la taquipnea era muy ligera o nula con refuerzo abdominal respiratorio, por lo que consideraron que se podía realizar la cirugía en las siguientes 24 h.

Doce horas más tarde se observó un aumento de la temperatura a 39,5 ºC acompañado de decaimiento e inapetencia, por lo que se decidió adelantar la cirugía ante la posibilidad de una complicación pulmonar. Al mismo tiempo se instauró una terapia antibiótica combinada con enrofloxacina, a fin de cubrir la existencia tanto de gérmenes aerobios como anaerobios.

Cirugía y posoperatorio

Lo primero que nos llamó la atención fue que al realizar la incisión quirúrgica (figura 3) pudimos apreciar un intenso olor a infección, que procedía de una lesión en los músculos intercostales de la zona (figura 4). Al seguir dicha lesión encontramos un tracto fistuloso que terminaba en las heridas incisas de la zona axilar, así que procedimos a la limpieza y desbridado de dicho trayecto colocando un drenaje de Penrose.

Figura 3. Apertura en la región esternal.
Figura 4. Piotórax.

Posteriormente procedimos a eliminar el tejido muscular necrótico y a estabilizar las esternebras mediante un cerclaje en ocho (figura 5).

Se colocó un tubo de drenaje torácico mediante tunelización subcutánea a través del cual se realizó un lavado con suero templado con heparina que se aspiró pasados 15 minutos (figura 6). Se mantuvo el drenaje torácico con lavados de suero con heparina cada 12 horas durante los seis días siguientes hasta que comprobamos que el suero no presentaba signos de contaminación y lo retiramos. El drenaje de Penrose se retiró al cabo de 3 días.

Figuras 5 y 6. Cerclaje en 8 (figura 5, izquierda) y colocación de un drenaje (figura 6, derecha).

Pudimos apreciar una mejoría sintomatológica marcada desde las primeras 24 horas posquirúrgicas con bajada de la temperatura, por lo que al cabo de una semana se le dio el alta ambulatoria con el tratamiento antibiótico, antiinflamatorio y una pauta descendente de heparina.

Conclusión

En este caso el manejo adecuado fue lo que finalmente salvó la vida del animal. Inicialmente podía parecer que las heridas del antebrazo no eran peligrosas. Sin embargo, habían provocado una infección que finalmente causó un piotórax. El control antibiótico y la heparina evitaron que la sepsis acabara con la vida del animal.

Siempre que desconozcamos las causas de un traumatismo debemos extremar las precauciones hasta comprobar su evolución.

Agradecimientos
Centro Veterinario Foresta

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