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Importancia del perro como potencial reservorio de Rickettsia conorii para sus dueños


Francisco Ruiz Fons, Isabel G. Fernández de Mera
Instituto de Investigación en Recursos Cinegéticos (IREC), Ciudad Real
josefrancisco.ruiz@uclm.es
mariaisabel.garcia@uclm.es
Imagen cedida por los autores

La fiebre botonosa mediterránea (FBM), también denominada según su origen como fiebre de Marsella, fiebre de Suráfrica o tifus de Kenia, de la India o de Israel, vehiculada por garrapatas, es una enfermedad de curso agudo causada por Rickettsia conorii, una bacteria intracelular Gram (-) perteneciente al orden Rickettsiales. Rickettsia conorii se agrupa junto con un gran número de especies del género Rickettsia —entre otras, R. slovaca, R. raoultii, R. helvetica o R. rickettsii — en el grupo conocido como rickettsias de las fiebres manchadas (SFG, siglas de “Spotted Fever Group” en inglés).

Esta bacteria está presente en numerosos países de la cuenca del Mediterráneo, África, Oriente Próximo y Asia central (incluida la India).

La infección por R. conorii está asociada con la aparición de sintomatología clínica en el ser humano fundamentalmente. A pesar de que en un porcentaje de las personas la infección cursa de forma subclínica, R. conorii puede conducir a la aparición de cuadro clínico desde subagudo a agudo. La aparición de sintomatología tiene lugar dentro de la primera semana tras la infección. El cuadro clínico que se puede observar en humanos es pseudo-gripal con fiebre, dolor de cabeza, miositis y dolores musculares y articulares. La aparición de una escara negra en la zona de picadura de la garrapata es típica y se observa en un gran porcentaje de los casos, si bien cuando la zona de picadura está en zonas poco visibles (cuero cabelludo, por ejemplo), su detección puede ser difícil. En los cuadros más severos se puede observar la aparición de síndrome de Guillain-Barré: polineuropatía, problemas mentales, fallo renal, alteraciones de la coagulación, hepatomegalia, hipoxia y muerte (el índice de mortalidad oscila alrededor del 2% de los casos). Algunos factores como la edad, el alcoholismo y la deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa parecen estar relacionados con la mayor severidad de los cuadros clínicos. La mayoría de casos descritos en humanos se producen entre abril y octubre, con un pico de julio a septiembre, coincidiendo con el periodo de actividad del vector.

Hace no relativamente mucho tiempo en la historia conocida de R. conorii —que comienza a principios de los años 30 del s. XX— se ha descrito la primera evidencia de asociación entre cuadro clínico e infección natural por R. conorii en tres perros de raza Yorkshire en Sicilia (Solano-Gallego y cols. 2006). La sintomatología observada en estos animales consistió en un cuadro similar al que se observa en humanos, con fiebre (hasta 41 ºC), letargia, anemia, conjuntivitis, blefaritis, tialismo, dolor muscular, cojeras, aumento de tamaño de algunos linfonodos o taquicardia. Sin embargo, la aparición de sintomatología clínica no es frecuente en el perro, por lo que la mayoría de las infecciones son subclínicas o subagudas. Así, la FBM por sí sola no tiene una entidad clínica de gran relevancia en el perro y su principal importancia radica en su potencial zoonósico emergente.

Rhipicephalus sanguineus como vector de R. conorii

Las bacterias del género Rickettsia han desarrollado una gran ventaja evolutiva con respecto a otros muchos patógenos transmitidos por garrapatas, su capacidad para transmitirse verticalmente —por transmisión transovárica— desde los adultos a la siguiente progenie. De esta forma, las propias garrapatas se convierten en un verdadero reservorio de R. conorii, ya que la bacteria se transmite de generación en generación sin la necesidad de la existencia de hospedadores reservorios. Sin embargo, aunque este factor parecía ser fundamental en el mantenimiento de R. conorii en focos endémicos, en la actualidad se conoce que la capacidad de supervivencia de las garrapatas infectadas es menor que la de las no infectadas (Socolovschi y cols. 2012), poniendo de manifiesto que los hospedadores reservorios como el perro tienen mayor peso del que hasta ahora se les había atribuido.

Rhipicephalus sanguineus es una garrapata endófila que permanece en las cercanías de zonas donde viven los perros a la espera de poder alimentarse sobre estos. Permanece oculta en oquedades del suelo, grietas o entre la vegetación de tiestos o jardines, desde donde sale cada primavera para alimentarse y reproducirse. Se trata de una especie con una gran predilección por el perro, aunque también es parásita de otras especies domésticas (gato), silvestres o peridomésticas (zorro, garduña, tejón, jabalí; Ruiz-Fons y cols. 2006; Sobrino y cols. 2012) y del ser humano (Papa y cols. 2011). La gran movilidad geográfica de los perros asociada a los desplazamientos de sus dueños conlleva aparejada una gran movilidad de los patógenos que R. sanguineus porta, como es el caso de R. conorii. Es por ello, que la FBM es una de las enfermedades zoonósicas transmitidas por garrapatas con mayor potencial de emergencia.

El perro como reservorio de R. conorii

Los niveles de exposición de los perros en numerosos países de la cuenca mediterránea a R. conorii, medido a través de la presencia de anticuerpos, alcanzan valores cercanos al 90% en algunos casos (Harrus y cols. 2007), con valores medios algo más bajos pero siempre superiores al 50%. Cabe señalar, sin embargo, que es esperable que las reacciones cruzadas con otras especies de Rickettsia, como R. massiliae por picadura de R. sanguineus, R. felis por picadura de Ctenocephalides felis o R. slovaca/R. raoultii por picadura de Dermacentor spp., puedan conducir a que la exposición real a R. conorii sea más baja. Se ha observado una clara relación o asociación entre los niveles de seroprevalencia de R. conorii en perros y el riesgo de los seres humanos de ser infectados por la bacteria en numerosas regiones de Europa. En Italia se ha observado un claro agrupamiento de los niveles de seroprevalencia elevados en perros y dos casos de FBM en humanos (Mannelli y cols. 2003). Por esta razón los perros se consideran buenos indicadores del riesgo de infección por R. conorii para las personas en un territorio concreto.

Hasta hace poco el perro era considerado como un mero hospedador accidental de R. conorii y su papel en el ciclo de vida de esta rickettsia se suponía que no iba más allá de su papel como reservorio de las poblaciones de R. sanguineus. Sin embargo, estudios experimentales y clínicos recientes muestran que la infección en perro puede cursar con una ricketsiemia de varias semanas de duración, durante las cuales puede transmitir la infección a garrapatas no infectadas que se alimenten sobre los animales (Levin y cols. 2012). El papel del perro parece, sin embargo, ir mucho más allá, ya que en ausencia de infección sistémica por R. conorii pero bajo circunstancias en las que garrapatas infectadas y no infectadas se alimentan conjuntamente en el animal, se puede producir un elevado porcentaje de transmisión por coalimentación (Zemtsova y cols. 2010). Esto es especialmente eficaz en perros seronegativos que no alteran la capacidad transitoria de las rickettsias de permanecer activas y pasar de una a otra garrapata sin necesidad de infectar al hospedador.

En la actualidad, el papel de la fauna silvestre en el ciclo de vida de R. conorii es poco conocido, aunque algunos hospedadores silvestres de garrapatas del grupo de R. sanguineus, como carnívoros silvestres, lagomorfos o micromamíferos, deberían ser objeto de estudio en el futuro. Un estudio reciente en garrapatas del grupo de R. sanguineusR. sanguineus, R. turanicus y R. pusillus— en el centro-sur de España identifica fundamentalmente la presencia de R. massiliae, pero en ningún caso se encuentra presencia de R. conorii (Fernández-de-Mera y cols., datos sin publicar).

Medidas preventivas

Entre las medidas preventivas más eficaces para la prevención de la infección por R. conorii en personas, sobre todo en las que cohabitan con perros, está la prevención de la picadura por garrapatas o la manipulación de garrapatas infectadas (aplastado de la garrapata, por ejemplo). Existen numerosos protocolos para prevenir la presencia de garrapatas en las zonas en las viven los perros en los que no vamos a entrar en detalle. Sin embargo, cabe resaltar que entre las medidas iniciales de control de las garrapatas ante una situación de infestación en casa o en la perrera se recomienda un control integrado, en el que se trate tanto a los perros como el medio donde las garrapatas puedan permanecer escondidas. Esto se debe al hecho de que R. sanguineus presenta preferencias tróficas hacia el perro muy marcadas, pero en ausencia de éste (o si es inaccesible porque ha sido tratado contra garrapatas), el riesgo de picadura a humanos se incrementa por la necesidad de las garrapatas de encontrar un hospedador. Así, los tratamientos acaricidas o repelentes se recomienda que sean aplicados tanto a los perros como a sus dueños, el medio y otros potenciales hospedadores presentes, como gatos.

El papel de los veterinarios clínicos no sólo consiste en vigilar la salud y bie-nestar de los animales, sino también en prevenir la transmisión de enfermedades zoonósicas entre dueños y mascotas. La información sobre R. conorii que se recoge en este trabajo pretende mostrar a los dueños de mascotas —a través de sus veterinarios— que el control de las garrapatas en sus mascotas también concierne a su propia salud. Los veterinarios clínicos de pequeños animales deben aconsejar a sus clientes sobre los posibles riesgos de transmisión de la FBM y la forma de prevenirlos.

Bibliografía

Fernández de Mera IG, Ruiz-Fons F, de la Fuente G, Mangold AJ, Gortázar C, de la Fuente J. Spotted Fever Group Rickettsiae in questing ticks, central Spain. Emerging Infectious Diseases, en evaluación.
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Mannelli A, Mandola ML, Pedri P, Tripoli M, Nebbia P. Associations between dogs that were serologically positive for Rickettsia conorii relative to the residences of two human cases of Mediterranean spotted fever in Piemonte (Italy). Preventive Veterinary Medicine 2003; 60: 13-26.
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Anna Papa, Ilias Chaligiannis, Kyriaki Xanthopoulou, Miltiadis Papaioakim, Sofia Papanastasiou, and Smaragda Sotiraki. Vector-Borne and Zoonotic Diseases. May 2011, 11(5): 539-542.
Socolovschi C, Gaudart J, Bitam I, Huynh TP, Raoult D, Parola P. Why are there so few Rickettsia conorii-infected Rhipicephalus sanguineus ticks in the wild? PLoS Neglected Tropical Diseases 2012; 6: e1697.
Solano-Gallego L, Kidd L, Trotta M, Di Marco M, Caldin M, Furlanello T, Breitschwerd E. Febrile illness associated with Rickettsia conorii infection in dogs from Sicily. Emerging Infectious Diseases 2006; 12(12): 1985-1988.
Zemtsova G, Killmaster LF, Mumcuoglu KY, Levin ML. Co-feeding as a route for transmission of Rickettsia conorii israeliensis between Rhipicephalus sanguineus ticks. Experimental and Applied Acarology 2010; 52: 383-392.

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