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Interacciones del microbioma intestinal con las enfermedades gastrointestinales


Imagen de Torsten Wilk (Pixabay)Imagen de Torsten Wilk (Pixabay)

Un estudio de la Texas A&M College of Veterinary Medicine & Biomedical Sciences (CVM) ofrece una nueva visión sobre cómo las bacterias intestinales de los perros interactúan con un tracto gastrointestinal (GI) saludable y no saludable, lo que podría contribuir al desarrollo de nuevas terapias para enfermedades gastrointestinales tanto en perros como en humanos.

Un estudio midió los niveles de productos metabólicos bacterianos (lactato fecal y ácidos biliares (AB) secundarios) en la materia fecal de los perros con diferentes condiciones gastrointestinales.
El lactato fecal y el BA secundario son sustancias producidas por bacterias, y las concentraciones a las que están presentes en la materia fecal dan información sobre la actividad de las bacterias en el tracto gastrointestinal (GI). Los diferentes niveles de estas sustancias en un huésped enfermo frente a un huésped sano pueden indicar cómo actúan las bacterias gastrointestinales en entornos enfermos o saludables y cómo las bacterias gastrointestinales interactúan con diferentes enfermedades.

Resultados

Los autores encontraron niveles más altos de lactato y niveles más bajos de BA secundarios en las heces de perros con enteropatía crónica (EC) y con insuficiencia pancreática exocrina (IPE). Esto es destacable ya que, aunque estas dos enfermedades tienen diferentes síntomas y causas de enfermedad, los resultados bacterianos de su microbiota intestinal parecen ser similares.
El objetivo era observar tanto a las bacterias como a los productos que generan. Estos metabolitos revelan similitudes entre enfermedades gastrointestinales que son muy diferentes fisiológicamente. Estos hallazgos pueden ayudar a comprender mejor las interacciones entre la microbiota gastrointestinal y la enfermedad.
Al centrarse en los productos metabólicos de un animal afectado, la investigación explica no solo los tipos de bacterias presentes sino también cómo estas bacterias interactúan con su entorno. Esto es importante porque la misma especie de bacteria puede generar diferentes productos que dependen de la “salud” de su entorno. Una especie particular de bacteria en un animal sano podría producir un químico diferente al que produciría en un huésped con una enfermedad gastrointestinal.

Conclusión y relevancia clínica

Si se pueden encontrar formas en las que la microbiota interactúe con el huésped y se puede comparar entre los estados de salud y enfermedad, entonces tal vez se puedan alterar algunas de esas interacciones en un estado de enfermedad para hacer que la microbiota sea saludable y luego, al final, hacer que el organismo se cure.
Actualmente, los tratamientos para muchas afecciones gastrointestinales no son específicos, lo que podría ser más dañino que ayudar al animal. Una mejor comprensión del microbioma gastrointestinal permitiría a los investigadores desarrollar opciones de tratamiento más específicas.
A veces, la molestia que produce un síntoma como la diarrea lleva a los veterinarios a dar todos los medicamentos al perro (antibióticos, esteroides, etc.) con la esperanza de que alguno de ellos hará que se detenga. Este estudio indica que darles a los perros estos medicamentos innecesariamente puede cambiar su microbiota para peor.
Estos hallazgos también podrían ser relevantes para tratar afecciones gastrointestinales similares en pacientes humanos.
Los autores también afirman que hay que tener una visión abierta sobre las funciones de las diferentes especies de bacterias, y que los investigadores no deben etiquetar ciertas especies como definitivamente útiles o dañinas: no son buenas o malas para la microbiota, hay que prestar atención a una combinación de factores, como su entorno, los productos metabólicos que están fabricando y el paciente individual para comprender mejor el papel de la microbiota en la enfermedad.



Amanda B. Blake, Blake C. Guard, Julia B. Honneffer, Jonathan A. Lidbury, Jörg M. Steiner, Jan S. Suchodolski. Altered microbiota, fecal lactate, and fecal bile acids in dogs with gastrointestinal disease. PLOS ONE, 2019; 14 (10): e0224454 DOI: 10.1371/journal.pone.0224454

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