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Programas de vacunación contra el SRB en la entrada de terneros pasteros: ¿cuándo, contra qué y con qué?

Fort Dodge Veterinaria S.A.


Susana Astiz Blanco Veterinaria Técnica Rumiantes Fort Dodge Veterinaria S.A.



La inmunización de terneros es un reto que se plantea a todos los veterinarios de cebaderos en el momento de la entrada.

El conocimiento del sistema inmunitario en veterinaria y, en concreto, el de los rumiantes, está muy poco explorado. Hasta ahora hemos asumido que la mayoría de los hallazgos en inmunología de humana eran extrapolables al vacuno. Sin embargo, como en muchas otras especialidades, ya vamos comprobando que no tiene por qué ser así (Barrington y Parish, 2001).

En cualquier caso, con los conocimientos de los que disponemos debemos valorar fundamentalmente tres factores a la hora de decidir contra qué, cuándo y con qué vacunar:

  • Enfermedades a prevenir.
  • Tipo y procedencia de los animales: pasteros/mamones y características de la explotación de origen.
  • Estado de llegada de los mismos.


Enfermedades a prevenir

En primer lugar, debemos identificar las enfermedades contra las que tendremos que proteger a nuestra población de animales.

La enfermedad reina de todos los cebaderos del mundo es el síndrome respiratorio bovino (SRB), proceso multifactorial, no sólo de etiología infecciosa, sino también ambiental, de manejo, etc., de elevadísima morbilidad y en algunos casos mortalidad (Catalán, 2002; Woolums y col., 2005). Las pérdidas económicas por el SRB descritas en Europa no sólo se deben a la mortalidad, sino también a los costes veterinarios, la antibioterapia, la reducción de los índices de crecimiento y la instauración de medidas preventivas (De Haas y col., 2006).



Etiología del SRB

La etiología del SRB es multifactorial (Payot y col., 2008). Los principales factores de riesgo que interaccionan entre sí y que afectan a la frecuencia y gravedad del SRB son tres: los relacionados con el animal, los medio-ambientales y los distintos agentes patógenos (Lekeux, 2006). Por lo tanto, debemos hacer hincapié en que ninguna pauta médica, metafi láctica ni profiláctica, será capaz de salvar errores graves de manejo.

Los principales virus y bacterias implicados en este síndrome son el virus de la diarrea vírica bovina (BVDV), virus de la rinotraqueítis infecciosa bovina (IBRV), virus de la parainfluenza 3 (PI-3V) y virus respiratorio sincitial bovino (BRSV). En el caso de las bacterias, se atribuye importancia a las pastereláceas (Pasteurella multocida y Mannheimia haemolytica), así como a Histophilus somni y al género Mycoplasma en menor medida (papel aún discutido, aunque cada vez son más las citas que le otorgan importancia). En la bibliografía se recogen otros gérmenes que pueden desarrollar un papel etiológico más o menos importante, según artículos consultados y según autores, como es el caso del coronavirus respiratorio, adenovirus bovino, Actinobacillus pyogenes, género Fusobacterium y distintas especies de estreptococos y estafilococos (Griffin, 1997; Radostits y col., 2007).



Profilaxis

Desde el punto de vista teórico, debemos aplicar vacunas para proteger a los animales en producción de enfermedades muy difundidas en su entorno y que provocan pérdidas económicas. En el caso del SRB, los virus y las bacterias principales (BVDV, IBRV, PI-3V, BRSV, P. multocida y M. haemolytica) están en prácticamente todas las explotaciones en nuestro país, por lo tanto son los gérmenes que se deben valorar a la hora de proteger nuestro rebaño.

Si conociéramos exactamente el estatus sanitario de origen, se podría en algunos casos prescindir de la vacunación contra determinados gérmenes, pero en sistemas de producción en los que continuamente se están trayendo y sacando animales, de distintos orígenes y sometidos a un elevado estrés productivo, con limitaciones graves de personal (como suele ser el caso de los cebaderos industriales), manejar esta información es casi ilusorio. De manera que, en general, se acepta la pauta de vacunar contra los cuatro virus respiratorios principales y en casos de una incidencia acentuada, contra M. haemolytica.

Las vacunas contra la pasterelosis que sólo incluyen los antígenos de leucotoxinas (responsables del mayor daño tisular en el pulmón, liberadas por las bacterias en fase de crecimiento exponencial) pueden llegar tarde para evitar los daños, si se administraron cuando ya había daño. La industria farmacéutica ha puesto en el mercado vacunas (Presponse, Fort Dodge) que incluyen, además de leucotoxinas, antígenos estructurales de membrana, para una estimulación precoz de la protección (Bryant y col., 2008ª, Perret y col., 2008).



Tipo y procedencia de los animales: pasteros/mamones y características de la explotación de origen

Por otro lado, debemos saber de qué tipo, edad y procedencia serán los animales con los que vamos a trabajar, ya que esto determina en gran medida las correctas pautas de actuación. El ternero pastero, por lo general, es un animal de entre 150 y 300 kilogramos de peso, lo que se corresponde a una edad de entre 5 y 6 meses, que ha pasado la primera parte de su vida junto a su madre, en pastos, momento en el que es destetado y enviado a una explotación intensiva para su engorde.

La variabilidad de pesos y edades en un cebadero depende de muchas cosas (climatología de ese año, pautas de alimentación y manejo sanitario de la explotación, etc.; Pineda, 2008). La procedencia es muy variada según cebaderos, según zonas de España y, en algunos casos, según lotes y fechas. Muy frecuentemente se deben mezclar partidas de distintos orígenes para completar lotes, y también muy frecuentemente se desconoce el tipo de manejo de trabajo e higiénico-sanitario al que han sido sometidos los animales en sus primeros meses de vida.



Variabilidad en los anticuerpos calostrales

Otro factor ya citado y a tener en cuenta al aplicar una vacuna a animales jóvenes, como es el caso de pasteros, y mucho más si tratáramos de mamones, es la interferencia que pueden producir los anticuerpos calostrales procedentes de las madres (Mechor y Gröhn, 2001).

Lo ideal sería que las madres recibieran vacunaciones en las fases .nales de gestación o de forma sistemática (anual), para que transmitieran una inmunidad protectora su.ciente al ternero, vía calostral, que durara los primeros seis meses de vida para que, posteriormente, se vacunara el mismo ternero. Sin embargo, esta situación en el sistema productivo actual en nuestro país es ilusoria. Las vacas nodrizas no se vacunan atendiendo a un plan sanitario que contemple las necesidades de las crías y, en la mayoría de los casos, desconocemos si se vacunan o no los animales en origen y contra qué.



La determinación de la temperatura rectal (39,7 ºC) es muy fiable para decidir la aplicación parenteral de un antibiótico. (Foto: Fort Dodge)

Estado de llegada de los terneros al cebadero

Finalmente, en función de la calidad y duración del transporte, y de la época en la que nos encontremos al realizar la entrada, el estado fisiopatológico de los terneros se verá muy afectado.

De todos es conocido que para que el sistema inmunitario sea capaz de estimularse y por lo tanto, proteger al animal de la enfermedad en cuestión, éste debe estar sano. Es necesario realizar una valoración del estado sanitario de los animales a la entrada, propor cionarles alojamiento adecuado (se aconsejan entre 4 y 6 m2/animal, aunque lo mínimo regulado son 1,8 m2/animal de PV superior a 220 kg), un buen encamado, instalaciones adecuadas con aire limpio, sin corrientes de aire y protegidos del frío y calor extremos, así como una dieta formulada que tenga en cuenta una adaptación progresiva de los terneros a la ración.

El momento de la llegada es muy estresante para los animales. Las bajadas y subidas a los camiones suponen más alteración de los parámetros fisiológicos que un transporte prolongado, de manera que nada más descargar a los terneros los encontramos en uno de los momentos de mayor susceptibilidad a las infecciones.



Protocolo a la entrada del cebadero

Debemos establecer unos protocolos claros de exploración para poder detectar de manera precoz los animales que ya vienen enfermos, y aplicarles un antibiótico indicado.

Según González y col. (2008), la determinación de la temperatura rectal con un punto de corte de más de 39,7 ºC es un parámetro muy variable para decidir la aplicación parenteral de un antibiótico el día que se realiza la exploración. Además, la inclusión de otros síntomas mucho más subjetivos (tos, depresión, descarga nasal, etc.) no mejoran los resultados. La administración sistemática de antibióticos a todo el lote, sea vía oral o parenteral, supone un desembolso importante de dinero. Con este parámetro, objetivo y fácil de determinar, se reduce el número de animales tratados a la entrada (por lo tanto mejoramos la rentabilidad), racionalizamos el consumo de antibióticos y optimizamos la eficacia de los mismos, al tratar animales en fases muy tempranas de enfermedad respiratoria. En el trabajo de González y col. (2008), los autores consiguen los mismos índices de enfermedad aplicando el antibiótico a todo el rebaño (metafilaxia en masa), que haciéndolo exclusivamente a los de temperatura rectal superior a 39,7 ºC.

Los antibióticos adecuados para este fin pueden ser muy distintos. Las moléculas más apropiadas son las que proporcionan, con una sola aplicación, una acción más prolongada en el tiempo o moléculas tradicionales de larga duración (Solmycin 300, Fort Dodge con oxitetraciclina al 30% y con una duración de la actividad de hasta nueve días).



Requisitos de vacunación

Si queremos que las vacunas hagan el máximo efecto posible, se deben aplicar en animales sanos y poco estresados.

Esto lo podemos conseguir, dentro de las condiciones reales de los cebaderos, dejando unos días de adaptación y descanso a los terneros, desde el día de la llegada. Es una decisión crítica ya que, por un lado el efecto de haber reunido muchos animales en una misma nave acelera el proceso de difusión de los gérmenes infecciosos, requiriéndose una inmunización lo más rápida posible pero, por otro, si nos precipitamos en la aplicación de una vacuna, los animales no crearán las defensas adecuadas.

Por lo tanto, nos debemos adaptar al estado de cada entrada. Cuando el origen es único, el transporte es corto, el lote es muy homogéneo de peso, etc. (condiciones ideales) puede bastar un día de adaptación en la explotación para que los animales se encuentren bien. Sin embargo, si el transporte ha sido prolongado, si los orígenes son variados, pueden aconsejarse de tres a cinco días de reposo previos a la vacunación.



Vacunas vivas

Igualmente, debemos recordar que hay distintos tipos de vacunas (inactivadas, de subunidades y vivas modificadas), que varían, entre otras cosas, en la rapidez de instauración de la inmunidad protectora y en su duración. Las más rápidas y de duración más prolongada en el tiempo son las vacunas vivas. Es una prioridad conseguir una inmunidad de nuestros animales lo más rápidamente posible, ya que los cebaderos tienen unas condiciones a la entrada de los animales ideales para la transmisión de los patógenos respiratorios. Adicionalmente, otra ventaja de las vacunas vivas es que, en su mayoría (y si se siguen las indicaciones del fabricante), basta una sola dosis para conseguir una respuesta inmunitaria eficaz. Finalmente, la presencia de un adyuvante permite la estimulación de la respuesta inmune, incluso en presencia de anticuerpos circulantes, que optimiza así la eficacia de la vacuna.

En las condiciones actuales de producción españolas, una vacuna como Pyramid 4 (Fort Dodge) es la ideal, desde el punto de vista de rentabilidad, de manejo y médico (Bryant y col., 2008b), ya que:

  • Es la única vacuna completamente viva que incluye los 4 virus más importantes causantes del SRB.
  • Es segura.
  • Es capaz de inducir una inmunidad rápida y duradera que abarque todo el cebo.
  • Protege los animales con una sola dosis, aun cuando presenten anticuerpos circulantes, ya sean de origen maternal, ya de otras vacunaciones o de contactos con el virus de campo.

Finalmente, debemos recordar que la etiología multifactorial del SRB establece que, independientemente de los protocolos de vacunación implementados en el cebadero, para el control del SRB se deben aplicar medidas de manejo óptimas y valorar la vacunación contra otros procesos (clostridiosis), así como tratamientos antiparasitarios (coccidios, nematodos, sarnas y piojos), para minimizar los niveles de enfermedad en general.



La importancia del adyuvante
Las vacunas vivas son las que permiten una instauración más rápida de la inmunidad. El adyuvante es también un factor determinante en la calidad de una vacuna. (Foto: Fort Dodge)
En los cebaderos tendremos animales de todo tipo: con grandes cantidades de anticuerpos circulantes, con niveles inferiores y con niveles prácticamente nulos (Szabó y col., 2008) y esto, a la hora de decidir la aplicación de la vacuna, es otro factor que nos complica y que puede ser la causa de una menor eficacia de la misma.

La industria farmacéutica ha realizado infinidad de esfuerzos en el desarrollo de los adyuvantes (sustancias que incrementan la capacidad antigénica y la habilidad para desarrollar una respuesta inmune por parte de las vacunas). Tanto es así, que la actividad de una vacuna, actualmente, ya no sólo se puede valorar en función de si es viva, muerta, etc., sino del adyuvante que la acompaña, que constituye otro elemento tanto o más importante que los antígenos mismos.

Hay una vacuna viva en el mercado, Pyramid 4, que combina los virus respiratorios más importantes en la producción de terneros de carne (BVDV, IBRV, PI3V y BRSV) con el sistema de adyuvantes MetaStim (Fort Dodge Veterinaria, S.A.). Esta sustancia consta de una fase lipídica y una fase surfactante, que forma un medio uniforme de pequeñas gotas, en cuya superficie e interior se disponen las partículas virales en el momento de reconstituir la vacuna.

Este adyuvante incrementa, por un lado, la superficie de exposición antigénica, aumentando la cantidad de antígenos presentados al sistema inmunitario. Por otro lado, las partículas virales, que se encuentran en el interior de las gotas, están a salvo de la neutralización de los anticuerpos circulantes (efecto "Caballo de Troya"), y una vez ingeridas por los macrófagos del sistema inmunitario se desencadenará una potente respuesta inmunitaria. Ésta es una de las razones que soporta la recomendación de este tipo de vacunas para el control de brotes clínicos ya comenzados de SRB, ya que la inducción de la protección es rapidísima (tres días), es de base humoral y celular (vacuna viva) y se consigue a pesar de la presencia de anticuerpos circulantes (adyuvante MetaStim).




Bibliografía disponible en www.albeitar.grupoasis.com/bibliografias/vacunacion_srb_127.doc

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