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Videojuegos para mejorar la bioseguridad en porcino


Este estudio* demuestra que las actitudes de riesgo por parte del personal de las granjas afectan a la propagación de enfermedades infecciosas y ofrece un modelo único para probar estrategias de control y prevención.

Tal y como publica Science Daily, se trata del primer estudio de este tipo que incluye el comportamiento humano, un elemento crítico que ha sido ignorado hasta ahora en los modelos epidemiológicos, en el estudio de la evolución de enfermedades infecciosas como podría ser el caso de la peste porcina africana o de la diarrea epidémica porcina.

La toma de decisiones y la bioseguridad

Añadir teorías de cambios de comportamiento, comunicación y toma de decisiones económicas en estos modelos de enfermedades da una descripción más precisa de cómo se desarrollan los brotes en el mundo real y ayuda a mejorar las estrategias de prevención y control.

“Nos hemos dado cuenta de que las decisiones que toman las personas son críticas en estos modelos”, comenta Gabriela Bucini, una investigadora posdoctoral en el Dept. of Plant and Soil Science de University of Vermont y autora principal del estudio. "Estamos hablando de enfermedades increíblemente virulentas que se pueden transmitir en pequeñas cantidades de alimento y estiércol. En última instancia, controlar estas enfermedades depende de las personas involucradas en el sistema de producción que deciden si invertir o no y si cumplir con las prácticas de bioseguridad”.

¿Cómo modelizar la importancia del factor humano?

Tratando de comprender el papel del comportamiento humano en los brotes de enfermedades animales, los investigadores diseñaron una serie de videojuegos en los que los jugadores asumían el papel de ganaderos y debían tomar decisiones de gestión de riesgos en diferentes situaciones.

Observar cómo los jugadores respondían a varias amenazas de bioseguridad proporcionó datos que, posteriormente, fueron utilizados para simular la propagación del virus de la diarrea epidémica porcina (DEPv), una de las enfermedades infecciosas más graves en la industria porcina de Estados Unidos, en un sistema de producción de cerdos real.

Con este experimento se demostró que la cantidad de cerdos que se infectaban con DEPv era altamente dependiente de las actitudes de riesgo de los granjeros y productores en el sistema y que un cambio relativamente pequeño en dichas actitudes podía tener un impacto significativo en la incidencia de la enfermedad.

Según el estudio, lograr que tan solo un 10 % de los ganaderos tolerantes al riesgo adoptaran medidas de bioseguridad más estrictas redujo la incidencia total de DEPv en un 19 %. Por otro lado, para mantener la enfermedad bajo control, se requería que al menos el 40 % de los trabajadores cambiaran sus actitudes.

“Las actitudes de riesgo y la toma de decisiones que incorporamos al modelo fueron realmente potentes”, añade Scott Merrill, coautor de estudio e investigador en en el Dept. of Plant and Soil Science de University of Vermont y en el Gund Institute for the Environment. “Si logramos cambiar el comportamiento de las personas, tendremos la oportunidad de producir un gran impacto y evitar un brote devastador para la granja”.

Los videojuegos, un punto clave

Merrill y Bucini forman parte del grupo de investigadores del Social Ecological Gaming and Simulation (SEGS) Lab de la University of Vermont que está diseñando videojuegos y modelos computacionales para entender los sistemas más complejos a través de un mundo virtual en el cual los investigadores pueden monitorizar y elegir su comportamiento para ver qué sucedería en el mundo real.

El modelo de brote de DEPv se basa en datos derivados de los videojuegos sobre bioseguridad, gracias a los cuales se detectó que las personas se comportaban de manera diferente según el tipo de información que recibían y cómo se presentaba. En un juego, a los jugadores se les dieron varios escenarios de riesgo diferentes y tuvieron que decidir si maximizar sus ganancias o minimizar su riesgo.

Los jugadores presentaban un riesgo del 5 % de que sus animales se enfermaran si ignoraban los protocolos de bioseguridad y tan solo los cumplían el 30 % del tiempo. Sin embargo, cuando el nivel de riesgo se presentó visualmente como "bajo riesgo” en un indicador de amenaza con cierta incertidumbre incorporada, los jugadores cumplieron las medidas de bioseguridad más del 80 % del tiempo.

“Un hecho tan simple como salir por la puerta equivocada tiene un gran impacto”, asegura Merrill. “Con los datos de este videojuego, podemos observar grandes diferencias tanto a nivel económico como de la dinámica de la enfermedad a medida que cambiamos el tipo de información entregada y la forma en la que se da”.

“Centrar esfuerzos en bioseguridad suele ser voluntario pero es un punto crítico para la prevención de enfermedades infecciosas, especialmente cuando no existe una vacuna o tratamientos efectivos”, comenta Julie Smith, investigadora principal del proyecto de bioseguridad para enfermedades en animales de la University of Velmont. “Tenemos que entender dónde están las personas dentro del análisis de riesgos, sus barreras y desafíos, y su capacidad para actuar. Esa información es crítica para la respuesta”.



*Bucini G, Merrill SC, Clark E, et al. Risk Attitudes Affect Livestock Biosecurity Decisions With Ramifications for Disease Control in a Simulated Production System. Frontiers in Veterinary Science (2019), 6. doi: 10.3389/fvets.2019.00196.

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