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El impacto económico de los abortos por toxoplasmosis en rebaños de ovejas, en cifras

Un equipo de investigadores realiza un estudio para estimar las pérdidas económicas directas que ocasionan y determina los factores más influyentes.


Los abortos por toxoplasmosis ocasionan unas considerables pérdidas económicas a los ganaderos de ovino, aunque son difíciles de precisar concretamente. Ahora, un equipo de investigadores del Instituto de Ganadería de Montaña (IGM), centro mixto CSIC-ULE, la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto de Investigación Moredun (Escocia, Reino Unido) han realizado un estudio para estimar las pérdidas económicas directas que ocasionan los abortos por toxoplasmosis. El estudio se ha hecho analizando dos rebaños de ovino, uno de producción lechera y otro de producción cárnica, en una explotación localizada en Castilla y León, aprovechando que los veterinarios responsables llevaban un registro minucioso de los parámetros de la granja.

Las pérdidas económicas motivadas por un brote de esta enfermedad pueden variar enormemente entre diferentes explotaciones debido a factores como el tamaño de la granja, si se trata de ovejas de producción lechera o de producción cárnica, si el sistema de manejo es extensivo, intensivo, semiintensivo, etc., del número de parideras al año, las infecciones previas o las medidas sanitarias aplicadas.

En el caso de los dos rebaños analizados en este estudio, las pérdidas económicas fueron similares en ambos casos (5.154 euros en el rebaño de leche y 4.456 euros en el de carne). Sin embargo, la pérdida económica individual por aborto fue mayor en el rebaño lechero (171,8 euros por aborto) que en el ganado de carne (63,6 euros por aborto).

“El hecho de que la perdida global fuera similar fue debido a que en el rebaño lechero abortó un 12,6 por ciento del lote afectado (30 animales de 239), mientras que en el rebaño de carne abortó el 33,3 por ciento del lote (70 animales de 210)”, explican los investigadores. Los resultados sugieren que el tamaño del rebaño, el sistema de producción, la tasa de abortos y las medidas de control son los factores que más influyen en que se produzcan más o menos pérdidas económicas.

La infección pasa desapercibida la mayoría de las veces

La toxoplasmosis es una enfermedad producida por un parásito llamado Toxoplasma gondii y que puede infectar a cualquier ser vivo de sangre caliente, incluido el hombre. En las ovejas no gestantes la infección pasa desapercibida la mayoría de las veces, dando lugar ocasionalmente a fiebre y falta de apetito. Sin embargo, en las ovejas que se infectan por primera vez durante la gestación se puede producir el aborto o el nacimiento de corderos débiles que mueren a los pocos días de nacer. “Esto ocasiona pérdidas económicas para el ganadero no solo por la muerte de los corderos en sí o incluso de las ovejas infectadas, sino también por el descenso notable en la producción de leche”, apunta Daniel Gutiérrez Expósito, uno de los investigadores pertenecientes al grupo de investigación de sanidad y patología de rumiantes del IGM (CSIC-ULE) coautores del trabajo.

“La toxoplasmosis ovina es una enfermedad distribuida mundialmente, aunque su prevalencia es muy variable en función de los países y las técnicas diagnósticas empleadas. En el caso de España, la seroprevalencia individual varía entre un 11 y un 57 por ciento mientras que la seroprevalencia de rebaño se sitúa en aproximadamente el 80 por ciento. Por ello, es considerada una de las tres causas más importantes de aborto en el ganado ovino. De hecho, en nuestro país, entre un 5 y un 23 por ciento de los abortos se debe a la infección por T. gondii”, precisan los investigadores.

Aunque se ha estimado que en Europa esta enfermedad puede causar entre 680.000 y 1.360.000 de abortos anuales, la cuantificación de las pérdidas económicas asociadas a los abortos es compleja, más aún en la ganadería ovina “ya que la mayoría de los rebaños son pequeños y poco informatizados, de modo que el registro de los parámetros productivos, reproductivos y económicos es limitado”.

Además, las pérdidas económicas para los ganaderos pueden ser directas, con la pérdida de los corderos y de la leche, y también indirectas, con el diagnóstico y seguimiento de animales infectados, gastos veterinarios, etc.

La vacunación es fundamental

Los autores subrayan que la mejor medida para prevenir los abortos por toxoplasmosis en el ganado ovino es la vacunación. “Evitar la infección de las ovejas mediante medidas preventivas es complicado, ya que se trata de evitar la transmisión de un parásito ubicuo, y cuya forma infectante presenta una gran resistencia en el medio ambiente. Pero tenemos la suerte de que existe una vacuna viva atenuada autorizada para su uso en esta especie”, recalcan.

No obstante, insisten en otras medidas preventivas como “tratar de evitar que las ovejas gestantes tengan contacto con alimento o agua contaminados con heces de gatos, excluir los gatos de la granja, controlar las poblaciones de roedores que pueden ser reservorios de la enfermedad, y eliminar las placentas y los fetos abortados de la explotación”, concluyen.

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