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La actividad veterinaria constituye una profesión esencial durante el estado de alarma en España



<strong><em>Dr. Alfredo Fernández Álvarez*</em></strong>Dr. Alfredo Fernández Álvarez*

Hace unos pocos meses en la capital de España, Madrid, tuvimos noticias por primera vez de una nueva enfermedad infecciosa de etiología viral producida por un nuevo coronavirus, SARS-CoV-2. Los primeros casos se diagnosticaron durante el mes de diciembre de 2019 en Asia. 

La enfermedad, COVID-19, despertó bastante interés entre todos los veterinarios en España. Parecía tratarse de una patología de origen zoonótico, con un primer contagio desde un animal salvaje a una persona. Una vez más, adquiría una especial importancia el lema que en los últimos tiempos abandera, entre otras, nuestra profesión: “One Health”.

La enfermedad viral resultaba llamativa por su alta morbilidad y la ausencia de vacunas y tratamientos eficaces. La situación llevó al gobierno chino a adoptar medidas radicales de contención para limitar su propagación y extensión al resto del país. 

Desde España lo veíamos como un problema distante. Nos sentíamos seguros y en nuestros centros veterinarios continuábamos con nuestra actividad rutinaria. La preocupación real entre los ciudadanos españoles comenzó a hacerse patente cuando llegaron las primeras noticias de que en Italia, a finales de enero, empezaban a diagnosticarse los primeros casos positivos de coronavirus. 

A partir de este momento todos comenzamos a ser conscientes de la gravedad de la situación y el riesgo que representa el SARS-CoV-2 para el ser humano. La OMS elevó la situación de emergencia de salud pública por el coronavirus a pandemia internacional el 11 de marzo. La rapidez en la evolución de la enfermedad, a escala nacional e internacional, determinó que el gobierno de España adoptase, tan solo tres días después, medidas inmediatas y radicales para hacerle frente: estableció el estado de alarma para la gestión de la crisis sanitaria. 

Una profesión esencial

Las clínicas veterinarias podíamos continuar con nuestra actividad debido a nuestra función sanitaria elemental e imprescindible. Se nos definió por las autoridades como una profesión esencial para el buen funcionamiento del país. 

El objetivo fundamental de los centros veterinarios se había transformado. Ahora el principal era preservar la salud de las personas, estableciendo medidas sanitarias para mejorar la seguridad de la población, sin desatender la sanidad de sus animales de compañía. 

El compromiso de todo mi equipo fue ejemplar, y se puso a disposición de todas las acciones que considerábamos necesarias para mantener nuestra función social y servicios veterinarios. En situaciones como las vividas nos damos cuenta del valor real de todos los que colaboran cotidianamente a nuestro lado: asistentes veterinarios, auxiliares, personal de recepción, etc.

Medidas para mantener la salud pública 

La primera medida que adoptamos fue dirigida a mantener la salud pública:

  • Desarrollamos una campaña de información de las características epidémicas, clínicas y profilácticas de la COVID-19. 
  • Modificamos los protocolos de atención al público: 
  1. Limitamos las consultas a situaciones de urgencias y gravedad. 
  2. Evitamos las aglomeraciones de personal en nuestros centros atendiendo bajo cita previa. 
  3. Pusimos a disposición de nuestros “pacientes” sistemas de desinfección tópica para evitar la diseminación del virus. 
  4. Informamos a los ciudadanos sobre las medidas de bioseguridad frente a la patología: la importancia de extremar las prácticas de higiene personal (lavado de manos e higiene relativa a la ropa y utensilios cotidianos) y procedimientos para la desinfección de suelos, objetos y superficies. 
  • Instamos a mantener unas adecuadas prácticas alimenticias con recomendaciones relativas a la higiene y calidad de los alimentos. 
  • Informamos del reconocimiento precoz de síntomas compatibles con la enfermedad e insistimos en la importancia del aislamiento social como medida de lucha activa para frenar la difusión de la enfermedad. 

Toda la información fue gratamente aceptada por los ciudadanos que se mostraron cercanos y reconfortados con nuestros consejos.

Protección del equipo profesional

Tras las primeras medidas dirigidas a los protocolos de atención al público, desarrollamos unas guías de actuación dirigidas a la protección de todo nuestro equipo profesional (veterinarios, auxiliares, recepcionistas y personal de limpieza). Era esencial tratar de garantizar al máximo su salud mientras, cada día, atendían las consultas de nuestros “pacientes” manteniendo su moral y su capacidad de servicio. 

  • Optamos por reducir las prestaciones profesionales a las esenciales: eliminamos actividades complementarias como las prestaciones de peluquería e higiene, formación técnica del personal o reuniones y conferencias con clientes. 
  • Modificamos los horarios de atención al público para minimizar la exposición de los facultativos, redujimos la jornada al 50 % y establecimos un modelo de seguridad personal. 
  • Intensificamos los procesos de desinfección e higiene de nuestras instalaciones con tratamientos periódicos con productos viricidas, bactericidas, fungicidas y esporicidas.
  • Fomentamos la limpieza y lavado de uniformes mediante procedimientos especialmente destinados a evitar contaminaciones virales, así como la de otros equipos profesionales de uso común (fonendoscopios, oftalmoscopios, otoscopios, teclados, etc.). 
  • Impusimos medidas de distanciamiento interno y formamos equipos aislados (independientes, separados y estancos) para evitar posibles riesgos cruzados de contaminación, así como controles periódicos de temperatura y unas normas de autoevaluación y chequeo de cada uno de nosotros para determinar si existían síntomas compatibles con la enfermedad. Adicionalmente, distribuimos vía online una serie de normas destinadas a reducir los riesgos laborales específicamente frente al coronavirus.

Durante las primeras semanas de confinamiento de la población la actividad veterinaria se volvió intensa y difícil. Especialmente debido a la complejidad en la implementación de los protocolos de atención y seguridad, así como por las dificultades propias derivadas de la gravedad de los cuadros patológicos que atendíamos. Sin embargo, la gravedad de las circunstancias nos obligó a adaptarnos rápidamente a este nuevo sistema de atención.

Moralmente, el curso virulento de la pandemia también afectaba a nuestro personal. Los datos epidemiológicos se complicaban con el paso del tiempo, mostrando cifras de mortalidad y morbilidad cada día más elevadas entre la población. Nuestras estructuras sanitarias médicas, consideradas como unas de las más efectivas del mundo por su carácter universal, la formación y cualificación de sus profesionales, y las dotaciones tecnológicas comenzaban a colapsarse por la alta incidencia de enfermos. 

Contribuciones veterinarias

A este nivel, también los veterinarios comenzamos a contribuir en la mejora de las prestaciones médicas y pusimos todos nuestros medios tecnológicos y dispositivos de protección personal a disposición de los hospitales del sistema nacional de salud. Comenzamos cediendo nuestros respiradores automáticos, que eran reciclados para la actividad médica tras ser sometidos a rigurosos procesos de desinfección y calificación de su idoneidad. El objetivo de toda nuestra acción seguía siendo el mismo: tratar de salvar más vidas humanas. Y tras estos equipos, fuimos ofreciendo otros necesarios como los monitores multiparamétricos, ecógrafos, electrocardiógrafos, equipos de radiología, etc. De la misma forma, todos los veterinarios pusimos a disposición de las autoridades sanitarias todo el material de protección personal del que disponíamos como desinfectantes, guantes, mascarillas, calzas, gorros o batas quirúrgicas.

Los aplausos a las ocho

En las crisis siempre hay momentos inolvidables. Uno de ellos está representado por un acto que se repite rutinariamente todos los días. En Madrid, una ciudad abierta ahora totalmente cerrada que constituía uno de los puntos críticos de la pandemia, una de las “zonas cero”, todos los días a las ocho de la tarde, los madrileños salen a las ventanas y balcones de sus casas para aplaudir y reconocer el esfuerzo de todos los sanitarios y el resto profesionales de nuestro país están desarrollando en la lucha frente a la COVID-19 y tratan de animar a todos los afectados por la enfermedad para que sientan que están a su lado. 

Como no puede ser de otra forma, los veterinarios de nuestros centros, también salimos a las puertas de nuestras clínicas para sumarnos al aplauso espontáneo y popular de decenas, que digo de cientos de vecinos, en cada barrio madrileño, que puntualmente se suman a este espontáneo homenaje. La emoción es aún mayor cuando muchos de ellos dirigen, también, su aplauso hacia nosotros, los veterinarios, reconociendo nuestro esfuerzo cotidiano y nuestro rol sanitario en la gestión de la crisis.

He descubierto que nuestra profesión es verdaderamente extraordinaria. Hoy formamos parte efectiva de todo el engranaje sanitario de nuestro país en la lucha contra una enfermedad humana terrible y, desde nuestra responsabilidad, estamos aportando lo mejor de nosotros a partir de nuestra formación, especialmente en el área de la prevención y profilaxis, para tratar de erradicar cuanto antes esta lacra. Pero también contribuimos en la lucha contra la COVID-19 desde una forma muy especial y, bajo mi juicio, muy relevante, atendiendo a nuestros vecinos, preservando y manteniendo la salud de sus animales de compañía, seres que, en nuestra actual sociedad, forman parte de las “familias” a las que les unen vínculos afectivos de gran fortaleza. En este sentido también es importante destacar la labor del veterinario de cara a la sociedad: contribuye a aportar equilibrio y estabilidad emocional en las personas a través del cuidado de sus animales en momentos tan complejos como los que estamos viviendo. La estabilidad emocional resulta especialmente importante en situaciones de confinamiento social como la que afrontamos.

Multiplicamos nuestras funciones

Los veterinarios, ahora, en Madrid, estamos ofreciendo lo mejor de cada uno de nosotros, multiplicando nuestras funciones y asumiendo nuevas tareas que demuestran nuestro valor en el mantenimiento de la salud pública. Muchos de mis compañeros, además de todo lo realizado, se han ofrecido como voluntarios para desarrollar labores esenciales frente a esta patología: algunos han comenzado a trabajar en tareas de diagnóstico en los laboratorios que realizan los análisis precoces de los positivos a esta enfermedad; otros dan soporte a programas de investigación en laboratorios donde se buscan fármacos o vacunas para combatirla; otros colaboran en el campo de la asistencia en aquellas zonas donde más se les necesita, como por ejemplo en centros de atención de ancianos contribuyendo a la desinfección de instalaciones y a la seguridad de las personas más sensibles y vulnerables; otros participan en programas de desinfección de instalaciones clínicas y hospitalarias, así como de otras zonas asistenciales como consultorios o ambulatorios médicos. 

En definitiva, los veterinarios en su conjunto y los especialistas en animales de compañía en particular están demostrando un claro e inequívoco compromiso con la sociedad desde la formación científica y sanitaria que les avala, junto con un compromiso de solidaridad infinito propio de una ciudad como Madrid y de un país como España.

En estos momentos la pandemia continúa expandiéndose, pero estoy convencido, tengo la plena seguridad, de que vivimos en un país donde todos juntos saldremos adelante más pronto que tarde. Valores como los que he recogido en estas líneas nos garantizan que tendremos éxito, a pesar del gran esfuerzo que vamos a tener que continuar realizando hasta doblegar al SARS-CoV-2.



*Alfredo Fernández Álvarez es especialista en Medicina y Cirugía de Animales de Compañía y Director en Clínicas Veterinarias Peñagrande.

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